Jerusalén-15 de Marzo de 2026-Total News Agency-TNA-. Israel volvió a profundizar su ofensiva selectiva sobre la estructura militar e informativa de Irán y aseguró haber eliminado en Teherán a dos altos oficiales de inteligencia del comando de emergencia Khatem al-Anbiya, una de las piezas centrales del aparato de mando y coordinación del régimen. De acuerdo con la información a la que tuvo acceso Total News Agency de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), los abatidos fueron Abdollah Jalali-Nasab y Amir Shariat, señalados como responsables de inteligencia dentro de esa estructura y considerados figuras de peso dentro de la comunidad de inteligencia iraní. La operación, según la versión israelí, fue ejecutada por la Fuerza Aérea con guía precisa de la Dirección de Inteligencia.

El dato político y militar más delicado es que, según Israel, ambos hombres habían asumido funciones interinas tras la muerte previa de Saleh Asadi, otro oficial de inteligencia de la misma estructura eliminado al comienzo de la actual campaña. Es decir, el ataque no sólo habría alcanzado a dos mandos relevantes, sino también a quienes habían sido designados para recomponer la cadena de análisis y respuesta del régimen iraní después de golpes anteriores. Si esa reconstrucción es correcta, la ofensiva israelí estaría logrando un objetivo especialmente sensible: impedir que Teherán estabilice su sistema de inteligencia y reemplace con rapidez a los cuadros que va perdiendo.
Dentro de la lógica operativa iraní, el comando Khatem al-Anbiya ocupa un lugar decisivo. Se trata del cuartel general encargado de coordinar actividades militares y de articular el mando y control de distintas ramas de las fuerzas iraníes. En ese marco, su área de inteligencia cumple una función crítica: procesa información, produce evaluaciones de situación y abastece a la cúpula de seguridad del régimen con análisis sobre cuya base se definen cursos de acción, despliegues y respuestas militares. Por eso, si la muerte de Jalali-Nasab y Shariat se confirma plenamente, el impacto va más allá de dos nombres: toca uno de los nervios del sistema de comando iraní.

La comunicación oficial israelí presentó el episodio como otro duro golpe a la capacidad del régimen para conducir la guerra de manera coordinada. En esa línea, las FDI sostienen que la eliminación de estos cuadros se suma a la caída de decenas de comandantes de alto rango durante la operación en curso y busca erosionar la articulación entre inteligencia, conducción política y respuesta militar. En otras palabras, Israel parece haber optado por una estrategia de decapitación progresiva, orientada no sólo a destruir infraestructura o arsenales, sino también a vaciar de cuadros y de reflejos a la estructura que toma decisiones en Teherán.
Hasta el momento, la confirmación independiente sigue siendo parcial. Algunos medios internacionales reprodujeron el comunicado israelí y reportes vinculados al entorno iraní habrían confirmado al menos la muerte de Jalali-Nasab, aunque no todas las fuentes coinciden sobre el grado de verificación disponible respecto de Shariat. Esa cautela es importante en medio de una guerra donde la información también forma parte del frente de combate. Sin embargo, incluso con ese margen de prudencia, el hecho de que múltiples medios y centros de análisis especializados hayan recogido el ataque como un episodio relevante refuerza la idea de que el núcleo del golpe existió y de que se inscribe en una campaña sistemática sobre la estructura de inteligencia del régimen.
El trasfondo es aún más amplio. En simultáneo con sus bombardeos sobre instalaciones militares, energéticas y logísticas, Israel viene apuntando cada vez más a los hombres que integran el cerebro operativo iraní. Ese método busca dejar a Irán con menos capacidad de interpretar el campo de batalla, menos cuadros para coordinar respuestas y menos margen para recomponer su cadena de mando bajo presión. Para un régimen que depende de estructuras jerarquizadas y de una toma de decisiones altamente centralizada, cada pérdida de este tipo resulta especialmente costosa.
Así, el ataque en Teherán vuelve a mostrar que la guerra ya no se libra sólo sobre pistas, puertos, refinerías o lanzadores, sino también en el terreno más delicado de todos: el del conocimiento, la anticipación y la capacidad de mandar. Y allí, si la versión israelí termina de consolidarse, Irán habría sufrido en las últimas horas otro golpe de enorme sensibilidad.





