Resistencia, 18 de abril de 2026-Total News Agency-TNA- Mauricio Macri puso en marcha en Chaco una nueva etapa de reconstrucción del PRO con un mensaje que buscó combinar respaldo al rumbo general del gobierno de Javier Milei con una advertencia política de fondo: no darle “excusas al populismo para volver”. El exmandatario eligió Resistencia para abrir la gira federal “Próximo paso”, una apuesta con la que intenta devolverle identidad, volumen territorial y ambición nacional a un partido que, tras acompañar buena parte del programa económico oficial, ahora quiere volver a ser protagonista con vistas a 2027.
En su discurso en el Centro de Convenciones Gala, Macri dejó una definición que resumió la nueva narrativa amarilla: el PRO no será oposición al Gobierno, pero tampoco piensa sellarse la boca. “El silencio no ayuda al cambio, lo traiciona”, sostuvo, al remarcar que su espacio comparte el rumbo general de la administración libertaria, aunque se siente obligado a señalar lo que considera desvíos, faltas o déficits de gestión. La fórmula no es casual. En el macrismo creen que el oficialismo acertó al estabilizar variables críticas, pero que todavía no logró construir una estructura política, institucional y técnica capaz de convertir ese ajuste en una transformación duradera.
La parada en Chaco también tuvo valor simbólico. Antes del acto, Macri fue recibido por el gobernador Leandro Zdero en la Casa de Gobierno provincial, en una reunión que ambas partes presentaron como cordial y enfocada en la situación política, económica y social del país. El gesto no pasó inadvertido porque el ex presidente viene buscando apoyarse en los gobernadores y en la estructura territorial aliada para relanzar un partido que perdió centralidad frente al avance libertario. La gira siguió luego hacia Corrientes, donde tenía previsto verse con Juan Pablo Valdés y con el senador Gustavo Valdés, en otro movimiento orientado a mostrar músculo en el interior y a reordenar el mapa del centroderecha no libertario.
El mensaje central de Macri fue que el cambio iniciado en 2015 y retomado en 2023 todavía no está “blindado”. En esa línea, insistió en que el regreso del kirchnerismo o de cualquier variante populista no se evita sólo con consignas o con una baja de inflación, sino construyendo equipo, experiencia, institucionalidad y resultados concretos en la vida cotidiana. Detrás de esa frase hay una crítica que en el macrismo vienen repitiendo cada vez con menos disimulo: una cosa es estabilizar y otra, muy distinta, es construir. Esa idea ya había aparecido días atrás en la cena anual de la Fundación Pensar, el think tank del PRO, donde el ex presidente advirtió sobre los riesgos de la improvisación y volvió a instalar la idea de que su partido quiere ser “el próximo paso” y no un simple apéndice del mileísmo.
En esa estrategia asoma una tensión delicada. Macri evita romper con Milei porque sabe que gran parte de su electorado sigue viendo al oficialismo como el vehículo principal del cambio. Pero, al mismo tiempo, intenta recuperar para el PRO un rol más nítido, con identidad propia, cuadros de gestión y proyección presidencial. Por eso el discurso de Resistencia fue quirúrgico: apoyó el rumbo, rechazó cualquier funcionalidad al kirchnerismo y, al mismo tiempo, dejó claro que acompañar no significa obedecer en silencio. En el partido creen que, si nadie señala a tiempo lo que falta, ese vacío termina siendo ocupado por el populismo, que vuelve a presentarse como la única alternativa cuando el desgaste empieza a asomar.
La reaparición federal del ex mandatario ocurre, además, en un momento en que el oficialismo atraviesa tensiones internas, desgaste legislativo y una discusión cada vez más áspera sobre cómo administrar el poder. En ese marco, el macrismo busca venderse como una fuerza con experiencia de gestión, equipos y terminales provinciales, capaz de sostener reformas sin caer en improvisaciones ni personalismos extremos. El mensaje de Macri en Chaco apuntó justamente a eso: respaldar la dirección general del cambio, pero recordar que sin política, sin estructura y sin correcciones a tiempo, ninguna transformación queda a salvo. Y en la memoria del ex presidente, la experiencia de 2019 sigue operando como advertencia: cuando el cambio no se consolida, el populismo siempre intenta volver por la puerta que alguien dejó abierta.





