Buenos Aires-23 de abril de 2026-Total News Agency-TNA- La nueva escalada del petróleo volvió este jueves a meter presión sobre los mercados globales y a reactivar el temor a un shock energético más prolongado en medio de la guerra entre Estados Unidos e Irán. El crudo Brent superó otra vez la barrera de los US$100 y llegó a operar en torno a US$103,17, mientras el WTI avanzó hasta US$93,68, impulsados por el derrumbe de las conversaciones entre Washington y Teherán, las amenazas sobre el estrecho de Ormuz y el temor a nuevas interrupciones en una ruta por donde antes del conflicto circulaba alrededor del 20% del petróleo mundial.
La suba del crudo no llegó sola. También arrastró a las bolsas, que reaccionaron con cautela y en muchos casos con retrocesos frente a la posibilidad de que la crisis en Medio Oriente se prolongue mucho más de lo previsto. En Europa, el índice STOXX 600 caía alrededor de 0,4%, con bajas más marcadas en plazas como Fráncfort y Londres, mientras sectores particularmente expuestos al costo energético, como viajes y bancos, mostraban un castigo mayor. El mercado empieza a asumir que el problema ya no es solamente bélico o diplomático: es también económico, inflacionario y logístico.
En Asia, la tensión también dejó huella. Reuters reportó que varias bolsas de la región operaron o cerraron en rojo en un contexto de nerviosismo por el impacto del conflicto sobre la energía, la actividad industrial y el comercio marítimo. El problema para las economías asiáticas es especialmente delicado porque muchas de ellas dependen fuertemente del crudo de Medio Oriente y ya comenzaron a enfrentar recortes de refinación, menor disponibilidad de diésel y jet fuel, y una creciente distorsión en sus cadenas de suministro. Esa combinación refuerza la idea de que el daño económico de la crisis iraní ya se está derramando bastante más allá del mercado petrolero.
En Wall Street, la apertura también se perfilaba negativa, con futuros en baja y una postura más defensiva de los inversores frente al repunte del crudo y la incertidumbre sobre una tregua que luce cada vez menos sólida. La lógica es sencilla: petróleo más caro implica más presión inflacionaria, más costos para empresas y consumidores, y más ruido para bancos centrales que todavía siguen lidiando con precios elevados y crecimiento desigual. En otras palabras, cada salto adicional del barril amenaza con trasladar la guerra al bolsillo global.
El nuevo envión del petróleo encuentra además una explicación política directa. Según Reuters, el mercado reaccionó con fuerza después de que Donald Trump amenazara con una acción militar contra embarcaciones que colocaran minas en el estrecho de Ormuz, mientras seguían sin mostrar avances concretos las gestiones para estabilizar la zona. La captura de buques por parte de Irán, la interdicción de petroleros iraníes por fuerzas estadounidenses y la persistencia de restricciones al tráfico marítimo reforzaron la sensación de que el corredor energético más sensible del planeta sigue lejos de normalizarse.
El dato de fondo es todavía más inquietante. Antes del estallido del conflicto, el Brent se movía bastante más abajo, y el regreso a precios de tres dígitos reabre todos los fantasmas que ya habían comenzado a inquietar a Europa y Asia: combustible más caro, mayores costos de transporte, presión sobre fertilizantes, riesgo para la aviación y nuevas tensiones sobre inflación y actividad. Reuters señaló además que las disrupciones en el suministro ya obligaron a refinerías asiáticas a profundizar recortes y a buscar crudos alternativos, un cambio que reduce la producción de diésel y jet fuel y amenaza con sostener precios altos durante más tiempo.
En ese marco, la reacción de los mercados refleja algo más profundo que un movimiento diario de precios. Lo que se está empezando a descontar es que la tregua entre Estados Unidos e Irán puede ser demasiado débil para devolverle previsibilidad al sistema energético internacional. Y cuando el mercado percibe que Ormuz sigue siendo una bomba activa, el petróleo sube, las bolsas aflojan y el mundo vuelve a sentir que una guerra regional puede convertirse, muy rápido, en un problema global.





