Samuel Alito confirmó que permanecerá al menos un mandato más en la Corte Suprema de Estados Unidos y Donald Trump celebró la decisión calificándolo como “uno de los más grandes de todos los tiempos”. La continuidad del magistrado conservador, de 76 años, despeja por ahora una vacante inmediata pero traslada el problema hacia adelante: los republicanos controlan el Senado 53 a 47 y las elecciones legislativas de noviembre podrían modificar la mayoría necesaria para confirmar a cualquier futuro reemplazante. Con Clarence Thomas, de 78 años, también bajo especulaciones sobre su retiro, la composición de una Corte actualmente inclinada 6 a 3 hacia el sector conservador vuelve a convertirse en una pieza central de la disputa política estadounidense.
Washington – 11 Agosto 2026 – Total News Agency – TNA.- El presidente Donald Trump celebró públicamente la decisión del juez Samuel Alito de permanecer al menos durante otro período en la Corte Suprema de Estados Unidos, una definición que desactiva por ahora meses de especulaciones sobre su retiro pero mantiene abierta una cuestión estratégica para el conservadurismo norteamericano: quién reemplazará en el futuro a uno de sus jueces más influyentes y qué partido controlará para entonces el Senado encargado de confirmar a su sucesor.
“Grandes noticias para nuestro país”, escribió Trump el lunes por la noche en Truth Social, donde sostuvo que Alito permanecerá otro mandato y lo definió como “uno de los más grandes de todos los tiempos”. El magistrado había terminado con las especulaciones unos días antes durante una entrevista con The Wall Street Journal, en la que confirmó que continuará en el tribunal cuando comience en octubre el nuevo período judicial.
La decisión tiene una importancia política mucho mayor que una simple cuestión personal. Alito, nacido el 1 de abril de 1950, tiene 76 años y forma parte de la Corte desde enero de 2006, cuando fue designado por el presidente republicano George W. Bush. Junto con Clarence Thomas, de 78 años, integra el grupo de magistrados de mayor edad dentro de un tribunal compuesto por nueve miembros.
Durante los últimos meses algunos referentes conservadores habían comenzado a sugerir que Alito y Thomas deberían considerar una salida anticipada mientras Trump ocupe la Casa Blanca y los republicanos mantengan una mayoría en el Senado, permitiendo así reemplazarlos por magistrados considerablemente más jóvenes que podrían permanecer durante décadas en cargos vitalicios.
Alito respondió con ironía a esas presiones y comparó a quienes esperan su retiro con buitres que vuelan alrededor recordándole su propia mortalidad. La observación expuso además una característica particular del sistema estadounidense: los magistrados de la Corte Suprema no tienen un mandato determinado y pueden permanecer en sus puestos mientras mantengan buena conducta, por lo que la decisión sobre cuándo retirarse posee enormes consecuencias institucionales y políticas.
El escenario se vuelve especialmente sensible porque en noviembre se celebrarán las elecciones legislativas de mitad de mandato. Los republicanos controlan actualmente el Senado por 53 bancas contra 47, incluyendo dentro de este último bloque a los independientes que votan habitualmente junto con los demócratas. Una modificación de esa mayoría podría condicionar severamente la posibilidad de Trump de lograr la confirmación de un nuevo juez conservador durante los últimos dos años de su presidencia.
Para obtener el control absoluto, los demócratas necesitarían una ganancia neta de cuatro bancas y alcanzar 51 senadores. Si el resultado fuera de 50 a 50, el vicepresidente JD Vance tendría capacidad para desempatar a favor de los republicanos, circunstancia que explica por qué cada elección senatorial adquirirá una dimensión adicional cuando se analiza el futuro de la Corte.
Trump ya dejó claro que está preparado para aprovechar cualquier vacante. En abril dijo que tenía en consideración varios nombres y que incluso podría llegar a designar uno, dos o eventualmente tres jueces si durante su mandato se produjeran las vacantes necesarias. En aquel momento elogió especialmente a Alito, a quien describió como un magistrado brillante y extraordinario, aunque reconoció implícitamente el valor estratégico de poder reemplazar a un conservador veterano por otro mucho más joven.
Durante su primer mandato, Trump consiguió algo excepcional dentro de la política estadounidense: nombró tres jueces de la Corte Suprema. Neil Gorsuch asumió en 2017, Brett Kavanaugh en 2018 y Amy Coney Barrett en 2020, configurando una mayoría conservadora de 6 a 3 que transformó profundamente la jurisprudencia estadounidense en aborto, armas, regulación administrativa, religión, inmigración y facultades presidenciales.
El nombramiento de Barrett mostró además hasta qué punto una vacante inesperada puede alterar una elección presidencial. La jueza liberal Ruth Bader Ginsburg murió el 18 de septiembre de 2020, cuando faltaban menos de dos meses para las elecciones entre Trump y Joe Biden. Ocho días después, el presidente anunció la nominación de Barrett, quien fue confirmada por el Senado el 26 de octubre por 52 votos contra 48, apenas ocho días antes de los comicios.
