Donald Trump volvió a colocar a Javier Milei entre sus principales aliados regionales durante una sesión extraordinaria del Escudo de las Américas en Naciones Unidas y celebró públicamente las victorias políticas del oficialismo argentino. Pero el dato de mayor peso estratégico estuvo en otro tramo: Washington reclamó que los países del bloque endurezcan la ofensiva contra organizaciones narcotraficantes, protejan oleoductos, tierras raras y corredores agrícolas y eviten que potencias extracontinentales controlen recursos críticos. Milei respondió ofreciendo a la Argentina como socio activo en seguridad hemisférica, Atlántico Sur, Antártida, inteligencia y defensa de recursos estratégicos.
Nueva York – 22 Septiembre 2026 – Total News Agency – TNA- Donald Trump volvió este martes a exhibir públicamente su cercanía con Javier Milei y lo hizo en un escenario que ya no pertenece únicamente a la diplomacia bilateral. Durante una sesión extraordinaria del Escudo de las Américas, realizada en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente estadounidense celebró los recientes resultados políticos del oficialismo argentino y afirmó: “Tuvimos una gran victoria en Argentina, y no hace tanto tiempo, dos veces”.
La frase fue pronunciada ante una mesa en la que Trump estuvo acompañado por figuras centrales de su administración, entre ellas el secretario de Estado Marco Rubio, el secretario del Tesoro Scott Bessent, el representante comercial Jamieson Greer y el asesor de Seguridad Nacional Stephen Miller. La presencia de ese núcleo político, económico y estratégico mostró que el encuentro no fue concebido como una actividad protocolar, sino como parte de una arquitectura hemisférica más amplia diseñada por Washington para coordinar seguridad, narcotráfico, inversiones, cadenas de suministro y recursos considerados sensibles.
El Escudo de las Américas había sido lanzado en marzo en Florida con participación de más de una docena de gobiernos latinoamericanos y con un objetivo declarado: coordinar una ofensiva más agresiva contra organizaciones criminales transnacionales y carteles de la droga. Argentina, Ecuador y El Salvador se encuentran entre los integrantes más alineados con Washington, mientras Brasil y México permanecen fuera de la coalición.
La retórica estadounidense se endureció considerablemente desde entonces. Trump volvió a definir a los carteles como una amenaza comparable con ISIS y aseguró que Estados Unidos está dispuesto a emplear su poder militar para proteger lo que considera intereses vitales dentro del Hemisferio Occidental. En su discurso ante la Asamblea General sostuvo que Washington ya no permitirá que amenazas hostiles consoliden posiciones en América y que, si fuera necesario, utilizará su “poder militar incomparable” para impedirlo.
Durante la reunión del Escudo, Trump reclamó además que los países miembros clasifiquen formalmente a determinadas organizaciones narcotraficantes como amenazas comunes y adopten sanciones contra las estructuras que Estados Unidos ya designó como organizaciones terroristas extranjeras. El planteo va más allá de la cooperación policial tradicional: propone tratar a los carteles como actores de seguridad nacional, con herramientas financieras, de inteligencia y eventualmente militares.
Pero el tramo más relevante para América Latina apareció cuando Trump vinculó directamente seguridad con recursos naturales. El presidente estadounidense pidió a los miembros de la coalición proteger su riqueza estratégica frente a “potencias externas hostiles” y mencionó expresamente oleoductos energéticos, elementos de tierras raras y corredores agrícolas. Su conclusión fue igualmente explícita: “Los recursos de las Américas siempre deben pertenecer al pueblo de las Américas”.
La formulación proyecta sobre el continente una política que recuerda, aunque adaptada al siglo XXI, la vieja lógica de la Doctrina Monroe: impedir que potencias extracontinentales ganen posiciones consideradas estratégicas dentro del hemisferio. La propia Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense adoptó ese enfoque y Trump lo vinculó públicamente con una política destinada a reafirmar la primacía de Washington en la región.
