Rosario – 7 julio 2026 – Total News Agency – TNA — La Universidad Nacional de Rosario (UNR) quedó en el centro de una fuerte controversia institucional y moral luego de que la Facultad de Humanidades y Artes habilitara una actividad de evidente sesgo pro-Hamás, presentada bajo el ropaje académico de una conferencia sobre Palestina, pese a que la Argentina reconoce formalmente a Hamás como organización terrorista.
La actividad fue difundida por la propia Facultad con el título “La Nakba palestina. Etapa de exterminio y reexistencia”, como acto inaugural de la Cátedra Libre “Said-Fanon. Acercamientos a las sociedades del sur global”. Según la agenda oficial de Humanidades y Artes de la UNR, el encuentro fue convocado para el martes 1 de julio, a las 17, en el Salón de Actos de la sede de Entre Ríos 758, con exposición de Gabriel Sivinian (UBA) en conversación con Federico Donner (UNR).
El problema no es la existencia de un debate universitario sobre Medio Oriente. El problema es que una institución pública argentina, financiada por los contribuyentes, habilite una actividad que, por su formulación, omisiones y marco político, termina funcionando como una plataforma de propaganda favorable a la narrativa de Hamás, una organización que perpetró la masacre del 7 de octubre de 2023, asesinó civiles, secuestró familias, tomó rehenes y utilizó a niños, ancianos y mujeres como moneda de negociación.
La gravedad institucional es todavía mayor porque Hamás no es una organización política más ni una “resistencia” legitimable desde un aula universitaria. El Gobierno argentino incluyó formalmente a Hamás en el Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a actos de Terrorismo y su Financiamiento (RePET) el 12 de julio de 2024. La comunicación oficial del Estado argentino fue explícita: la organización quedó enlistada como terrorista y alcanzada por los controles correspondientes.
En ese contexto, la UNR no puede fingir neutralidad. Una universidad pública argentina no debería prestar su infraestructura, sus canales institucionales ni su prestigio académico para actividades que relativizan, encubren o silencian el carácter terrorista de Hamás. Menos aún cuando el propio Estado argentino ya definió jurídicamente a esa organización como una entidad vinculada al terrorismo y su financiamiento.
El episodio constituye, además, un agravio directo a la memoria de la familia Bibas-Silberman, con profundas raíces argentinas y rosarinas. Shiri Silberman Bibas, madre de Ariel y Kfir Bibas, fue secuestrada por terroristas de Hamás durante el ataque del 7 de octubre en Israel. Sus hijos, Ariel, de 4 años, y Kfir, de apenas 9 meses al momento del secuestro, se convirtieron en símbolo mundial de la crueldad terrorista.
El Gobierno argentino decretó duelo nacional por Ariel y Kfir Bibas y expresó sus condolencias a la familia, luego de que las autoridades israelíes confirmaran el asesinato de los niños en cautiverio. En ese comunicado, la Casa Rosada recordó el tormento sufrido por Yarden Bibas, padre de los menores, quien permaneció secuestrado durante 484 días.
Frente a esa historia, la decisión de Humanidades y Artes de la UNR no puede ser leída como una simple actividad académica. En una ciudad atravesada por la memoria de la familia Silberman, permitir una convocatoria unilateral que habla de “exterminio” y “reexistencia” sin una condena explícita a Hamás, sin mención a los rehenes, sin referencia al 7 de octubre y sin reconocimiento del crimen contra los niños Bibas, equivale a tomar partido por una narrativa que borra a las víctimas del terrorismo.
El rector Franco Bartolacci debería intervenir de manera inmediata. No para censurar el debate universitario, sino para impedir que la autonomía académica sea utilizada como cobertura de propaganda política favorable a una organización terrorista. La libertad de cátedra no puede ser una excusa para legitimar discursos que omiten deliberadamente la masacre de civiles, el secuestro de bebés y el uso de cadáveres como instrumento de negociación.
La UNR tiene una responsabilidad pública. No es una organización militante, no es una agrupación internacional y no es una plataforma de activismo extranjero. Es una universidad nacional argentina. Como tal, debe respetar el marco jurídico del país y actuar con especial cuidado cuando se aborda a una organización incluida en el registro nacional de entidades terroristas.
La Facultad de Humanidades y Artes podrá sostener que la actividad formaba parte de una cátedra libre o de un análisis histórico. Pero ninguna coartada académica alcanza cuando el resultado político es lavar la imagen de Hamás o instalar una lectura que presenta a los victimarios como actores de “resistencia” y a las víctimas como daños colaterales del relato.
El silencio sobre Kfir, Ariel y Shiri es ensordecedor. El silencio sobre los asesinados del 7 de octubre es inadmisible. El silencio sobre los rehenes es una forma de complicidad moral. Y el silencio sobre la condición terrorista de Hamás, reconocida oficialmente por Argentina, transforma la actividad en un hecho político que compromete a la universidad.
La cuestión excede a Rosario. Si una universidad pública puede habilitar una actividad de esta naturaleza sin condenar a Hamás, mañana cualquier institución estatal podría convertirse en caja de resonancia de discursos que justifican o relativizan el terrorismo. Ese es el límite que el sistema democrático no debería cruzar.
El rectorado de la UNR debe dar explicaciones. Debe aclarar si avala la actividad, si comparte su enfoque y si considera aceptable que una facultad utilice recursos públicos para promover una narrativa alineada con una organización terrorista. También debería convocar a la comunidad judía rosarina y a familiares de víctimas argentinas del terrorismo de Hamás, no para equilibrar una agenda, sino para reparar un agravio.
La universidad pública no puede ser neutral entre víctimas y terroristas. No puede hablar de derechos humanos mientras omite a los bebés secuestrados. No puede invocar el pensamiento crítico mientras reproduce consignas que favorecen a una organización que asesinó, torturó, secuestró y aterrorizó civiles.
La actividad en Humanidades y Artes dejó a la UNR frente a una pregunta elemental: si Argentina reconoce a Hamás como organización terrorista, ¿por qué una universidad nacional habilita espacios que, en los hechos, terminan funcionando como propaganda de esa misma organización?





