Buenos Aires, 14 de mayo de 2026-Total News Agency-TNA- El asesor presidencial Santiago Caputo aterrizó en Washington en un viaje políticamente significativo, presentado oficialmente como parte del fortalecimiento de los vínculos con la administración de Donald Trump, pero leído en Buenos Aires como algo más profundo: una jugada de posicionamiento interno en medio de la crisis que golpea al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y de la pelea cada vez menos silenciosa con Karina Milei por el control del poder real dentro del gobierno libertario.
El viaje fue informado por medios argentinos con base en Washington y tuvo una primera foto concreta: Caputo participó de una actividad en el Departamento de Estado junto al embajador argentino ante la Casa Blanca, Alec Oxenford, quien recibió un reconocimiento en el salón Benjamín Franklin. En ese ámbito también estuvieron figuras relevantes del gobierno estadounidense, entre ellas Chris Landau, vicesecretario de Estado, y Reed D. Rubinstein, principal consejero legal del secretario de Estado, Marco Rubio.
El motivo formal del desembarco es claro: profundizar las relaciones políticas entre el gobierno de Javier Milei y la administración republicana de Trump. Caputo viene construyendo desde hace tiempo vínculos discretos con funcionarios del entorno trumpista, una red que hoy cobra valor estratégico porque Estados Unidos observa con atención la evolución política argentina, la gobernabilidad de Milei, el impacto del caso Adorni y las chances de sostener la experiencia libertaria de cara a 2027.
Según la información publicada, en Washington hay respaldo a Milei, pero también cautela. Los asesores de Trump monitorean la situación argentina y muestran preocupación por la crisis judicial y política que atraviesa Adorni, cuya investigación patrimonial empezó a erosionar la imagen del Gobierno. Infobae señaló que en la Casa Blanca y el Departamento de Estado existe perplejidad frente al caso penal del jefe de Gabinete y a la defensa cerrada que hace el propio Presidente.
Ese dato es central. El viaje de Santiago Caputo no ocurre en un vacío diplomático. Llega en un momento en el que el oficialismo intenta administrar varias crisis simultáneas: la causa judicial de Adorni, la interna de poder entre Karina Milei y el sector caputista, la necesidad de sostener la baja de la inflación, la presión de los mercados y la mirada cada vez más atenta de Washington sobre la continuidad del proyecto libertario.
En ese marco, Caputo podría estar utilizando este viaje promocionado de manera cuidadosamente discreta para fortalecerse dentro del gabinete y en el ecosistema de poder que rodea a Milei. No se trata de una gira ruidosa al estilo presidencial, pero tampoco de una visita invisible. La aparición en el Departamento de Estado, el contacto con funcionarios cercanos a Trump y la posibilidad de transmitir una lectura propia sobre la crisis argentina lo colocan otra vez en el centro del tablero. Caputo se siente comodo operando afuera, a dicho a los suyos que allí Karina no puede jugar.
Ese movimiento puede despertar la furia de Karina Milei, quien desde hace meses busca ampliar su poder sobre áreas que orbitaban bajo influencia de Caputo. Distintas publicaciones periodísticas vienen describiendo una interna sostenida entre ambos sectores, con la secretaria general de la Presidencia y los primos Martín Menem y Eduardo “Lule” Menem avanzando sobre espacios de poder, armado político, Justicia, organismos y estructura partidaria. Clarín llegó a titular en marzo que Karina buscaba correr a Santiago Caputo y apuntaba a sus áreas, mientras otras publicaciones describieron su avance sobre sectores del gabinete y la estructura estatal.
La tensión no es nueva, pero el viaje a Estados Unidos le agrega combustible. Si Caputo logra aparecer ante Washington como el interlocutor confiable, el hombre capaz de explicar la interna libertaria y el operador con llegada directa al ala republicana, su margen de supervivencia política dentro del Gobierno crece. Y eso choca con el proyecto de Karina Milei, que busca ordenar el poder libertario bajo su mando, con control partidario, territorial y administrativo.
La disputa de fondo es por quién interpreta y ejecuta la voluntad de Javier Milei. Karina controla el aparato partidario, la lapicera política y buena parte del vínculo con los Menem. Caputo, en cambio, mantiene influencia sobre estrategia, comunicación, inteligencia política y contactos externos. En un gobierno de poder extremadamente concentrado, esa convivencia nunca fue sencilla. Ahora, con el caso Adorni en plena ebullición, cada movimiento pesa más.
