Ucrania ejecutó la mayor ofensiva aérea contra Moscú desde el comienzo de la guerra y combinó centenares de drones con una amplia gama de armas de largo alcance de fabricación propia. La refinería de la capital rusa y un centro logístico fueron alcanzados, mientras las autoridades de Moscú reportaron dos muertos en la región. El ataque coincidió con la última jornada de las elecciones parlamentarias rusas y profundizó la guerra sobre la infraestructura energética.
Moscú – 20 Septiembre 2026 – Total News Agency – TNA- Moscú sufrió durante la madrugada del domingo el ataque aéreo de mayor escala desde que Rusia lanzó su invasión a gran escala contra Ucrania en febrero de 2022. Las autoridades rusas aseguraron que desde el sábado sus sistemas de defensa interceptaron más de 1.600 drones en distintas regiones del país y que aproximadamente 450 tenían como objetivo Moscú, mientras varios aparatos lograron alcanzar instalaciones estratégicas y zonas residenciales. El alcalde Sergei Sobyanin confirmó daños en la refinería de petróleo de la capital y en un edificio de viviendas, mientras el gobernador de la región, Andrei Vorobyov, informó que al menos dos personas murieron como consecuencia de los ataques.
El presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy confirmó horas después que las fuerzas de su país habían ejecutado una operación de largo alcance sobre la región de Moscú y afirmó que fueron alcanzados “uno de los principales establecimientos de la industria petrolera rusa” y una instalación logística utilizada para sostener el esfuerzo militar. Según el mandatario, en la ofensiva participaron el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU), las Fuerzas de Sistemas No Tripulados, las Fuerzas de Operaciones Especiales, la inteligencia militar y el servicio de inteligencia exterior.
La operación también mostró hasta qué punto Ucrania amplió su arsenal propio de largo alcance. Zelenskyy enumeró sistemas FP-1, RZ-100, MICH-2000, Palianytsia, Vendetta, Liutyi, Bars, Flamingo, Sichen y Pelican, una combinación de drones, drones-misil y misiles desarrollados o producidos por la industria ucraniana. La inclusión de varios modelos en una misma operación sugiere un intento de saturar las defensas rusas mediante blancos y perfiles de vuelo diferentes, obligando a Moscú a emplear simultáneamente distintos niveles de su red antiaérea.
Uno de los objetivos fue nuevamente la Refinería de Moscú, ubicada en el distrito de Kapotnya y considerada una instalación clave para el abastecimiento de combustibles de la capital y de la región circundante. La planta ya había sufrido ataques ucranianos durante 2026 y, según informes publicados en junio, parte de sus unidades habían quedado fuera de servicio por daños acumulados. El nuevo impacto se produce cuando otras grandes refinerías rusas también han reducido o suspendido producción por ataques similares, profundizando la presión sobre el mercado interno de combustibles.
La dimensión económica del ataque es central para comprender la estrategia ucraniana. Durante los últimos meses, Kyiv concentró una parte creciente de sus capacidades de largo alcance sobre refinerías, depósitos, oleoductos, instalaciones militares y centros logísticos rusos. Según cálculos publicados por Reuters, varias de las mayores plantas productoras de diésel de Rusia tuvieron que reducir significativamente su actividad durante septiembre, mientras Moscú restringió exportaciones de combustibles para sostener el mercado doméstico.
La ofensiva coincidió además con la jornada final de las elecciones parlamentarias rusas, las primeras desde el inicio de la invasión a gran escala. Sobyanin sostuvo que el ataque buscó interferir con el proceso electoral, una interpretación de las autoridades rusas que Ucrania no presentó como objetivo oficial. El Kremlin esperaba que Rusia Unida, el partido oficialista, conservara cómodamente su dominio de la Duma en unos comicios realizados bajo severas restricciones políticas y con buena parte de la oposición antibélica fuera de competencia.
El ataque dejó además expuesta una cuestión militar que Moscú intenta resolver desde hace meses: cuánto territorio puede proteger simultáneamente frente a una ofensiva ucraniana cada vez más extensa. Zelenskyy utilizó precisamente ese argumento al afirmar que Rusia se ve obligada a construir “anillos escalonados de defensa aérea” alrededor de la capital a costa de otras regiones. El desafío para el Kremlin consiste en proteger Moscú, bases aéreas, refinerías y centros industriales distribuidos a cientos o incluso más de mil kilómetros del frente, mientras conserva suficientes sistemas antiaéreos para las operaciones militares en Ucrania.
La guerra aérea, sin embargo, continúa operando en ambas direcciones. Zelenskyy aseguró este domingo que durante los últimos siete días Rusia lanzó contra Ucrania más de 2.000 drones de ataque, 1.700 bombas aéreas y 19 misiles. En las últimas horas, ataques rusos causaron víctimas en la región de Kyiv y en Jersón, donde murió un sacerdote de 71 años durante un ataque contra un monasterio. Las autoridades ucranianas también informaron daños en infraestructura civil y crítica en varias regiones.
Ese intercambio ocurre pese a los intentos estadounidenses de limitar los ataques contra infraestructura energética. Washington había impulsado conversaciones destinadas a reducir los golpes contra instalaciones petroleras y energéticas de ambos países, pero los ataques continuaron. La importancia internacional del problema creció porque las interrupciones de producción rusa contribuyeron a tensar el abastecimiento mundial de diésel y a elevar los precios en distintos mercados.
El ataque de este domingo marca, además, un salto tecnológico para Kyiv. Durante los primeros años de la guerra, Ucrania dependía en buena medida de sistemas occidentales para ejecutar ataques de precisión a gran distancia. Las restricciones impuestas por algunos aliados sobre el uso de esas armas impulsaron la fabricación doméstica de drones y misiles capaces de penetrar profundamente en territorio ruso. La lista difundida por Zelenskyy muestra ahora un ecosistema completo de armas nacionales destinadas precisamente a ese objetivo.
La consecuencia estratégica es que Moscú dejó de ser una retaguardia relativamente protegida. Las operaciones de este año demostraron que refinerías, aeropuertos, depósitos y centros logísticos situados alrededor de la capital pueden quedar dentro del radio de acción ucraniano, aun cuando las defensas rusas logren destruir una proporción muy elevada de los aparatos atacantes. La ecuación para Kyiv no exige necesariamente que todos los drones atraviesen el escudo: basta con saturarlo lo suficiente para que una fracción alcance instalaciones de alto valor económico o militar.
El ataque del 20 de septiembre convierte esa lógica en una demostración a escala inédita. Ucrania envió centenares de aparatos hacia el núcleo político y económico ruso, combinó múltiples sistemas nacionales y consiguió alcanzar al menos parte de la infraestructura seleccionada. Moscú mostró al mismo tiempo la magnitud de su defensa aérea, pero también el costo creciente de proteger una capital situada a centenares de kilómetros de un frente que, después de más de cuatro años de guerra, ya dejó de ser el único lugar donde se combate.
Fuentes consultadas: Reuters, Associated Press, Presidencia de Ucrania, Ukrinform, Kyiv Independent, autoridades de la ciudad y región de Moscú, y antecedentes sobre la infraestructura energética rusa.
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