Buenos Aires, 27 de mayo de 2026-Total News Agency-TNA- El consumo masivo volvió a cerrar abril en terreno negativo y dejó otra señal de alerta para la economía real: las ventas de productos de la canasta básica cayeron 3,8% interanual en la suma de todos los canales relevados, según el último informe de la consultora Scentia. Aunque la baja fue menor que la registrada en marzo, el mercado todavía no logra consolidar una recuperación sostenida.
El dato confirma que la desaceleración inflacionaria todavía no alcanza para recomponer con fuerza el bolsillo de los hogares. En abril, el Índice de Precios al Consumidor medido por el INDEC subió 2,6% mensual, por debajo del 3,4% de marzo, y acumuló 12,3% en el primer cuatrimestre del año. Sin embargo, esa mejora en la velocidad de los precios todavía convive con salarios golpeados, consumo selectivo y familias que siguen ajustando cantidades.
De acuerdo con Scentia, el consumo masivo acumuló en los primeros cuatro meses del año una caída de 3,3%. La cifra muestra que, aun con una moderación respecto del derrumbe de marzo, el sector sigue sin encontrar un piso claro. En marzo, las ventas habían retrocedido 5,1% interanual, por lo que abril dejó una baja más moderada, pero todavía negativa.
La retracción volvió a sentirse en casi todos los formatos comerciales. Los supermercados y mayoristas registraron una caída del 4,5% interanual cada uno. Los autoservicios independientes retrocedieron 3%, mientras que el canal K+T, compuesto por almacenes y kioscos, mostró una baja del 4,8%. Es decir, el deterioro no quedó concentrado en un solo formato: atravesó tanto a grandes cadenas como a comercios de cercanía.
Las únicas excepciones fueron farmacias, con un leve avance de 0,1%, y el comercio electrónico, que volvió a destacarse con un salto interanual de 40,4%. El crecimiento del e-commerce confirma un cambio de hábito que se profundizó en los últimos años: los consumidores comparan más precios, buscan promociones, aprovechan descuentos bancarios y migran parte de sus compras hacia plataformas digitales.
El contraste es fuerte. Mientras góndolas tradicionales, autoservicios y comercios barriales siguen en rojo, el canal online crece con fuerza. Ese fenómeno no necesariamente significa que el consumo total se haya recuperado, sino que una parte de la demanda se desplaza hacia formatos donde el consumidor encuentra mejores precios, mayor financiación o promociones más agresivas.
El informe también señaló que el precio promedio ponderado de los productos de la canasta básica mostró una suba acumulada en doce meses del 21%, unos diez puntos por debajo de la inflación general. Ese dato es relevante porque muestra que alimentos, bebidas, tocador y limpieza vienen desacelerando más que el promedio de la economía, aunque todavía sin traducirse en una recuperación robusta de cantidades vendidas.
La explicación es sencilla: la inflación baja, pero el consumidor aún no recompone poder de compra. Los hogares compran con más cautela, sustituyen marcas, reducen volumen, esperan promociones y priorizan productos esenciales. En muchos casos, la mejora de precios relativos no alcanza para revertir meses de pérdida salarial y presión sobre los ingresos.
El dato de Scentia se suma a otros indicadores de debilidad del comercio. Según relevamientos difundidos por cámaras empresarias, las ventas minoristas pymes también cerraron abril con números negativos, con una caída interanual de alrededor del 3,2% a precios constantes y un retroceso acumulado cercano al 3,5% en el primer cuatrimestre. Esa coincidencia entre mediciones privadas refuerza la idea de que la recuperación del consumo todavía no llegó al mostrador.
Para el Gobierno de Javier Milei, el escenario presenta una lectura doble. Por un lado, la desaceleración de la inflación es una señal favorable para el programa económico y puede comenzar a mejorar expectativas si se sostiene en los próximos meses. Por otro, la caída del consumo masivo muestra que la estabilización todavía no derrama de manera clara sobre la vida cotidiana de los hogares.
El equipo económico apuesta a que la baja de la inflación, el orden fiscal, la estabilidad cambiaria y una eventual mejora del crédito permitan recomponer gradualmente la demanda. Pero el proceso no es automático. Para que el consumo repunte, los salarios reales deben recuperar terreno de manera sostenida y los hogares tienen que volver a sentir previsibilidad sobre ingresos, precios y empleo.
El mercado observa especialmente lo que pueda ocurrir en mayo y junio. Si la inflación se mantiene contenida y las paritarias empiezan a ganarle algunos puntos a los precios, podría aparecer una mejora gradual en las ventas. Pero si el ingreso disponible sigue ajustado por tarifas, transporte, alquileres, servicios y endeudamiento familiar, el consumo masivo podría seguir planchado aun con inflación más baja.
La fotografía de abril deja una conclusión clara: la economía muestra señales de orden macroeconómico, pero la calle todavía no siente una recuperación plena. El consumidor argentino sigue defensivo, compara más, compra menos unidades y privilegia lo indispensable.
El desafío del Gobierno será transformar la baja de la inflación en mejora concreta del poder adquisitivo. Sin esa segunda etapa, la estabilidad puede ordenar las variables financieras, pero el consumo seguirá mostrando una economía cotidiana fría, con supermercados, mayoristas, almacenes y autoservicios todavía lejos de una recuperación firme.




