Buenos Aires – 11 Junio 2026 – Total News Agency – TNA-. La inflación de mayo fue de 2,1% y marcó la segunda desaceleración mensual consecutiva, según informó este jueves el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). El dato quedó por debajo de lo esperado por el mercado, confirmó una nueva baja en la velocidad de los precios y reforzó el principal activo económico del gobierno de Javier Milei: la consolidación del proceso de desinflación.
El Índice de Precios al Consumidor (IPC) se desaceleró 0,5 puntos porcentuales respecto de abril, cuando había sido de 2,6%, y acumuló una suba de 14,7% en los primeros cinco meses del año. En la comparación interanual, la inflación alcanzó el 33,2%, todavía elevada en términos internacionales, pero muy lejos de los niveles críticos que la Argentina atravesó en los últimos años.
El dato también fue mejor que el pronóstico promedio de los analistas. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central había estimado una inflación mensual de 2,3% para mayo, mientras que distintas consultoras privadas esperaban una cifra en torno de 2,1% a 2,4%. Finalmente, el número oficial se ubicó en el piso de ese rango y confirmó que la tendencia descendente sigue en pie.
La división con mayor incremento fue Comunicación, con una suba de 3,4%, explicada principalmente por aumentos en servicios de telefonía e internet. En segundo lugar se ubicó Educación, con 2,9%. En el otro extremo, los rubros que menos aumentaron fueron Bebidas alcohólicas y tabaco, con 0,8%, y Prendas de vestir y calzado, con apenas 0,3%.
A nivel de categorías, los precios estacionales encabezaron las subas, con 3,5%, impulsados por el aumento de verduras, aunque parcialmente compensados por la baja en frutas. Detrás quedaron los regulados, con 2,4%, mientras que el dato más relevante para el equipo económico fue el comportamiento del IPC núcleo, que perforó la barrera del 2% y cerró en 1,9%.
Ese número es clave porque la inflación núcleo excluye los precios estacionales y regulados, y suele ser observada como una medida más precisa de la inercia inflacionaria. Para el Ministerio de Economía, que conduce Luis Caputo, la baja del núcleo por debajo del 2% confirma que el ancla fiscal, la menor emisión monetaria y la estabilidad cambiaria comienzan a impactar en la dinámica más persistente de los precios.
La desaceleración también se vio anticipada por la Ciudad de Buenos Aires, cuyo índice de precios había marcado una suba de 2,1% en mayo, con un acumulado de 14% en lo que va del año y una variación interanual cercana al 33,1%. El dato porteño volvió a funcionar como una señal adelantada del IPC nacional.
La secuencia de los últimos tres meses muestra con claridad el cambio de ritmo: en marzo, la inflación había trepado a 3,4%; en abril bajó a 2,6%; y en mayo descendió a 2,1%. Es decir, en apenas dos meses el IPC recortó 1,3 puntos porcentuales, un movimiento que el Gobierno interpreta como confirmación de que la estabilización macroeconómica se sostiene.
El Presidente Javier Milei y el ministro Caputo vienen presentando la desaceleración inflacionaria como la prueba más visible del programa económico. En exposiciones recientes, el titular del Palacio de Hacienda sostuvo que es “una cuestión de tiempo” que la inflación argentina converja a niveles internacionales, siempre que se mantengan el equilibrio fiscal, la disciplina monetaria y la estabilidad del frente cambiario.
La lectura de las consultoras fue en la misma dirección. La Fundación Libertad y Progreso, una de las entidades que había estimado un IPC de 2,1%, sostuvo que el shock que se temía por el vencimiento del buffer de YPF no tuvo la magnitud esperada y que el traslado a las naftas fue acotado. Además, señaló que el ancla fiscal y la estabilidad cambiaria continuaron conteniendo al resto de la canasta.
El mercado también mira hacia adelante. Según el REM del Banco Central, la inflación podría perforar el umbral del 2% mensual durante los próximos meses, especialmente hacia agosto, si no aparecen sobresaltos cambiarios, tarifarios o externos. De confirmarse esa proyección, el Gobierno podría mostrar una inflación mensual más cercana a estándares de economías estabilizadas, aunque todavía con un arrastre anual considerable.
Sin embargo, el nuevo escenario trae otro desafío. Una vez que la inflación deja de ser el único foco de preocupación, la atención se desplaza hacia la actividad económica, el empleo, el salario real y el consumo. La desaceleración de precios mejora las condiciones para recomponer ingresos, pero esa recuperación sigue siendo heterogénea y todavía no llega con la misma fuerza a todos los sectores.
El economista Joaquín Mian, de Fundación Libertad, señaló que el contexto macroeconómico aparece relativamente más favorable, con tasas de referencia estabilizadas en niveles más bajos y un frente externo sin perturbaciones significativas. Sin embargo, advirtió que el foco empieza a desplazarse desde la inflación hacia una actividad económica que todavía muestra una recuperación irregular y con elevada volatilidad entre sectores, una dinámica que definió como de “serrucho”.
Ese punto es central para la etapa que se abre. La baja de la inflación es condición necesaria para estabilizar la economía, pero no suficiente para garantizar bienestar inmediato. Para que la desinflación se transforme en mejora social concreta, deberá traducirse en salarios reales más altos, recuperación del crédito, reactivación del consumo y mayor inversión productiva.
El dato de mayo llega además en un contexto favorable para los mercados. El riesgo país perforó recientemente los 500 puntos básicos, el Banco Central acumula reservas y las calificadoras internacionales comenzaron a mejorar la nota de la deuda argentina. Esa combinación fortalece la narrativa oficial de normalización, aunque la economía real todavía exhibe diferencias marcadas entre sectores exportadores, actividades vinculadas a energía y minería, comercio, industria y consumo masivo.
En el plano político, el Gobierno buscará capitalizar el número. Después de meses en los que el ajuste fiscal, la recesión y la caída del poder adquisitivo generaron tensiones, la inflación de 2,1% permite mostrar un resultado concreto. Pero la verdadera prueba será sostener la baja sin atrasar artificialmente precios, sin perder reservas y sin que la estabilidad cambiaria dependa de controles o señales de fragilidad.
La Argentina todavía convive con una inflación interanual superior al 33%, un nivel alto frente a cualquier comparación internacional. Pero la tendencia mensual marca un cambio relevante: los precios se mueven a una velocidad mucho menor que en la etapa previa y el núcleo inflacionario empieza a ubicarse por debajo del umbral psicológico del 2%.
El Gobierno tiene ahora una oportunidad y una obligación. La oportunidad es consolidar la desinflación y mostrar que el programa económico puede producir resultados sostenidos. La obligación es evitar que la estabilización quede como un éxito de planillas, mercados y conferencias, mientras amplios sectores sociales siguen esperando que la mejora llegue al bolsillo.
La inflación de mayo dejó una señal favorable para Milei y Caputo: el proceso de desaceleración continúa. Pero también dejó planteada la siguiente pregunta económica y política: cuánto tiempo tardará esa estabilidad en convertirse en recuperación del consumo, mejora salarial y alivio real para los argentinos.





