Buenos Aires – 21 Julio 2026 – Total News Agency – TNA – La calificadora internacional Moody’s Ratings elevó la nota de la deuda soberana argentina de Caa1 a B3 y modificó la perspectiva de estable a positiva, al considerar que disminuyó significativamente el riesgo de incumplimiento y que el programa económico avanzó desde una primera etapa de emergencia hacia una estabilización más sostenible.
La mejora alcanza las calificaciones de emisor de largo plazo en moneda local y extranjera. Con la nueva nota, Moody’s quedó alineada en términos generales con S&P Global Ratings y Fitch Ratings, que durante 2026 también elevaron la deuda soberana argentina al nivel equivalente de B-.
La decisión representa una señal favorable para el Gobierno de Javier Milei y para el ministro de Economía, Luis Caputo, pero no implica que la Argentina haya recuperado el grado de inversión ni que haya dejado atrás todos sus riesgos financieros. La categoría B3 continúa dentro del universo especulativo y señala que la deuda mantiene una elevada exposición frente a cambios económicos, políticos o financieros adversos.
Moody’s fundamentó la suba en los superávits fiscales, la desaceleración de la inflación, la reducción del financiamiento monetario y la continuidad de las reformas económicas. También destacó la mejora en la gobernanza y una mayor previsibilidad de las decisiones oficiales respecto de ciclos anteriores.
La calificadora sostuvo que “el riesgo de incumplimiento de Argentina ha disminuido de forma significativa” porque la estabilización macroeconómica superó la etapa inicial del ajuste y comenzó a producir una mejora más duradera de los fundamentos crediticios.
Una mejora importante, pero todavía dentro de la deuda riesgosa
La escala de Moody’s ubica a B3 seis escalones por debajo del grado de inversión. La nota indica que el país dispone de una mayor capacidad para cumplir sus compromisos que cuando estaba en Caa1, pero todavía presenta vulnerabilidades crediticias considerables.
La perspectiva positiva significa que Moody’s podría volver a subir la calificación durante los próximos 12 a 18 meses si la Argentina mantiene la disciplina fiscal, fortalece sus reservas internacionales y consolida el acceso al financiamiento sin recurrir a mecanismos compulsivos o extraordinarios.
La agencia también elevó los techos que limitan las calificaciones que pueden alcanzar empresas y emisores dentro del país: el correspondiente a moneda local pasó de B1 a Ba3, mientras el de moneda extranjera subió de B2 a B1. Esas notas no deben confundirse con la calificación soberana B3, sino que representan el nivel máximo potencial para determinados emisores argentinos.
El viceministro de Economía, José Luis Daza, celebró la decisión y afirmó que las tres grandes agencias quedaron alineadas por primera vez en más de una década. Según el funcionario, esa coincidencia puede habilitar la entrada de fondos institucionales cuyos estatutos exigen calificaciones mínimas otorgadas por dos o más agencias.
La afirmación debe tomarse con cautela. La mejora puede ampliar el universo de inversores habilitados para analizar activos argentinos, pero muchos fondos previsionales, aseguradoras y grandes administradores internacionales solamente pueden comprar deuda con grado de inversión, condición que el país todavía no posee.
El superávit fiscal como ancla del programa
Moody’s identificó al equilibrio de las cuentas públicas como la principal fortaleza del programa económico.
La agencia destacó que el Gobierno sostuvo superávits fiscales, eliminó el financiamiento directo del Banco Central al Tesoro y redujo distorsiones que durante años alimentaron la inflación, la emisión monetaria y las crisis cambiarias.
A diferencia de otros planes de estabilización, que dependieron de controles temporales o ingresos extraordinarios de divisas, Moody’s consideró que el proceso actual se apoya en una corrección más permanente de los desequilibrios fiscales y en una progresiva normalización monetaria y cambiaria.
La calificadora proyectó un crecimiento del producto bruto interno del 3,4% para 2026 y del 3,5% para 2027. También señaló que la reducción de la inflación puede favorecer una recuperación gradual de los ingresos reales, la inversión privada y el consumo, aunque la mejora todavía no llega de manera uniforme a todos los hogares.
