Por equipo de redacción TNA
La breve recepción que Marco Rubio dispensó a Javier Milei en Nueva York contrastó con la bilateral formal que Donald Trump mantuvo con el premier británico Andy Burnham, donde sí se habló de Malvinas. Según versiones recogidas por TNA en Washington que coinciden con otras ya recibidas, el episodio habría reflejado un malestar previo por la adjudicación de la Hidrovía: Rubio habría hecho llegar advertencias directas a Luis Caputo y Santiago Caputo para que no avanzaran con la firma, pero ambos habrían desoído el mensaje. El Presidente, según esas mismas fuentes, no habría sido informado.
Nueva York – 24 Septiembre 2026 – Total News Agency – TNA– La imagen fue demasiado elocuente para pasar inadvertida: Javier Milei terminó su paso por las Naciones Unidas sin una bilateral con Donald Trump y con una conversación breve, de pie y en un pasillo con el secretario de Estado Marco Rubio, mientras el mandatario estadounidense sí destinaba tiempo para encuentros formales con otros jefes de Estado y de Gobierno, entre ellos el primer ministro británico Andy Burnham. La escena generó interrogantes en Buenos Aires, pero en Washington comenzó a circular una explicación más profunda que conecta el desplante diplomático con uno de los contratos de infraestructura más sensibles de la Argentina: la concesión de la Hidrovía Paraná-Paraguay. Al Presidente Milei se lo vio ansiosos por acercarse a Trump, pero eso no sucedió.
Según versiones a las que tuvo acceso Total News Agency – TNA en Washington, Rubio habría enviado antes de la adjudicación de la Hidrovía a una persona de su máxima confianza con mensajes específicos destinados al ministro de Economía, Luis Caputo, y al asesor presidencial Santiago Caputo. La advertencia habría sido concreta: Washington no quería que el ministro avanzara con la firma en las condiciones en que se estaba resolviendo la concesión de una infraestructura considerada estratégica para el comercio regional, la seguridad hemisférica y el control de las rutas utilizadas también por organizaciones vinculadas al narcotráfico.
De acuerdo con esas mismas fuentes, tanto Luis Caputo como Santiago Caputo habrían ignorado el planteo. El proceso continuó y la concesión de la Vía Navegable Troncal fue finalmente adjudicada por 25 años al consorcio integrado formalmente por la belga Jan de Nul y la argentina Servimagnus, luego de obtener el primer lugar en la evaluación técnica y económica. La Resolución 36/2026 formalizó la decisión el 18 de junio, y meses después el contrato quedó plenamente constituido mediante Vía Navegable Argentina S.A.
La adjudicación, sin embargo, estuvo rodeada desde antes de su definición por cuestionamientos vinculados a las relaciones empresariales que gravitaban alrededor del consorcio ganador. Aunque los hermanos Neuss no aparecen como concesionarios formales, distintas reconstrucciones los ubicaron entre los grupos con intereses en negocios derivados, contrataciones y servicios vinculados con la Hidrovía, a los que incluso Cerimedo accedió. Esa circunstancia adquirió relevancia por la estrecha relación personal que Juan, Patricio y Georgi Neuss mantienen desde hace años con Santiago Caputo, vínculo que había sido señalado públicamente meses antes de la definición de la licitación.
Los Neuss, además, incrementaron significativamente su presencia en negocios estratégicos durante los últimos años. Sus empresas avanzaron en sectores energéticos y de infraestructura y quedaron vinculadas a espacios empresariales y políticos cercanos al asesor presidencial. Distintas investigaciones periodísticas también señalaron aportes y relaciones con estructuras vinculadas a la Fundación Faro, encabezada por dirigentes próximos al universo político de La Libertad Avanza. Esos antecedentes explicarían por qué la adjudicación fue observada con particular atención dentro y fuera del país.
La información recogida por TNA agrega ahora un dato de fuerte impacto político: Milei no habría conocido las advertencias transmitidas desde Washington. Según esas versiones, Rubio no habría planteado personalmente el asunto al Presidente porque daba por sentado que su mensaje había llegado a quienes manejaban la definición administrativa y política de la concesión. Si esa reconstrucción es correcta, la consecuencia habría sido particularmente delicada: el jefe de Estado terminó pagando el costo diplomático de una decisión sobre la cual no habría conocido las objeciones previas formuladas por uno de sus principales aliados internacionales.
