El Bolsón – 2 Agosto 2026 – Total News Agency – TNA-. La decisión de la Municipalidad de El Bolsón, en la provincia de Río Negro, de entregar la Llave de la Ciudad al jefe internacional de una orden sufí musulmana volvió a generar interrogantes diez meses después del acto, especialmente por la ausencia de una explicación pública detallada sobre los méritos locales del homenajeado y por la escasa repercusión nacional que tuvo una gira religiosa que también incluyó la inauguración de una nueva mezquita en Olavarría.
El reconocimiento fue concedido, con nula repercusión mediática, el 22 de octubre de 2025 a Mawlana Shaykh Muhammad Adil Efendi, también conocido como Mehmet Adil, líder espiritual de la rama Haqqani de la orden sufí Naqshbandi, una corriente perteneciente al islam sunita.
La ceremonia se realizó en la plaza Pagano y fue encabezada por el presidente del Concejo Deliberante, Agustín Guasco, quien se encontraba transitoriamente a cargo del Ejecutivo municipal debido a una licencia del intendente Bruno Pogliano. El propio jefe comunal también participó del acto. La cobertura local presentó la distinción como un reconocimiento a los valores de respeto, diversidad espiritual y diálogo interreligioso.
Sin embargo, no se difundió ampliamente una ordenanza, decreto o resolución que estableciera qué acciones concretas había realizado Muhammad Adil en beneficio de El Bolsón para recibir una de las principales distinciones simbólicas que puede conceder una ciudad.
El hecho tampoco fue acompañado por una conferencia de prensa amplia, una presentación pública de los antecedentes del visitante ni una explicación detallada sobre la relación institucional entre el municipio y la organización religiosa. Durante meses permaneció limitado a medios locales, publicaciones de la comunidad sufí y registros audiovisuales del acto, hasta que volvió a circular en redes sociales durante julio de 2026.
Muhammad Adil nació en Damasco en 1957, reside habitualmente en Turquía y sucedió en 2014 a su padre, Nazim al-Haqqani, en la conducción de la rama internacional de la orden. Sus organizaciones lo presentan como el cuadragésimo primer maestro de la llamada “Cadena Dorada” Naqshbandi.
No existen hasta el momento pruebas públicas de que el clérigo haya sido condenado por delitos, figure en listas internacionales de sanciones o mantenga vínculos comprobados con organizaciones terroristas. Por esa razón, las acusaciones que lo describen automáticamente como extremista no pueden presentarse como hechos verificados.
La controversia comprobable se encuentra en otro lugar: un gobierno municipal otorgó una distinción institucional relevante a un líder religioso extranjero sin que trascendiera una fundamentación administrativa suficientemente difundida ni se conociera qué servicios había prestado específicamente a los habitantes de la localidad.
La visita a El Bolsón formó parte de una recorrida regional que también llevó a Muhammad Adil a la provincia de Buenos Aires. Durante esos días encabezó la inauguración del Centro Sufí Naqshbandi de Olavarría, considerado la primera mezquita formalmente abierta en esa ciudad.
El templo comenzó a funcionar en una antigua vivienda reacondicionada situada en la calle San Lorenzo 2874, en el barrio Pueblo Nuevo. La comunidad local llevaba alrededor de 16 años reuniéndose y está integrada mayoritariamente por argentinos convertidos al islam, según explicó su responsable a medios bonaerenses.
La inauguración se realizó el 20 de octubre de 2025 y contó con la presencia de Muhammad Adil, quien había llegado desde Turquía para recorrer comunidades de Sudamérica. El lugar fue presentado como mezquita, centro de oración y sede espiritual de la orden.
La apertura tuvo inicialmente una difusión acotada en medios religiosos y locales. La discusión nacional comenzó varios días después, cuando dirigentes y usuarios vinculados con sectores libertarios cuestionaron la instalación del templo. El caso fue entonces recogido por medios de mayor alcance y generó tanto mensajes de rechazo como defensas de la libertad religiosa.
La construcción o habilitación de mezquitas no requiere una autorización política especial por tratarse de una religión determinada. Como cualquier templo, debe cumplir las normas municipales de uso del suelo, seguridad, habilitación y edificación. La Constitución argentina garantiza la libertad de culto y el Estado mantiene un Registro Nacional de Cultos para las confesiones distintas de la Iglesia Católica.
