Por Enrique Guillermo Avogadro
“La democracia es la teoría de que la gente común sabe lo que quiere, y merece conseguirlo bien y fuerte". Henry Louis Mencken
Como siempre, los mundiales de fútbol, además de hacer casi imposible competir por la atención de los lectores durante su desarrollo, exacerban la imaginación; esta vez me refiero a un “meme” sumamente acertado: ante la pregunta acerca de cómo es vivir en la Argentina, alguien responde: “¿Viste el partido contra Egipto? Bueno, es así, pero todos los días”. Hoy mismo, cuando esta noche nuestro seleccionado jugará en cuartos contra Suiza, escribo con la certeza de que serán muy pocos los interesados en esta nota.
Lamentablemente, las previsiones acerca de la extrema fragilidad del cese del fuego firmado entre EEUU e Irán se confirmaron y todo el Golfo Pérsico ha vuelto a saltar por el aire. Los ayatollahs terroristas que se han hecho cargo del poder – mucho más agresivos y desafiantes que aquéllos que fueron ajusticiados en febrero – descubrieron que el control del estrecho de Ormuz es todavía más importante, como arma contra sus enemigos regionales y, de paso, contra la economía global, que cualquier eventual avance de su programa nuclear que, por otra parte, no estaba siquiera considerado en el memorándum de catorce puntos que acaba de dejar de existir. Los ataques a buques que intentaron atravesar ese crítico paso sin autorización de la Guardia Revolucionaria ni pagar peajes permitieron a Donald Trump ordenar nuevos bombardeos, que fueron respondidos por Irán con misiles y drones sobre bases militares de EEUU e instalaciones petrolíferas en varios países vecinos, como Kuwait, Emiratos Arabes Unidos, Bahrein y hasta Jordania.
Quienes supieran de antemano de esta reanudación de las hostilidades (como sucedió con cada ida y vuelta en las declaraciones de Trump) habrán hecho enormes fortunas en las bolsas y, sospechosamente, entre ellos estarán los familiares del magnate, si no él mismo. En una expansión de la megalomanía que lo caracteriza y que lo lleva, en un remedo del primer Juan Domingo Perón, a rebautizar edificios públicos y aeropuertos, y a aceptar el regalo de un avión, ahora firma los billetes de dólar y hasta los pasaportes y celebra el 250° aniversario de la independencia como si hubiera sido su obra.
En la cumbre de OTAN, celebrada esta semana en Ankara, sus aliados cedieron ante sus reclamos para incrementar fuertemente sus presupuestos de defensa – es decir, comprarle material bélico – y se sumaron tanto a la intención de impedir que Irán desarrolle armamento atómico cuanto a la necesidad de reabrir libremente el crucial estrecho. Simultáneamente, Israel encendió alarmas cuando dijo que podría atacar a Turquía, a quien ya considera su enemigo, pese a que Trump trata a Recep Erdogan, su Presidente, como aliado esencial luego de separarlo de Rusia; esta nueva orientación diplomática del magnate también lo llevó a ponderar a Ahmed al-Sharaa, el ex miembro de Al Qaeda y actual Presidente de Siria, a quien pretende encomendar la seguridad de Líbano.
Veo a la OTAN cada vez más convencida de que Vladimir Putin no enterrará su hacha de guerra cuando logre sus objetivos militares – como mínimo, la conquista total del Donbass y la aceptación de la rusificación de Crimea – y se prepara para reamarse en los próximos años pero, mientras tanto, no cesa de provocar al autócrata, en la práctica un neo-Zar, olvidando que gobierna la primera potencia nuclear del mundo. Éste, por su parte, empantanado en un conflicto – su “operación especial” – que ya supera en duración a toda la I Guerra Mundial y a la participación de su país en la II, sufre presiones internas tanto desde la población civil cuanto desde los sectores belicistas, que le exigen respuestas más inmediatas y firmes ante los ataques de Ucrania – que Kiev realiza con innegable colaboración de sus vecinos y de los servicios de inteligencia occidentales – a su capital y a sus refinerías, algo a lo cual aún se resiste porque sólo puede hacerlo recurriendo a armamento nuclear táctico, lo cual desataría una conflagración mundial.
En otro escenario, oficialmente EEUU contabilizó las reservas de petróleo y gas venezolanos como si fueran propios. Más curioso aún fue que, después de que el Departamento de Estado impidiera el retorno de María Corina Machado a su país en dos oportunidades, Trump dijera a la prensa que no tiene objeción a su regreso; sin duda, esta contradicción obedece tanto a las internas de Washington cuanto a la presión del importante voto latino, que exige el llamado a elecciones libres y ve con pésimos ojos la continuidad de Delcy Rodríguez como Presidente delegada, rodeada por su hermano Jorge y Diosdado Cabello, los mismos que continúan persiguiendo a los opositores y han encarcelado, torturado y asesinado a tantos de sus compatriotas, además de saquear el país hasta dejarlo exánime, tal como se pudo comprobar por la carencia de medios para atender la tragedia de los recientes sismos.
Y finalmente, la Argentina. En medio de los ya innegables éxitos macroeconómicos del gobierno libertario, y despejada la niebla del affaire Manuel Adorni que impedía verlos, mi preocupación más acuciante se refiere al inmundo y bastardo pasticho que la Casa Rosada está haciendo con el tema de las designaciones de jueces, que cada vez huele más a garantía de impunidad para los peores delincuentes, sean éstos funcionarios públicos, dirigentes deportivos o empresarios cómplices y corruptos. Como Javier Milei no parece percibirlo, insisto en que ese punto es esencial, entre otros menores – como el dudoso peligro de un retorno del pero-kirchnerismo al poder -, para reducir el famoso “riesgo-país” que, en el actual nivel de 400 puntos, todavía impide a nuestro país acceder a los mercados voluntarios de crédito a tasas razonables para financiar a largo plazo, como hacen todas las naciones, los grandes déficit en infraestructura que padecemos.




