Madrid – 25 Julio 2026 – Total News Agency – TNA-. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, admitió este sábado que la situación de los incendios que arrasan el oeste de la Comunidad de Madrid y la provincia de Ávila “sigue siendo compleja”, pese a la mejora nocturna de la temperatura y la humedad, debido a la incertidumbre sobre la dirección y la intensidad de los vientos que continúan alimentando los principales frentes.
Sánchez visitó el Puesto de Mando Avanzado instalado en Cenicientos, acompañado por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y responsables de la Unidad Militar de Emergencias —UME—. Allí anunció que los incendios de Madrid y Ávila comenzarán a gestionarse operativamente como una sola emergencia, con un mando unificado destinado a coordinar recursos militares, autonómicos, municipales y estatales.
“Nuestra prioridad está en salvaguardar las vidas”, declaró el jefe del Ejecutivo, quien aseguró que el Estado mantiene desplegados todos los recursos disponibles para combatir las llamas y asistir a las personas evacuadas o confinadas. La declaración de emergencia de interés nacional permitió que el Ministerio del Interior asumiera formalmente la dirección de las actuaciones y colocara la conducción operativa en manos de la UME.
Más de 63.000 personas permanecían afectadas por órdenes de evacuación o confinamiento. En Madrid, más de 30.000 vecinos debieron abandonar preventivamente sus viviendas y alrededor de otros 20.000 recibieron instrucciones de permanecer bajo techo. Los desplazamientos alcanzaron urbanizaciones, residencias, campamentos y localidades enteras situadas en la trayectoria del fuego.
Las estimaciones sobre la superficie quemada variaban a medida que los equipos técnicos actualizaban los perímetros. Los balances oficiales de primera hora situaban en más de 15.000 hectáreas el área arrasada conjuntamente en Madrid y Ávila, mientras evaluaciones posteriores y fuentes regionales elevaban la cifra por encima de las 25.000 hectáreas. La diferencia responde a que varios frentes permanecen activos, el humo impide mediciones precisas y las cifras satelitales no siempre coinciden inmediatamente con las estimaciones realizadas sobre el terreno.
En la Comunidad de Madrid, el fuego ya consumió más de 9.000 hectáreas y fue calificado por autoridades regionales como el peor episodio forestal de su historia reciente. Dos grandes incendios terminaron fusionándose el viernes, formando un frente que todavía no llegó a unirse con el de Burgohondo, en Ávila, aunque la proximidad obliga a tratarlos como una amenaza territorial continua.
Las condiciones meteorológicas mejoraron durante la madrugada: bajaron las temperaturas, aumentó la humedad y disminuyó temporalmente la intensidad del viento. Los bomberos aprovecharon esa “ventana de oportunidad” para trabajar sobre los flancos y reforzar líneas de contención. Sin embargo, las previsiones incluían rachas de hasta 60 kilómetros por hora, capaces de reactivar focos, lanzar pavesas a grandes distancias y abrir nuevos frentes detrás de las posiciones de los equipos de extinción.
El humo cubrió amplias zonas del oeste madrileño y llegó al centro y norte de la capital. Las autoridades sanitarias aconsejaron reducir las actividades al aire libre, mantener cerradas puertas y ventanas y utilizar mascarillas FFP2 en las zonas con mayor concentración de partículas. La ceniza cayó sobre terrazas, vehículos y calles situadas a decenas de kilómetros de las llamas.
En El Escorial, el histórico monasterio declarado Patrimonio Mundial por la Unesco permanecía rodeado por una densa humareda, aunque no se informaron daños en el conjunto monumental. La aproximación del fuego obligó a mantener dispositivos de protección y vigilancia sobre uno de los sitios culturales más importantes de España.
También fue desalojado preventivamente el Complejo de Comunicaciones con el Espacio Profundo de Robledo de Chavela, una estación integrada a la red mundial de la NASA para mantener contacto con sondas y misiones interplanetarias. La medida buscó proteger al personal ante el deterioro de la calidad del aire y la posible aproximación de las llamas a la infraestructura.
La alcaldesa de Brunete, Mar Nicolás, describió la emergencia como una “catástrofe” y manifestó su preocupación por los vecinos que perdieron viviendas, animales, explotaciones rurales y medios de vida. La localidad se encuentra próxima a varios municipios desalojados o alcanzados por el humo y las restricciones de circulación.
El operativo enfrenta además cortes en carreteras y telecomunicaciones. Decenas de vías permanecieron cerradas para permitir el paso de los equipos de emergencia y evitar que los conductores quedaran atrapados. La pérdida de cobertura en municipios afectados complicó las comunicaciones entre vecinos, autoridades y brigadas, y obligó a las operadoras a desplegar unidades móviles.
España solicitó asistencia al Mecanismo Europeo de Protección Civil, que movilizó aviones anfibios procedentes de Grecia e Italia y activó el sistema satelital Copernicus. La ayuda exterior se incorporó a un dispositivo nacional que incluye efectivos de la UME, brigadas forestales, bomberos regionales, Guardia Civil, Policía y medios aéreos del Ministerio para la Transición Ecológica.
La magnitud de los incendios volvió a colocar bajo discusión la prevención, el mantenimiento de los montes y la disponibilidad efectiva de los recursos anunciados por el Gobierno. Bomberos forestales madrileños denunciaron que parte del personal permaneció inicialmente sin autorización para intervenir en el incendio de Almorox, antes de que las llamas cruzaran hacia Madrid. La administración regional negó haber paralizado deliberadamente los medios, pero el episodio abrió cuestionamientos sobre la coordinación durante las primeras horas.
La Guardia Civil detuvo a una persona e investiga a otra por su posible responsabilidad en el incendio de Burgohondo. Las primeras pesquisas apuntan al uso de maquinaria pesada en una zona donde esos trabajos estaban restringidos por el riesgo extremo de incendio. La investigación deberá establecer si existió negligencia, incumplimiento de las prohibiciones y ausencia de los equipos preventivos exigidos.
Los datos nacionales muestran una temporada nuevamente devastadora. El Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales —EFFIS— calculaba el 22 de julio cerca de 120.000 hectáreas quemadas en España, más del triple que en la misma fecha de 2025. Estimaciones actualizadas difundidas durante el fin de semana situaban el total anual por encima de las 130.000 hectáreas, mientras continuaban activos los grandes frentes de Madrid, Ávila y otras regiones.
España ya había sufrido en 2025 la peor temporada de incendios de su historia reciente, con alrededor de 393.000 hectáreas calcinadas. La repetición de episodios de enorme intensidad obligó al secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán, a advertir que el país enfrenta incendios de “nueva generación”, capaces de modificar localmente los vientos, superar los dispositivos tradicionales y producir propagaciones que quedan temporalmente fuera de la capacidad de extinción.
Fuentes consultadas: Presidencia del Gobierno de España; Ministerio del Interior; Boletín Oficial del Estado; Unidad Militar de Emergencias; EFFIS-Copernicus; EFE; Reuters; AFP; El País; Cadena SER; The Guardian; autoridades de la Comunidad de Madrid y Castilla y León