El análisis favorable de Moody’s contrasta con el deterioro que continúan mostrando algunos indicadores sociales. La reducción del riesgo soberano y el superávit fiscal no eliminan el problema de los bajos salarios, la pérdida de poder adquisitivo, el endeudamiento familiar ni las dificultades de pequeñas empresas y trabajadores independientes.
Energía, minería y exportaciones
El segundo fundamento central de la decisión fue la transformación del frente externo.
Moody’s destacó que el sector energético dejó de representar una fuente permanente de pérdida de divisas y comenzó a generar un superávit creciente, impulsado por Vaca Muerta, la ampliación de los oleoductos, el incremento de la producción de gas y petróleo y nuevos proyectos de exportación.
La agencia también remarcó el crecimiento de las inversiones en minería, especialmente en cobre, litio, oro e infraestructura asociada.
El informe puso el foco en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones —RIGI—, que reúne proyectos aprobados y en evaluación por más de USD 140.000 millones. El Gobierno informó que existen 41 iniciativas con potencial para generar cerca de 197.000 puestos de trabajo directos e indirectos.
Moody’s calculó una cartera total de USD 141.700 millones, equivalente a alrededor del 20% del PBI, de los cuales aproximadamente USD 45.000 millones estarían en etapa de ejecución o concreción.
El volumen anunciado no representa dinero ya ingresado al país. Incluye proyectos aprobados, propuestas en evaluación e inversiones previstas durante varios años. Su impacto efectivo dependerá de que las iniciativas obtengan financiamiento, superen los procesos regulatorios y mantengan su viabilidad frente a cambios políticos, tributarios y económicos.
Reservas: la principal debilidad que todavía persiste
La acumulación de divisas fue otro de los elementos valorados por la calificadora. Según el informe, el Banco Central de la República Argentina —BCRA— compró más de USD 11.000 millones durante la primera mitad de 2026 sin provocar presiones significativas sobre el tipo de cambio.
No obstante, Moody’s advirtió que los niveles de reservas continúan siendo relativamente débiles. La Argentina todavía debe afrontar importantes vencimientos de deuda en 2026 y 2027 y conserva una capacidad limitada para resistir una salida brusca de capitales, una caída de los precios de exportación o un shock político.
S&P también advirtió que, pese a la reducción de las vulnerabilidades, la economía argentina continúa expuesta a shocks externos, cambios en las expectativas internas y movimientos de capital que pueden afectar el peso y la disponibilidad de divisas. La agencia elevó en junio sus notas soberanas a B-/B desde CCC+/C.
Fitch había mejorado previamente la calificación argentina a B-, aunque mantuvo entre los riesgos la volatilidad internacional, la confianza de los inversores y la incertidumbre electoral.
El riesgo político de 2027
Moody’s consideró que el abanico de políticas posibles se redujo respecto de crisis anteriores y que aumentó la probabilidad de continuidad de la disciplina fiscal y monetaria. Sin embargo, identificó a las elecciones presidenciales de 2027 como uno de los principales factores de incertidumbre.
La calificadora advirtió que una futura administración más intervencionista podría revertir reformas, introducir nuevamente controles cambiarios, alterar las reglas de inversión y debilitar el equilibrio fiscal.
Ese escenario, según Moody’s, podría frenar el ingreso de capitales, reducir la acumulación de reservas y erosionar las mejoras crediticias alcanzadas durante el actual proceso de estabilización.
La advertencia también muestra que la suba de la nota no constituye un cheque en blanco al Gobierno. Moody’s reconoce avances, pero condiciona futuras mejoras a la continuidad de las políticas, la ejecución efectiva de las inversiones y el fortalecimiento de los colchones externos.
La Argentina consiguió abandonar las categorías más próximas al incumplimiento, pero todavía carga con el historial de defaults, reestructuraciones, controles y cambios abruptos de reglas que durante décadas destruyeron la confianza.
La mejora a B3 es, por lo tanto, una señal relevante de normalización. Puede contribuir a reducir el costo del financiamiento, mejorar el valor de los bonos y facilitar el acceso de empresas y provincias a los mercados. Pero el país continúa lejos del grado de inversión y mantiene como desafío central transformar la estabilización financiera en crecimiento, empleo e ingresos reales.




