Buenos Aires – 29 Junio 2026 – Total News Agency – TNA – La inflación de junio habría vuelto a desacelerarse y podría ubicarse por debajo del 2% mensual, un dato que, de confirmarse en la medición oficial del INDEC, representaría una señal política y económica de alto valor para el gobierno de Javier Milei y para el ministro de Economía, Luis Caputo, en medio de una etapa donde la estabilidad de precios se convirtió en el principal argumento de gestión.
Las estimaciones privadas conocidas durante los últimos días muestran una clara moderación en el rubro Alimentos y bebidas, la división más sensible para los hogares y una de las de mayor incidencia en el Índice de Precios al Consumidor. El comportamiento más contenido de carnes, frutas, bebidas y otros productos de consumo cotidiano habría permitido compensar las subas puntuales observadas en verduras, embutidos y algunos artículos de almacén.
El dato todavía es preliminar, pero marca una continuidad de la tendencia iniciada luego del salto de marzo, cuando la inflación mensual había alcanzado el 3,4%, el registro más alto de los últimos doce meses. Desde entonces, el índice comenzó a mostrar un sendero descendente: abril cerró con 2,6% y mayo con 2,1%, según el informe oficial del INDEC. Si junio finalmente queda por debajo de esa marca, el Gobierno podrá exhibir el tercer mes consecutivo de desaceleración.
La clave está en los alimentos. De acuerdo con los relevamientos privados, la presión semanal se redujo durante la segunda mitad del mes. Econviews registró en la cuarta semana de junio una suba de apenas 0,2% en su canasta de Alimentos y bebidas en supermercados, por debajo del 0,3% de la semana anterior. En ese informe se destacaron aumentos en embutidos, con una variación de 2,6%, pero también bajas en bebidas, que retrocedieron 0,8%. Con esos datos, el acumulado de las últimas cuatro semanas descendió a 1,1%.
La medición de LCG también apuntó en la misma dirección. La consultora no detectó variación semanal en alimentos y bebidas hacia el cierre de junio, debido a que los aumentos en verduras y bebidas fueron neutralizados por bajas en carnes y frutas. Según ese relevamiento, la inflación mensual promedio de las últimas cuatro semanas se desaceleró 0,4 puntos porcentuales y se ubicó en torno al 1,5%.
Por su parte, Analytica informó que los precios de alimentos y bebidas subieron apenas 0,1% en la cuarta semana del mes, con un promedio de las últimas cuatro semanas de 1,4%. En su estimación general, la consultora proyectó una inflación de 1,8% para junio, por debajo del 2,1% que había previsto el último Relevamiento de Expectativas de Mercado del BCRA.
La diferencia no es menor. El REM todavía anticipaba que el índice recién perforaría el piso del 2% hacia agosto. Sin embargo, la dinámica más favorable de los alimentos podría adelantar ese escenario y darle al oficialismo una noticia económica de impacto antes de la publicación formal del dato, prevista para los primeros días de julio.
El Gobierno sigue de cerca esa evolución porque la baja de la inflación es el corazón del programa económico. La administración de Milei sostiene que el equilibrio fiscal, el control de la emisión monetaria, la menor volatilidad cambiaria y la recomposición de reservas forman parte de un mismo esquema destinado a estabilizar la economía. En esa línea, Caputo viene defendiendo que la desaceleración de precios no responde a un fenómeno aislado, sino a la consistencia del programa.
El último informe del INDEC había mostrado que en mayo el nivel general del IPC aumentó 2,1%, acumuló 14,7% en los primeros cinco meses del año y registró una variación interanual de 33,2%. Dentro de ese resultado, Alimentos y bebidas no alcohólicas subió 2,5% y tuvo fuerte incidencia en casi todas las regiones del país, principalmente por aumentos en pan, cereales y productos lácteos.
Ahora, el cambio de junio parece estar vinculado a una canasta más estable. En el detalle de Analytica, las mayores subas mensuales se observaron en verduras, con 5,3%, y en aguas, gaseosas y jugos, con 2,4%. En sentido contrario, se registraron bajas en pescados y mariscos, con 1,9%, y en frutas, con 2,3%. Esa combinación habría permitido que el promedio general quedara contenido.
El interrogante pasa por los rubros regulados y los servicios. Aunque los alimentos explican buena parte del humor social, el índice general también depende de tarifas, combustibles, transporte, comunicaciones, prepagas, alquileres y otros componentes que pueden limitar la desaceleración. En mayo, por ejemplo, Comunicación había sido la división de mayor aumento, con 3,4%, seguida por Educación, con 2,9%.
Por eso, los analistas recomiendan prudencia. Una inflación inferior al 2% sería un dato relevante, pero no implica por sí sola que el proceso esté consolidado. La economía todavía enfrenta el desafío de sostener la desinflación sin profundizar la caída del consumo, en un contexto donde los salarios y jubilaciones siguen intentando recomponer poder adquisitivo luego de años de pérdida.
Aun así, el posible resultado de junio sería leído por el oficialismo como una ratificación de rumbo. Para Milei y Caputo, perforar el 2% antes de lo previsto permitiría reforzar el relato de estabilización, contener expectativas y mostrar que la desaceleración no quedó limitada a un mes puntual.
La publicación oficial del INDEC será determinante. Hasta entonces, los relevamientos privados coinciden en una señal: los alimentos dejaron de empujar con la misma fuerza que en meses anteriores y abrieron la posibilidad de que junio cierre con la inflación mensual más baja en varios meses.