El dato que vuelve especialmente sensible el viaje es la lectura estadounidense sobre la Argentina. Según publicó Infobae, los asesores de Trump quieren saber qué pasará con la oposición y cómo puede revertir Milei su caída en la opinión pública. También se informó que Estados Unidos no quiere un regreso del peronismo al poder y estaría dispuesto a jugar su influencia política para proteger la experiencia libertaria.
En términos diplomáticos, el mensaje es potente: Washington ve a la Argentina de Milei como un aliado estratégico en la región. El propio embajador Oxenford afirmó en el evento que la relación con Estados Unidos es uno de los pilares centrales de la transformación argentina, y sostuvo que altos funcionarios estadounidenses ya se refirieron al país como un “aliado sistémico”. Esa definición ubica al gobierno libertario en una categoría de alineamiento profundo con la administración Trump.
Pero lo que fortalece a Milei en el plano externo puede desordenar aún más la interna doméstica. Si el interlocutor privilegiado en Washington es Santiago Caputo, la secretaria general de la Presidencia podría interpretarlo como una maniobra para blindarse frente a la ofensiva karinista. En otras palabras: mientras Karina Milei busca reducir su influencia en Buenos Aires, Caputo muestra que conserva una llave internacional de enorme valor.
El momento tampoco ayuda a disimular. La crisis de Adorni dejó expuestas culpas cruzadas dentro del oficialismo. Una nota reciente de Infobae señaló que buena parte del gabinete esperaba que el jefe de Gabinete diera un paso al costado y que incluso se hablaba de usar su eventual salida para avanzar sobre áreas vinculadas a Santiago Caputo. Ese dato convierte el viaje a Washington en una señal de resistencia: mientras algunos discuten recortes de poder, el asesor presidencial se mueve en el centro político de la administración republicana.
La pregunta que empieza a circular en la Casa Rosada es si Caputo viajó sólo para fortalecer el vínculo bilateral o también para fortalecer su propio lugar dentro del gabinete. La respuesta, probablemente, sea ambas cosas. En política, los viajes nunca son inocentes cuando ocurren en medio de una interna feroz. Mucho menos cuando el destino es Washington, el interlocutor es el gobierno de Trump y el viajero es uno de los hombres más influyentes —y resistidos— del ecosistema mileísta.
Para Karina Milei, el movimiento tiene un riesgo evidente. Si intenta desplazar a Caputo mientras el asesor aparece validado por sectores clave de Estados Unidos, podría chocar contra el propio interés estratégico de Milei, que necesita sostener la alianza con Trump y conservar canales aceitados con la administración republicana. En ese punto, Caputo parece haber elegido un terreno donde su rival interna no puede atacarlo sin pagar costos.
La paradoja es clara: Caputo viaja de forma discreta, pero el viaje fue lo suficientemente visible como para enviar un mensaje. No necesitó grandes declaraciones ni una comitiva numerosa. Le alcanzó con aparecer en el Departamento de Estado, junto al embajador argentino, en contacto con funcionarios de peso y en el momento exacto en que Washington quiere saber qué ocurre dentro del gobierno libertario.
El oficialismo deberá administrar ahora una tensión delicada. De un lado, Karina Milei busca disciplinar el poder interno, avanzar sobre áreas sensibles y consolidar la estructura electoral de La Libertad Avanza. Del otro, Santiago Caputo demuestra que todavía tiene volumen propio, contactos internacionales y capacidad para presentarse como garante político ante Estados Unidos. En el medio, Javier Milei necesita que esa interna no termine erosionando el activo más importante de su administración: la confianza externa.
El viaje de Caputo a Washington confirma que la política argentina ya no se juega sólo en la Casa Rosada, el Congreso o los tribunales. También se juega en despachos del Departamento de Estado, en contactos con funcionarios republicanos y en la mirada de una administración estadounidense que quiere proteger su apuesta regional. Para Caputo, es una oportunidad de reposicionamiento. Para Karina, puede ser una provocación. Para Milei, una señal de que su triángulo de poder vuelve a crujir justo cuando más necesita cohesión.



