Mientras decenas de miles de españoles salían a las calles el 2 de septiembre para reclamar una respuesta a la crisis migratoria que golpeó a Ceuta, Pedro Sánchez permanecía en el complejo de La Moncloa, donde, según una investigación publicada por El Debate, entrenó y recibió durante aproximadamente una hora y media un masaje de su fisioterapeuta habitual. El vehículo del profesional habría quedado registrado por la seguridad presidencial pasadas las seis de la tarde, cuando comenzaban las movilizaciones. La escena adquiere una carga política singular: mientras 50.000 personas según la Delegación del Gobierno —150.000 para el Ayuntamiento— colmaban Cibeles y más de 20.000 ceutíes reclamaban soluciones, el jefe del Ejecutivo no tenía actos públicos en su agenda y permanecía dentro del complejo presidencial.
Madrid – 17 Septiembre 2026 – Total News Agency – TNA- Mientras España vivía el pasado 2 de septiembre una de las mayores movilizaciones ciudadanas provocadas por la crisis de Ceuta, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, habría elegido una actividad bastante menos agitada: entrenamiento físico y un masaje relajante dentro del complejo de La Moncloa.
La información fue revelada este jueves por el periodista Alejandro Entrambasaguas, jefe de Investigación de El Debate, quien asegura que el área de Seguridad del complejo presidencial registró pasadas las seis de la tarde la matrícula del vehículo de un fisioterapeuta que acompaña habitualmente a Sánchez durante sus entrenamientos.
Según la reconstrucción periodística, el todoterreno quedó estacionado junto a una de las rotondas interiores, aproximadamente a diez metros del edificio que alberga el gimnasio utilizado por el presidente. Sánchez habría realizado allí ejercicios de fuerza y posteriormente recibido un masaje de aproximadamente una hora y media.
La Presidencia del Gobierno no había confirmado públicamente hasta este jueves esa reconstrucción, por lo que la existencia y duración del masaje corresponden a la investigación publicada por El Debate. Lo que sí está documentado oficialmente es que Sánchez no tenía actos públicos en su agenda aquella tarde.
Y también está fuera de discusión aquello que ocurría mientras tanto fuera de La Moncloa.
El 2 de septiembre, Día de Ceuta, decenas de miles de españoles participaron en movilizaciones convocadas en numerosos municipios después de la entrada masiva de más de 70.000 migrantes registrada a finales de julio en la ciudad autónoma. Las concentraciones combinaron expresiones de solidaridad con los habitantes de Ceuta y fuertes cuestionamientos políticos al Gobierno por su gestión de la crisis y sus relaciones con Marruecos.
La imagen más potente se produjo en Madrid, donde la plaza de Cibeles quedó colmada. La Delegación del Gobierno estimó la asistencia en 50.000 personas, mientras el Ayuntamiento de Madrid elevó la cifra hasta 150.000.
La diferencia entre ambas estimaciones es considerable, pero incluso tomando el cálculo oficial más bajo, la movilización fue multitudinaria.
Allí coincidieron el presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso, el alcalde José Luis Martínez-Almeida y el líder de Vox, Santiago Abascal, en una jornada dominada por banderas españolas y ceutíes y consignas como “Ceuta no se vende, Ceuta se defiende”.
Feijóo acusó al Gobierno de haber ocultado información sobre la crisis fronteriza y sostuvo que una ciudad española había sido “invadida” con conocimiento previo del Ejecutivo. Abascal utilizó expresiones todavía más duras y calificó a Sánchez de “traidor” y “lacayo” de Marruecos. Se trata de acusaciones políticas de los dirigentes opositores, rechazadas por el Gobierno.
En Ceuta, entretanto, la protesta adquirió una dimensión excepcional para una ciudad de aproximadamente 85.000 habitantes.
Más de 20.000 personas participaron de la movilización según las primeras estimaciones oficiales, mientras fuentes policiales citadas por EFE situaron la asistencia por encima de las 25.000. Miles de vecinos marcharon con banderas de España y de la ciudad autónoma reclamando seguridad, normalización de la situación fronteriza y respuestas del Gobierno central.
La movilización coincidió con una crisis que había comenzado los días 30 y 31 de julio, cuando decenas de miles de personas procedentes de Marruecos ingresaron irregularmente en territorio español, desbordando temporalmente capacidades asistenciales, policiales y administrativas de Ceuta.
El asunto adquirió además dimensión diplomática debido a las acusaciones de sectores políticos españoles sobre la conducta de las autoridades marroquíes. El Gobierno rechazó algunas de esas interpretaciones y defendió la cooperación con Rabat para recuperar el control de la situación.
En ese contexto, la actividad privada de Sánchez durante la tarde del 2 de septiembre habría permanecido completamente ajena al debate público hasta la investigación conocida este jueves.
El relato de El Debate contiene incluso una escena de potente valor simbólico: según el periódico, mientras Sánchez recibía el tratamiento permanecía encendido, aunque sin sonido, el Canal 24 Horas de RTVE, que transmitía las manifestaciones.