El episodio de Nueva York alimentó esa lectura. Milei esperaba profundizar la relación con Trump y obtener señales explícitas sobre temas centrales de la agenda bilateral, incluida la cuestión Malvinas. Sin embargo, el encuentro de mayor nivel con Washington no pasó de una conversación breve con Rubio y de la participación compartida en la reunión del Escudo de las Américas, donde Trump permaneció apenas unos minutos y reiteró su apoyo político al presidente argentino sin celebrar una reunión bilateral específica.
El contraste fue especialmente incómodo porque Trump sí mantuvo una reunión bilateral de más de media hora con Andy Burnham, y el propio primer ministro británico confirmó posteriormente que entre los temas abordados estuvieron las Islas Malvinas. Burnham utilizó el encuentro para explicar la posición británica y dejó luego claro ante Naciones Unidas que Londres mantendría su postura sobre el archipiélago.
Para la Argentina, ese dato posee una carga política adicional. La Resolución 2065 (XX) de Naciones Unidas reconoce formalmente la existencia de una disputa de soberanía entre Argentina y Reino Unido e insta a ambos gobiernos a negociar una solución pacífica teniendo en cuenta los intereses de los habitantes de las islas. La Resolución 31/49, en tanto, reclama a las partes abstenerse de adoptar decisiones unilaterales que modifiquen la situación mientras permanezca pendiente la disputa. Que Londres consiguiera llevar Malvinas a una bilateral presidencial con Washington mientras Buenos Aires no lograba el mismo nivel de acceso constituye, como mínimo, un contraste diplomático difícil de soslayar.
Rubio intentó posteriormente exhibir normalidad institucional. Señaló públicamente que la relación bilateral es sólida y destacó la cooperación entre ambos países en energía, minerales críticos, agricultura y seguridad hemisférica. El canciller Pablo Quirno utilizó argumentos similares y sostuvo que durante el encuentro se habló de inversiones, alianza estratégica y cooperación regional. Malvinas, sin embargo, no apareció entre los temas comunicados públicamente después de la conversación.
La hipótesis que circula ahora en Washington es que el trato dispensado a Milei podría haber funcionado como señal política más que como ruptura. Estados Unidos continúa considerando a la Argentina un socio importante en energía, minerales críticos y seguridad regional, pero la Hidrovía tiene para Washington una dimensión que trasciende el dragado comercial. Por allí circula alrededor del 80% del comercio exterior argentino y constituye además una vía estratégica que conecta el corazón productivo sudamericano con el Atlántico. El interés estadounidense en evitar presencia o influencia de actores considerados sensibles sobre esa infraestructura fue una constante durante todo el proceso licitatorio.
La adjudicación oficial sostiene que Jan de Nul–Servimagnus obtuvo el contrato por presentar la propuesta considerada técnicamente y económicamente más conveniente, con un peaje de US$3,80 y una reducción estimada de costos logísticos del 13,5%. Tampoco consta públicamente una objeción formal del gobierno estadounidense al resultado. Precisamente por eso, la versión transmitida a TNA adquiere relevancia: describe una advertencia política reservada, canalizada fuera de los mecanismos diplomáticos públicos y dirigida a dos de los hombres con mayor poder operativo dentro del gobierno argentino.
Si esa reconstrucción se confirma, el problema para Milei no termina en Washington ni en la Hidrovía. Abre una cuestión interna mucho más sensible sobre cómo circula la información dentro de su gobierno y hasta dónde decisiones adoptadas por Luis Caputo y Santiago Caputo pueden comprometer la política exterior presidencial sin que el propio jefe de Estado conozca todas las advertencias recibidas. La escena del pasillo con Rubio habría sido entonces menos un episodio protocolar que la consecuencia visible de una disputa que comenzó meses antes en Buenos Aires, alrededor de una concesión multimillonaria donde intereses empresarios, relaciones personales y geopolítica terminaron cruzándose sobre la vía fluvial más importante de la Argentina.
Fuentes consultadas: Casa Blanca; Departamento de Estado de Estados Unidos; Presidencia de la Nación; Boletín Oficial de la República Argentina; Agencia Nacional de Puertos y Navegación; Resoluciones 2065 (XX) y 31/49 de Naciones Unidas; Reuters; Associated Press; La Nación; Infobae; antecedentes periodísticos sobre la adjudicación de la Hidrovía y los vínculos empresariales de los grupos intervinientes; fuentes de TNA en Washington.
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