Argentina posee comunidades musulmanas establecidas desde hace décadas. En la Ciudad de Buenos Aires se encuentran la mezquita Al Ahmad, inaugurada en 1985, y el Centro Cultural Islámico Rey Fahd, abierto en 2000 sobre un predio de unas tres hectáreas en Palermo. Este último incluye una mezquita de aproximadamente 2.000 metros cuadrados, instalaciones culturales, bibliotecas y espacios educativos.
También existen centros islámicos o salas de oración en Córdoba, Rosario, Mendoza, Tucumán, distintas localidades bonaerenses y otras provincias. El propio sitio oficial de turismo del Estado argentino menciona la mezquita de Córdoba y la Asociación de Unión Islámica de Rosario como parte del patrimonio religioso del país.
No existe, sin embargo, un relevamiento oficial de fácil acceso y permanentemente actualizado que permita conocer cuántas mezquitas, centros culturales islámicos y salas de oración funcionan actualmente, qué organizaciones los administran, cómo se financian o cuántos se encuentran inscriptos bajo una misma entidad religiosa.
Algunas estimaciones privadas sostienen que hacia fines de 2025 operaban alrededor de 34 mezquitas y centros con espacios de oración, pero esa cifra no proviene de un censo estatal y mezcla templos construidos específicamente con viviendas o locales adaptados. Algo que debería ser modificado rápidamente.
La falta de una base pública consolidada favorece interpretaciones extremas en sentidos opuestos. Por un lado, permite que cada apertura sea presentada como parte de una operación clandestina aunque haya sido habilitada legalmente. Por otro, dificulta conocer con precisión la procedencia de los fondos, las autoridades responsables y los vínculos internacionales de organizaciones que reciben visitantes extranjeros o desarrollan nuevas instalaciones.
La escasa difusión no equivale necesariamente a ocultamiento. La apertura de templos pequeños suele ser cubierta únicamente por medios municipales, religiosos o regionales, del mismo modo que ocurre con iglesias evangélicas, capillas, sinagogas u otros espacios comunitarios. Pero la entrega de una Llave de la Ciudad pertenece a una categoría distinta porque involucra una decisión oficial y una representación simbólica de toda la comunidad.
En El Bolsón, la información disponible no permite conocer si la distinción fue sometida a consideración del Concejo Deliberante, si se consultó a otras instituciones religiosas ni si existió un expediente con los antecedentes y fundamentos del homenajeado. Tampoco se informó si la municipalidad asumió gastos relacionados con la visita o si la organización fue financiada íntegramente por los anfitriones privados.
El intendente Pogliano explicó durante el acto que la presencia del líder sufí contribuía a la paz y al entendimiento entre credos, mientras representantes de la comunidad Naqshbandi destacaron que Muhammad Adil ya había visitado la Patagonia una década antes.
La libertad religiosa protege el derecho de las comunidades musulmanas a organizarse, construir lugares de culto y recibir a sus autoridades espirituales. Esa garantía no elimina la obligación de los funcionarios de explicar con documentación pública por qué entregan honores oficiales, cuáles son los antecedentes de sus destinatarios y qué relación institucional mantienen con organizaciones nacionales o extranjeras.
Una visión conservadora del orden social
La ausencia de un discurso terrorista no significa que su pensamiento sea liberal en términos occidentales. Adil defiende una interpretación tradicional de la sharía, la autoridad espiritual, los roles familiares, la vestimenta y la moral religiosa. Sus enseñanzas colocan la ley divina por encima de las preferencias individuales y rechazan buena parte de la secularización contemporánea.
Desde esa perspectiva, no comparte plenamente valores centrales de las democracias occidentales actuales, especialmente cuando entran en contradicción con su interpretación del islam. Su mensaje no propone adaptar la religión a la sociedad secular, sino preservar la identidad musulmana dentro de ella.
En una narración doctrinal publicada por una organización de sus seguidores, Adil afirmó que ningún guía verdadero puede actuar contra la sharía. Al mismo tiempo, defendió que su aplicación debe realizarse con misericordia y no con rigidez, y describió a los pecadores como personas necesitadas de orientación, no de desprecio.
Su enfoque es, por lo tanto, conservador en lo religioso, místico en lo espiritual y prudente en lo político. No presenta a Occidente como un enemigo militar al que deba atacarse, pero sí como una civilización que, en su visión, atraviesa una crisis moral causada por el materialismo y la pérdida de la fe.




