Buenos Aires-27 de Abril de 2026-Total News Agency-TNA- El proyecto de reforma electoral impulsado por el Gobierno de Javier Milei empezó a encontrar resistencias entre aliados y sectores dialoguistas, con un rechazo directo del gobernador de Tucumán, Osvaldo Jaldo, quien cuestionó la eliminación de las PASO y acusó a la Casa Rosada de intentar confeccionar “un traje a medida” para La Libertad Avanza.
La iniciativa enviada al Senado incluye la eliminación definitiva de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, la implementación de la Boleta Única de Papel, cambios en el financiamiento de los partidos políticos y la incorporación del régimen de Ficha Limpia para impedir candidaturas de personas condenadas en segunda instancia por delitos graves. El oficialismo sostiene que el paquete busca reducir gastos, modernizar el sistema y terminar con privilegios de la política.
Pero la reacción de Jaldo encendió una alerta política. El mandatario tucumano fue uno de los gobernadores peronistas que mantuvo una relación institucional fluida con el Gobierno y cuyos legisladores acompañaron leyes clave en el Congreso. Su rechazo, por lo tanto, no puede leerse como una crítica más de la oposición dura, sino como una señal de que el oficialismo todavía no tiene garantizados los votos para avanzar.
“El gobierno nacional está intentando hacerse un traje a medida en materia electoral”, afirmó Jaldo, al cuestionar que la reforma no solo elimina las PASO, sino que modifica varias reglas sensibles del sistema político. Para el gobernador, suprimir las primarias perjudica a los partidos y también a los ciudadanos, porque reduce una instancia de participación y ordenamiento interno.
La postura tucumana se suma a los reparos del gobernador de Catamarca, Raúl Jalil, y a las objeciones expresadas por sectores de la UCR y del PRO, fuerzas que el oficialismo necesita para construir mayoría. En el Senado, La Libertad Avanza no cuenta con número propio y depende de acuerdos con bloques aliados o dialoguistas para alcanzar los votos necesarios.
El problema para el Gobierno es que la reforma toca intereses concretos. Las PASO, creadas en 2009, fueron criticadas durante años por su costo y por funcionar muchas veces como internas financiadas por el Estado. Sin embargo, también se convirtieron en una herramienta de competencia interna para coaliciones, partidos provinciales y espacios opositores que necesitan ordenar candidaturas sin fracturarse antes de una elección general.
Jaldo defendió justamente ese punto. Sostuvo que cualquier ciudadano que quiera ser candidato puede competir dentro de su espacio gracias a las primarias y advirtió que eliminarlas puede cerrar el juego político en favor de estructuras con mayor control interno. Su frase sobre el “traje a medida” apuntó al corazón de la sospecha opositora: que la reforma estaría diseñada para favorecer el esquema electoral del oficialismo de cara a 2027.
El Gobierno, en cambio, insiste en que las PASO representan un gasto innecesario y una carga para los contribuyentes. Desde la Casa Rosada afirman que los partidos deben resolver sus internas con recursos propios y que el Estado no debe financiar disputas de estructuras políticas. Ese argumento conecta con el discurso libertario contra la “casta”, aunque ahora choca con la matemática parlamentaria.
La discusión también abrió un frente dentro de las provincias. Jaldo anticipó que convocará al Consejo Provincial del Partido Justicialista para fijar posición, lo que muestra que el debate ya no queda encerrado en Buenos Aires ni en el Congreso nacional. La reforma electoral empezó a impactar en los armados territoriales y en la estrategia de gobernadores que miran el calendario de 2027.
El oficialismo enfrenta así una prueba clave. Si insiste con el proyecto sin modificarlo, corre el riesgo de sufrir una derrota legislativa. Si acepta negociar, deberá resignar parte de una reforma que presentó como bandera de modernización política.
En cualquier caso, el rechazo de Osvaldo Jaldo confirma que la eliminación de las PASO ya no es un trámite parlamentario. Es una batalla de poder por las reglas del juego electoral, en la que Milei busca imponer una nueva arquitectura política y sus aliados comienzan a marcar límites.




