Argentina, Chile, Bolivia y Perú sellaron en Santiago su primera declaración conjunta sobre minerales estratégicos para fortalecer su peso frente a las grandes potencias. Pero detrás del gesto político persiste una debilidad estructural: el Cono Sur concentra buena parte de los recursos mundiales de litio, mientras China controla alrededor del 75% de su refinación. Sin plantas de procesamiento, financiamiento y compradores de largo plazo, la región corre el riesgo de continuar exportando materia prima mientras el mayor valor industrial queda fuera de sus fronteras.
Buenos Aires – 4 de septiembre de 2026 – Total News Agency – TNA – Argentina, Chile, Bolivia y Perú dieron el 28 de agosto un paso político inédito al firmar en Santiago una declaración conjunta sobre minerales estratégicos destinada a coordinar políticas, atraer inversiones y posicionar al Cono Sur como un proveedor confiable de los recursos que alimentarán la transición energética, la electromovilidad y buena parte de la nueva industria tecnológica mundial. El movimiento reconoce una realidad geológica extraordinaria, pero también deja expuesta una contradicción que puede definir el futuro económico de la región: Sudamérica posee una porción decisiva del litio mundial, pero China controla la etapa donde ese recurso comienza a transformarse verdaderamente en poder industrial.
El denominado Triángulo del Litio, formado principalmente por Argentina, Bolivia y Chile, alberga cerca del 60% de los recursos identificados de litio del planeta según estimaciones históricas del Servicio Geológico de Estados Unidos – USGS. Conviene distinguir recursos de reservas económicamente explotables: Bolivia, por ejemplo, dispone de unos 23 millones de toneladas de recursos identificados, pero todavía no registra reservas comerciales equivalentes en las estadísticas estadounidenses. La dimensión geológica, en cualquier caso, es enorme.
La declaración firmada en Santiago por el ministro chileno Daniel Mas, el secretario de Minería argentino Luis Lucero, el viceministro boliviano Walter Landívar y el ministro peruano Guillermo Shinno busca precisamente transformar esa abundancia en capacidad de negociación. “Posicionemos al Cono Sur como el proveedor de minerales estratégicos más confiable, sostenible y competitivo”, expresó Mas durante la reunión. El acuerdo contempla cooperación técnica, búsqueda de financiamiento multilateral, investigación conjunta y articulación público-privada.
El problema es que la extracción representa apenas el comienzo de la cadena. La Agencia Internacional de Energía – IEA calculó en su Global Critical Minerals Outlook 2026 que la concentración de la refinación volvió a aumentar durante 2025 y que China domina el procesamiento de la mayoría de los minerales energéticos estratégicos. En el caso particular del litio, su participación en la refinación global pasó de aproximadamente 70% en 2024 a cerca de 75% en 2025, mientras su industria conserva una posición especialmente fuerte en la conversión química necesaria para producir materiales de grado batería.
La diferencia es crucial. Tener litio bajo tierra no equivale a controlar la cadena de baterías. Entre la salmuera extraída de un salar y una batería instalada en un automóvil eléctrico existe una extensa secuencia industrial que incluye concentración, refinación, conversión química, producción de materiales catódicos y anódicos, fabricación de celdas y ensamblaje final. Quien domina esas etapas intermedias captura una proporción mucho mayor del valor económico y adquiere capacidad para condicionar precios, tecnología y abastecimiento.
Argentina constituye un ejemplo especialmente claro de esa tensión. El gobierno de Javier Milei apostó al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones – RIGI para acelerar proyectos capaces de generar exportaciones, dólares y empleo. En mayo, la expansión de Cauchari-Olaroz, en Jujuy, recibió aprobación bajo ese esquema. El proyecto está controlado en un 46,7% por la china Ganfeng Lithium, 44,8% pertenece a Lithium Argentina y 8,5% a la estatal jujeña JEMSE. La expansión prevé otros 40.000 toneladas anuales sobre una primera etapa que ya posee una capacidad similar.
La penetración china se amplió todavía más en Salta. El 24 de agosto, Lithium Argentina y Ganfeng cerraron los acuerdos para consolidar el proyecto Pozuelos-Pastos Grandes – PPG, donde Ganfeng tendrá el 67% y Lithium Argentina el 33%. El plan apunta a producir hasta 150.000 toneladas anuales de carbonato de litio equivalente en tres fases. Ganfeng, además, aportará US$180 millones mediante deuda convertible y ejercerá como operadora. El proyecto acumuló aproximadamente US$1.800 millones de inversión histórica y contempla una capacidad que puede convertirlo en uno de los complejos de litio más grandes del mundo.
El esquema tiene una racionalidad inmediata para la Argentina: el país necesita inversión, infraestructura y divisas, y actualmente no posee capital suficiente para financiar por sí solo plantas de escala mundial. Pero también reproduce una dificultad histórica. El mineral se extrae en territorio argentino y una parte creciente de la estructura societaria, el financiamiento, la tecnología y los contratos de comercialización queda vinculada a empresas que ya poseen capacidad de refinación y mercados en Asia. El riesgo es que Argentina aumente exponencialmente su producción sin conquistar al mismo tiempo los segmentos de mayor valor agregado.