De confirmarse esa reconstrucción, el presidente no habría estado precisamente desinformado sobre aquello que ocurría en las calles.
La instalación deportiva presidencial se encuentra dentro del recinto de La Moncloa y ocupa una antigua construcción que originalmente funcionó como vivienda del guardés. A comienzos de la década de 1990 fue transformada en área deportiva para uso de los presidentes del Gobierno.
Según la descripción publicada, junto al gimnasio existe una zona con sauna y dependencias auxiliares. Una de las habitaciones dispone de camilla, lavabos, duchas, baño y armarios para toallas y sería utilizada para tratamientos físicos.
El fisioterapeuta cuya matrícula habría quedado registrada por Seguridad acompaña, según El Debate, de manera habitual a Sánchez en sus entrenamientos. Por lo tanto, el tratamiento no tendría en sí mismo nada excepcional desde el punto de vista personal.
El problema es político y reside fundamentalmente en el calendario.
No era una tarde cualquiera.
Decenas de miles de ciudadanos se encontraban movilizados por una crisis que había colocado a una ciudad española bajo enorme presión demográfica y social; los principales dirigentes de la oposición estaban en las calles; la relación con Marruecos volvía a ser objeto de una dura controversia y Ceuta celebraba su día autonómico en medio de una situación extraordinaria.
Sánchez, sin actos oficiales públicos durante esas horas, habría permanecido dentro de La Moncloa.
La oposición ya había convertido la ausencia presidencial en un elemento de crítica antes de conocerse la información sobre el supuesto masaje. El Gobierno había enviado a Ceuta al ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, quien participó de reuniones destinadas a gestionar la crisis y defendió las medidas adoptadas por el Ejecutivo.
La revelación introduce ahora una fotografía política difícil de neutralizar porque contrapone dos escenas simultáneas: calles abarrotadas y un presidente realizando su rutina física dentro de la residencia oficial.
Nada impide naturalmente que un jefe de Gobierno realice actividad deportiva o reciba tratamiento fisioterapéutico durante su tiempo privado. Tampoco existe evidencia de que la actividad hubiera impedido a Sánchez cumplir una obligación institucional concreta durante esas horas. Pero en política, especialmente durante una crisis, la percepción pública puede resultar tan importante como la agenda administrativa.
Y la fotografía que emerge es incómoda.
Mientras en Cibeles decenas de miles de personas gritaban contra su Gobierno, mientras Ceuta protagonizaba una movilización excepcional y mientras Feijóo y Abascal convertían la crisis fronteriza en una ofensiva directa contra el Ejecutivo, Sánchez habría pasado parte de aquella tarde entre ejercicios de fuerza y una camilla de fisioterapia.
La protesta madrileña terminó además con incidentes en las inmediaciones del Congreso. La Policía Nacional utilizó gases lacrimógenos y pelotas de goma contra grupos radicales; cuatro personas fueron detenidas y cuatro agentes resultaron heridos.
En Ceuta, en cambio, la movilización tuvo fundamentalmente carácter ciudadano y reivindicativo. Las imágenes de miles de personas recorriendo la ciudad con banderas españolas dieron dimensión nacional a una crisis que hasta pocas semanas antes parecía concentrada en la frontera norteafricana.
La revelación sobre Sánchez llega quince días después y amenaza con convertirse en munición política precisamente porque no discute una decisión administrativa determinada, sino la imagen presidencial durante aquellas horas.
La Moncloa tendrá ahora la posibilidad de confirmar, desmentir o contextualizar la información publicada sobre el ingreso del fisioterapeuta y la actividad del presidente. Hasta entonces, la investigación periodística y los registros de acceso citados por El Debate constituyen la fuente de esa parte de la historia.
Lo que no necesita confirmación adicional es aquello que sucedía fuera del complejo presidencial: 50.000 personas según la Delegación del Gobierno y hasta 150.000 según el Ayuntamiento llenaban Cibeles, más de 20.000 hacían lo mismo en Ceuta y numerosas ciudades españolas reproducían concentraciones reclamando una respuesta a la crisis.
Quince días después, aquella jornada suma una imagen que seguramente alimentará la discusión política española: mientras una parte importante del país miraba hacia Ceuta y exigía respuestas al Gobierno, dentro de La Moncloa un vehículo registrado a nombre del fisioterapeuta habitual del presidente, según la investigación publicada, permanecía estacionado junto al gimnasio presidencial. Ahora el siguiente movimiento corresponde a Presidencia: explicar qué ocurrió aquella tarde y determinar si los registros citados por el periódico ofrecen una fotografía completa de las actividades privadas y oficiales de Sánchez durante una de las jornadas políticamente más tensas del septiembre español.
Fuentes consultadas: El Debate; Europa Press; EFE; RTVE; El País; Delegación del Gobierno en Madrid; Ayuntamiento de Madrid; Dirección General de Policía; autoridades de la Ciudad Autónoma de Ceuta; declaraciones públicas de Alberto Núñez Feijóo, Santiago Abascal y José Luis Martínez-Almeida.
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