Buenos Aires, 12 de diciembre de 2025 – Total News Agency-TNA-La inflación en Argentina volvió a acelerarse en noviembre, al registrarse un aumento de 2,5% mensual, informó hoy el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), confirmando una tendencia de precios al alza que preocupa tanto al Gobierno como a analistas privados. Con este dato, el índice de precios al consumidor acumuló 31,4% en los últimos doce meses y un 27,9% en los primeros once meses del año, cifras que reflejan no solo la persistencia de la presión inflacionaria sino también la dificultad para consolidar un descenso sostenible en el costo de vida.
El dato de noviembre se ubicó por encima de lo esperado por varios analistas, que habían proyectado una inflación mensual entre 2,3% y 2,5%, según las estimaciones de consultoras privadas que anticipaban que factores como el aumento de precios regulados y de alimentos podrían mantener la presión sobre el IPC.
En términos agregados, la inflación interanual del 31,4% representa una aceleración respecto al 2,3% mensual de octubre, y aporta una señal de que la dinámica de precios aún no ha encontrado un ancla firme, pese a que desde el Gobierno se suele destacar que los niveles actuales son mucho más bajos que los de años recientes. El rubro de vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles fue uno de los que más empujó el aumento de noviembre, seguido por el transporte y los alimentos y bebidas no alcohólicas, que mantienen una incidencia elevada en el bolsillo de los hogares.
El ministro de Economía, Luis Caputo, subrayó que, al cabo de casi dos años de gestión, la inflación se mantuvo en niveles más bajos que en el pasado reciente, destacando que la política fiscal y monetaria implementada logró amortiguar la caída de la demanda y sostener estabilidad relativa de precios en un contexto de ajuste estructural. Sin embargo, el mismo funcionario reconoció implícitamente la complejidad de la situación al señalar la “persistencia de presiones” en sectores clave de la economía, que están detrás de la reciente aceleración del IPC.
El comportamiento de noviembre puede interpretarse como parte de un proceso más amplio. Luego de valores superiores al 200% durante 2023, la inflación interanual ha venido disminuyendo gradualmente desde mediados de 2024, cuando el Gobierno implementó reformas económicas intensivas, incluida la eliminación de emisión monetaria y ajustes fiscales profundos. No obstante, el reciente repunte puntual alimenta dudas sobre si se ha consolidado una senda decreciente sólida o si los precios continuarán mostrando alta volatilidad en los próximos meses.
Qué esperar en diciembre y en 2026
Las expectativas para diciembre de 2025 apuntan a una moderación de la inflación mensual en torno al 2,1%-2,2%, según algunas consultoras que analizan los primeros datos del último mes del año. Esto, de confirmarse, podría permitir que el 2025 cierre con una inflación anual cercana al 30%, un número significativamente menor al observado en ejercicios recientes, aunque aún elevado para los estándares históricos recientes de la economía argentina.
Para 2026, las proyecciones de organismos internacionales y bancos de inversión ofrecen un panorama mixto. El Banco Central de la República Argentina (BCRA) incluyó en su última encuesta de expectativas de mercado (REM) la previsión de que la inflación podría seguir una tendencia descendente y alcanzar niveles mensuales cercanos al 1,5% en el primer semestre de 2026, una señal de que los analistas esperan una continuidad del proceso de desaceleración, aunque relacionada en gran medida con una estabilización cambiaria y la moderación de la demanda.
No obstante, otros pronósticos externos sugieren que la inflación anual para 2026 podría ubicarse en torno a cifras aún moderadas pero no exentas de presión, con estimaciones que ubican el incremento en torno al 17%-19%. Por ejemplo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) proyectó en su informe económico más reciente que la inflación en Argentina se mantendría elevada en 2026, por encima de muchas estimaciones oficiales, producto de persistentes vulnerabilidades macroeconómicas y ajustes en precios relativos sin anclajes firmes.
Este panorama plantea un desafío de doble vía para las autoridades: por un lado, contener la dinámica inflacionaria sin generar un choque recesivo fuerte, y por el otro, sostener la confianza de los mercados en un contexto de reformas estructurales que aún generan resistencia en segmentos productivos y sociales.
Los rubros de mayor incidencia en el aumento del IPC, como los alimentos y servicios regulados, seguirán siendo objeto de vigilancia, tanto por parte de los analistas como del propio Gobierno, que deberá enfrentar la presión social y política que implican los costos de vida elevados en un año electoral y de ajustes clave.

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