Chile adoptó un modelo diferente, pero tampoco logró desprenderse completamente del mismo condicionante global. A fines de diciembre de 2025, Codelco y SQM constituyeron Nova Andino Litio, una sociedad conjunta con mayoría estatal destinada a explotar el Salar de Atacama hasta 2060. La creación de la compañía consolidó una de las operaciones públicas-privadas más importantes de la minería chilena y reforzó el control estatal sobre un recurso estratégico.
Sin embargo, China continúa siendo un mercado y un actor regulatorio imposible de ignorar. La operación Codelco-SQM necesitó, entre otras autorizaciones internacionales, la aprobación de la State Administration for Market Regulation – SAMR china. La dependencia comercial refleja algo más profundo: incluso un país como Chile, con décadas de experiencia minera, grandes volúmenes de producción y una institucionalidad mucho más desarrollada que sus vecinos, continúa necesitando relacionarse con la infraestructura de procesamiento y consumo del mercado chino.
Bolivia representa el caso más extremo de la distancia que existe entre poseer el recurso y poder industrializarlo. Yacimientos de Litio Bolivianos – YLB firmó acuerdos con la rusa Uranium One Group y el consorcio chino Hong Kong CBC, vinculado a CATL, por inversiones superiores a US$2.000 millones destinadas a plantas de extracción directa de litio en Uyuni. Las compañías asumieron el compromiso de financiar el 100% de la construcción mientras el Estado conservaría el 51% de los beneficios.
Pero el proceso quedó atrapado en controversias políticas, legislativas, ambientales e indígenas. Una resolución judicial de mayo de 2025 suspendió temporalmente el tratamiento de los contratos tras una acción presentada por comunidades de Nor Lípez, aunque posteriormente otro tribunal dejó sin efecto aquella medida cautelar y autorizó que el trámite legislativo continuara. Los contratos siguen mostrando hasta qué punto Bolivia depende de capital extranjero para transformar sus inmensos recursos en producción industrial.
La caída del precio del litio durante los últimos años agravó todavía más esa dependencia. Los precios descendieron más de 80% desde los máximos alcanzados en 2022, reduciendo el atractivo financiero de construir nuevas plantas fuera de los centros industriales ya consolidados. La IEA advierte que los proyectos de refinación en países que intentan desafiar a los actores dominantes pueden enfrentar costos de capital entre 20% y más de 150% superiores, mientras los costos operativos llegan a ser alrededor de 50% mayores.
Ese fenómeno favorece directamente al incumbente. Las compañías chinas poseen escala, experiencia tecnológica, financiación, cadenas logísticas, fabricantes de baterías y un gigantesco mercado doméstico. Pueden resistir períodos de precios bajos que hacen económicamente inviables proyectos emergentes en otras regiones. De ese modo, paradójicamente, el abaratamiento del litio puede reforzar la concentración que Occidente intenta reducir.
Estados Unidos y Europa observan el problema con creciente preocupación. Washington impulsó el Minerals Security Partnership y Argentina mantiene desde 2024 un memorando de entendimiento con Estados Unidos sobre minerales críticos. La Unión Europea, mediante su Critical Raw Materials Act, también busca diversificar fuentes de abastecimiento y reducir dependencias estratégicas. Pero ninguna declaración política sustituye el elemento esencial que necesita una nueva refinería: capital, tecnología y un comprador dispuesto a comprometer volúmenes durante años.
Ahí aparece el verdadero desafío para el acuerdo firmado en Santiago. Los cuatro países pueden coordinar reglas, compartir información, facilitar inversiones y negociar como proveedores. Pero mientras no construyan capacidades propias de refinación y procesamiento químico, seguirán negociando principalmente el precio de la materia prima, no el valor final de la cadena.
Para Argentina la cuestión tiene además una dimensión histórica. Durante buena parte de su desarrollo económico exportó productos primarios y compró posteriormente manufacturas elaboradas a partir de esas mismas materias primas. Raúl Prebisch convirtió esa experiencia en una de las grandes discusiones económicas latinoamericanas sobre el deterioro de los términos de intercambio y la necesidad de industrializar la producción primaria. El producto del siglo XXI ya no es la lana ni necesariamente el trigo: puede ser el litio. Pero la pregunta continúa siendo esencialmente la misma.
La declaración del 28 de agosto puede representar el comienzo de una estrategia regional importante si consigue movilizar inversión hacia el eslabón que hoy falta. El Cono Sur posee geología, grandes salares, experiencia minera y una creciente demanda mundial a su favor. Lo que todavía no posee en escala suficiente es la infraestructura que transforma esos recursos en materiales industriales avanzados.
Y allí reside la paradoja que puede definir esta década: Argentina, Bolivia y Chile pueden tener bajo sus salares una de las mayores concentraciones de litio del planeta, pero mientras China controle tres cuartas partes de su refinación, será Beijing —y no necesariamente quien posee el recurso— quien conserve una de las principales llaves de la transición energética mundial.
Fuentes consultadas: Reuters; Agencia Internacional de Energía – IEA; U.S. Geological Survey – USGS; Ministerio de Minería de Chile; Ministerio de Hidrocarburos y Energías de Bolivia; Lithium Argentina; Ganfeng Lithium; Codelco; SQM; Comisión para el Mercado Financiero de Chile; CSIS; Gobierno de Salta; Gobierno de Jujuy.
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