Aquella experiencia permanece presente en los cálculos republicanos. Si Alito o Thomas decidieran retirarse cuando los demócratas controlasen el Senado, la posibilidad de que la Casa Blanca consiguiera confirmar rápidamente a un sucesor ideológicamente similar sería mucho menor. Si además la presidencia cambiara de partido en 2028, el riesgo para los conservadores sería todavía mayor porque un presidente demócrata podría terminar nominando al reemplazante de uno de los jueces que actualmente sostienen la mayoría conservadora.
Alito ocupa dentro de esa mayoría una posición particularmente relevante. Fue el autor de la opinión mayoritaria en Dobbs v. Jackson Women’s Health Organization, fallo de 2022 que anuló el precedente constitucional de Roe v. Wade y devolvió a los estados la capacidad de regular ampliamente el aborto. Durante los últimos años se convirtió además en una de las voces más consistentes del originalismo conservador, aunque él mismo define su enfoque como un “originalismo práctico”.
Su relación jurisprudencial con Trump tampoco implica una adhesión automática a todas las posiciones presidenciales. Durante el actual mandato integró disidencias favorables a algunas de las interpretaciones más amplias reclamadas por la administración, aunque también participó en decisiones donde la Corte no acompañó completamente los argumentos de la Casa Blanca. En febrero, por ejemplo, fue uno de los jueces que disintieron cuando el tribunal invalidó los denominados aranceles del “Día de la Liberación” impulsados por Trump.
También durante 2026 escribió decisiones importantes en materia migratoria. En junio fue autor de dos fallos que otorgaron victorias significativas al Gobierno al ampliar su margen para limitar solicitudes de asilo y avanzar sobre determinados programas de protección temporal para migrantes.
Las especulaciones sobre su retiro habían aumentado después de un episodio de salud ocurrido el 20 de marzo durante un encuentro de la Federalist Society en Filadelfia. Alito se sintió indispuesto, fue examinado por precaución y recibió líquidos por deshidratación antes de regresar esa misma noche a su hogar. La Corte informó posteriormente que retomó normalmente sus actividades el lunes siguiente.
El episodio alimentó versiones que incluso derivaron en información errónea. NPR llegó a publicar que Alito se preparaba para retirarse, reporte que posteriormente fue retractado y por el cual se ofrecieron disculpas. El propio magistrado terminó cerrando la cuestión al confirmar que estará presente durante el próximo mandato judicial.
Su permanencia también coloca mayor atención sobre Clarence Thomas, el miembro de mayor edad del ala conservadora. Thomas integra la Corte desde 1991, cuando fue designado por el presidente George H. W. Bush, y constituye desde hace décadas una de sus voces ideológicamente más firmes. La posibilidad de que cualquiera de los dos deje su cargo durante los próximos años podría desencadenar una batalla política comparable con las que acompañaron las nominaciones de Kavanaugh y Barrett.
El presidente ya ha recibido sugerencias de nombres para una eventual vacante. El titular de la Comisión Judicial del Senado, Chuck Grassley, mencionó entre posibles candidatos a los senadores Ted Cruz y Mike Lee, aunque Cruz dijo públicamente que no pretende integrar la Corte porque prefiere continuar participando directamente de las disputas políticas y legislativas. También circulan dentro del conservadurismo nombres de jueces federales como James Ho y Aileen Cannon.
La continuidad de Alito mantiene intacta por ahora la composición de una Corte en la que los seis magistrados considerados conservadores son John Roberts, Clarence Thomas, Samuel Alito, Neil Gorsuch, Brett Kavanaugh y Amy Coney Barrett, mientras el ala liberal está integrada por Sonia Sotomayor, Elena Kagan y Ketanji Brown Jackson.
Esa mayoría constituye uno de los legados más duraderos de Trump porque los presidentes pueden abandonar la Casa Blanca después de cuatro u ocho años, mientras los jueces que designan continúan decidiendo durante décadas sobre derechos constitucionales, poderes del Ejecutivo, alcance de las agencias federales, inmigración, armas, elecciones y libertades individuales.
Por eso la frase de Alito anunciando simplemente que estará “otro mandato” posee consecuencias que trascienden ampliamente su situación personal. El próximo período de la Corte comenzará en octubre, cuando faltarán pocas semanas para unas elecciones legislativas capaces de determinar si Trump conservará durante los dos años siguientes la mayoría senatorial necesaria para convertir una eventual vacante en otra modificación de largo plazo de la estructura judicial de Estados Unidos.
Fuentes consultadas: Reuters, The Wall Street Journal, Fox News, Supreme Court of the United States, declaraciones de Donald Trump en Truth Social, antecedentes del Senado de Estados Unidos y registros de nominaciones y confirmaciones de la Corte Suprema.




