Ashgabat, 6 de mayo de 2026-Total News Agency-TNA- Uno de los fenómenos más impactantes y enigmáticos del planeta, el cráter de gas natural de Darvaza, conocido como las “Puertas del Infierno”, comienza a mostrar señales de debilitamiento tras más de medio siglo de combustión ininterrumpida en el desierto de Karakum, en Turkmenistán.
De acuerdo con datos recientes obtenidos a partir de imágenes satelitales infrarrojas, la intensidad de las llamas se redujo en más de un 75% en los últimos tres años, lo que marca un cambio significativo en el comportamiento de este gigantesco pozo de fuego que durante décadas fue considerado prácticamente inextinguible.
El cráter, de dimensiones comparables a una cancha de fútbol, se formó —según la versión más difundida— entre las décadas de 1960 y 1970, cuando geólogos soviéticos perforaban en busca de petróleo y el terreno colapsó al descubrir un yacimiento de gas natural. Ante la liberación de gases tóxicos, decidieron prender fuego al pozo, estimando que las llamas se extinguirían en pocas semanas. Más de cincuenta años después, el fuego sigue activo.
Un símbolo que pierde fuerza
Durante años, el cráter de Darvaza se convirtió en una atracción única, tanto para turistas aventureros como para científicos. Su imagen —un pozo ardiente en medio del desierto— lo posicionó como uno de los destinos más extremos del mundo.
Sin embargo, la reducción de las llamas plantea interrogantes sobre su futuro. Según el análisis de la empresa especializada Capterio, la disminución del calor y de la actividad podría estar vinculada tanto a intervenciones humanas como a factores naturales aún no completamente comprendidos.
El gobierno de Turkmenistán había anunciado en reiteradas oportunidades su intención de extinguir el fuego, argumentando daños ambientales y riesgos para la salud. En ese sentido, atribuyó parte de la disminución a la perforación de dos pozos cercanos en 2024 para extraer gas natural. No obstante, los datos técnicos sugieren que el proceso de debilitamiento podría haber comenzado antes de esas acciones.
Impacto ambiental: una paradoja energética
El caso del cráter plantea un dilema ambiental. Por un lado, emite grandes cantidades de metano, uno de los gases más potentes en términos de efecto invernadero. Según datos de Carbon Mapper, entre 2022 y 2025 el sitio liberó en promedio unos 1300 kilogramos de metano por hora, cifra que en algunos momentos llegó a superar los 1900 kilogramos por hora.
Por otro lado, las propias llamas transforman ese metano en dióxido de carbono, un gas menos dañino en el corto plazo para el calentamiento global. Es decir, el fuego actúa como una especie de “filtro” que reduce el impacto climático del gas liberado.
Este fenómeno convierte a las “Puertas del Infierno” en un caso singular: su eventual extinción podría implicar, paradójicamente, un aumento de emisiones más nocivas si el gas continúa liberándose sin combustión.
Turismo, propaganda y aislamiento
El cráter también tuvo un rol simbólico y político dentro de Turkmenistán, uno de los países más cerrados del mundo. Su acceso es limitado: los visitantes extranjeros requieren visados especiales y cartas de invitación, lo que restringe el flujo turístico.
A pesar de ello, el sitio logró cierta notoriedad internacional, incluso con episodios llamativos como el protagonizado en 2019 por el entonces presidente Gurbanguly Berdymukhamedov, quien difundió imágenes conduciendo alrededor del cráter para desmentir rumores sobre su salud.
Hoy, aunque las llamas sean menos intensas, el lugar mantiene su magnetismo. Visitantes recientes describen un fuego más bajo, pero aún activo, con llamas de hasta 1,5 metros y un calor suficiente como para cocinar alimentos en sus grietas.
Un futuro incierto
El debilitamiento del cráter de Darvaza abre múltiples interrogantes. ¿Se trata de un proceso natural o de una intervención deliberada? ¿Podría extinguirse completamente? ¿Qué impacto tendría eso en términos ambientales?
Por ahora, los especialistas coinciden en que es poco probable que el fuego desaparezca en el corto plazo, debido a la constante alimentación de gas desde el subsuelo.
Lo que sí parece claro es que uno de los fenómenos más icónicos del planeta está cambiando. Las “Puertas del Infierno” ya no rugen como antes, y ese silencio progresivo podría ser tanto una señal de alivio como una advertencia.




