Kiev – 20 junio 2026 – Total News Agency – TNA-. El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, lanzó un ultimátum de una semana al líder de Bielorrusia, Aleksandr Lukashenko, para que desactive equipos de retransmisión instalados cerca de la frontera, que según Kiev son utilizados por Rusia para guiar ataques con drones contra ciudades ucranianas. Si Minsk no actúa, advirtió, las fuerzas ucranianas destruirán esos dispositivos.
La advertencia fue formulada durante una comparecencia ante la prensa en Kiev, junto al presidente de Honduras, Nasry Asfura, y marca una nueva escalada en el frente norte de la guerra, donde Bielorrusia aparece nuevamente señalada como plataforma de apoyo militar para el Kremlin.
“Hay estaciones de retransmisión en las torres. ¿Puede retirarlas? ¿De qué sirve decir que no quiere la guerra? Que simplemente retire ese equipo, que lo apague”, afirmó Zelenski. Luego endureció el mensaje: “Creo que una semana sería tiempo suficiente para hacerlo. Y digo una semana porque ahora mismo, cada día, nuestros civiles están muriendo y los niños están resultando heridos por culpa de esto. Si él no lo hace, lo haremos nosotros”.
Según el gobierno ucraniano, los equipos ubicados en territorio bielorruso cumplirían una función clave en la transmisión de señales para drones rusos de largo alcance, utilizados en ataques nocturnos contra infraestructura energética, edificios residenciales y objetivos civiles. Zelenski sostuvo que Lukashenko no puede declarar públicamente que no quiere involucrarse en la guerra mientras permite el uso de su territorio para operaciones rusas.
La acusación no es nueva. En marzo, Zelenski ya había advertido que Rusia planeaba abrir estaciones de control para drones de largo alcance en Bielorrusia, de acuerdo con informes de inteligencia militar ucraniana. En aquel momento, el mandatario sostuvo que esa infraestructura aumentaría la capacidad rusa para atacar territorio ucraniano desde el norte y aseguró que Kiev informaría a sus aliados sobre el riesgo.
El rol de Bielorrusia en la guerra sigue siendo uno de los puntos más sensibles del conflicto. En febrero de 2022, Moscú utilizó territorio bielorruso como plataforma para lanzar parte de la invasión sobre Ucrania, especialmente en dirección a Kiev. Desde entonces, Lukashenko, principal aliado regional del presidente ruso Vladimir Putin, permitió ejercicios militares conjuntos, despliegue de infraestructura rusa y presencia de armamento nuclear táctico ruso en suelo bielorruso.
Aunque Minsk sostiene que no participa directamente en las operaciones militares, para Kiev el apoyo logístico, territorial y tecnológico a Rusia convierte a Bielorrusia en un actor de la guerra. Las autoridades ucranianas señalan además que industrias bielorrusas fabrican componentes utilizados por el complejo militar ruso y que el gobierno de Lukashenko ha facilitado abastecimiento energético y militar a Moscú.
La advertencia de Zelenski se produce en un contexto de intensificación de los ataques aéreos rusos contra ciudades ucranianas. Este sábado, las autoridades de Járkov informaron que al menos una persona murió y nueve resultaron heridas, entre ellas un menor, después de que bombas guiadas rusas impactaran contra un edificio residencial de baja altura en el distrito de Jolodnohirski. El ataque obligó a equipos de emergencia a remover escombros durante varias horas.
También se registraron ataques en otras regiones ucranianas, mientras la defensa aérea de Kiev reportó la interceptación de la mayoría de los drones lanzados por Rusia durante la noche. Aun así, varios aparatos lograron alcanzar objetivos, en una dinámica de guerra aérea que se volvió central para ambos bandos.
La ofensiva rusa de los últimos días incluyó además ataques contra Kiev y otras ciudades, con víctimas civiles y daños en infraestructura. Autoridades ucranianas denunciaron que una oleada reciente provocó incendios y afectó edificios históricos, incluida la zona de la Catedral de la Dormición, un complejo religioso de enorme valor simbólico.
En paralelo, Ucrania busca reforzar su capacidad defensiva con apoyo de Estados Unidos y del G7. Tras reunirse con el presidente estadounidense Donald Trump durante la cumbre del grupo realizada en Francia, Zelenski afirmó que espera una respuesta positiva para obtener licencias que permitan a empresas ucranianas fabricar sistemas de defensa aérea antibalística e interceptores.
El objetivo de Kiev es reducir la dependencia de entregas externas, acelerar la producción de misiles defensivos y fortalecer la protección de ciudades ante los ataques rusos. Según Zelenski, la capacidad industrial existe, pero necesita autorizaciones, cooperación tecnológica y acuerdos con proveedores occidentales.
Los países del G7 discutieron durante la cumbre nuevas sanciones contra Rusia, mayores entregas de defensa aérea y la posibilidad de habilitar producción bajo licencia de misiles de largo alcance y sistemas antiaéreos en territorio ucraniano. Para Kiev, esa decisión sería decisiva para sostener la guerra en un escenario donde Moscú mantiene ataques diarios con drones, misiles y bombas guiadas.
El ultimátum a Lukashenko agrega ahora un nuevo factor de riesgo regional. Si Bielorrusia no retira o apaga los equipos señalados por Ucrania, un eventual ataque ucraniano dentro de territorio bielorruso podría ampliar la dimensión geográfica del conflicto y generar una respuesta política o militar de Minsk y Moscú.
Para Zelenski, sin embargo, el mensaje apunta a impedir que Bielorrusia siga operando como retaguardia tecnológica de Rusia sin pagar costos. “Cada día mueren civiles”, planteó el presidente ucraniano, al justificar la amenaza. La frase resume el dilema estratégico de Kiev: tolerar bases de apoyo ruso al otro lado de la frontera o golpear infraestructura que, según sus servicios de inteligencia, permite dirigir ataques contra población civil.
La advertencia vuelve a colocar a Lukashenko ante una definición. Puede desactivar los equipos y sostener su discurso de no participación directa, o mantenerlos operativos y asumir el riesgo de que Ucrania lleve la guerra al territorio bielorruso. En ambos casos, el frente norte vuelve a encenderse y confirma que la guerra ya no se libra sólo en las trincheras del este y el sur, sino también en el dominio tecnológico que decide la precisión y el alcance de los drones.