China aparece inevitablemente en el centro de esa ecuación, aunque Trump evitó nombrarla directamente durante algunos tramos del encuentro. Pekín multiplicó durante las últimas dos décadas su presencia comercial, minera, portuaria, financiera y tecnológica en América Latina. Su comercio con la región superó los US$500.000 millones y su capacidad de financiamiento, control de cadenas de suministro y procesamiento de minerales críticos convirtió a América del Sur en un espacio central de competencia con Estados Unidos.
Argentina ocupa una posición particularmente sensible dentro de esa disputa. Posee litio, cobre, hidrocarburos no convencionales, recursos pesqueros y una localización geográfica que conecta el Atlántico Sur con la proyección antártica. También mantiene importantes inversiones y relaciones comerciales con China, mientras Milei intenta profundizar simultáneamente su alineamiento político y estratégico con Washington.
El presidente argentino utilizó precisamente ese lenguaje durante su intervención. Milei afirmó que su Gobierno trabaja para reconstruir los sistemas de seguridad e inteligencia y sostuvo que la defensa nacional posee también una dimensión económica, porque implica garantizar estabilidad frente a factores externos y asegurar el desarrollo de recursos críticos.
Su discurso fue todavía más significativo cuando mencionó la proyección sobre el Atlántico Sur y la Antártida y expresó la intención argentina de desempeñar un papel activo en la seguridad hemisférica. La formulación coloca al extremo austral argentino dentro del esquema estratégico estadounidense y conecta directamente seguridad, recursos, rutas marítimas y presencia extracontinental.
Ese punto adquiere una importancia especial por la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas. Argentina mantiene una controversia reconocida por Naciones Unidas con el Reino Unido, particularmente bajo la Resolución 2065, mientras la Resolución 31/49 exhorta a evitar decisiones unilaterales que alteren la situación mientras continúe pendiente el proceso negociador. En los últimos meses, Buenos Aires endureció su política contra empresas que explotan hidrocarburos en las islas y Londres respondió prorrogando licencias offshore, en una escalada que volvió a colocar al Atlántico Sur en la agenda internacional.
La participación de Milei en el Escudo abre entonces una pregunta inevitable: si Washington considera que los recursos estratégicos del hemisferio deben permanecer bajo control americano y que las potencias extracontinentales no deben consolidar posiciones sensibles, cómo encaja dentro de esa doctrina la presencia británica en Malvinas y la explotación unilateral de recursos en el Atlántico Sur.
La cuestión adquiere todavía más peso después de que Trump mantuviera contactos con el nuevo primer ministro británico Andy Burnham, mientras el Gobierno argentino evalúa utilizar sus reuniones en Nueva York para volver a plantear la cuestión Malvinas ante altos funcionarios estadounidenses. La relación entre el Escudo de las Américas y la disputa austral todavía no fue definida formalmente, pero el lenguaje adoptado por Washington sobre control de recursos, interferencia externa y seguridad hemisférica introduce inevitablemente ese interrogante.
Milei también vinculó el esquema con nuevas amenazas que exceden el territorio físico. Habló de operaciones de información, acciones psicológicas, terrorismo, narcotráfico y crimen transnacional, y sostuvo que Argentina fortalecerá herramientas de inteligencia para seguir estructuras financieras e impedir infiltraciones dentro del Estado.
La política estadounidense hacia los carteles acompaña esa lógica. Trump ya designó varias organizaciones criminales como entidades terroristas extranjeras y su administración lanzó operaciones militares contra embarcaciones sospechadas de transportar narcóticos. Esa estrategia fue cuestionada por organizaciones de derechos humanos, que sostienen que algunas acciones pueden constituir ejecuciones extrajudiciales; Washington las presenta, en cambio, como parte de una guerra contra estructuras armadas capaces de controlar territorio y desafiar a los Estados.
El Escudo de las Américas aparece así como algo más amplio que una coalición antinarcóticos. Su diseño combina seguridad interior, coordinación militar, inteligencia, sanciones económicas, control de infraestructura, cadenas de suministro y disputa por recursos estratégicos. La inclusión explícita de tierras raras y corredores energéticos muestra que la competencia con China está dejando de ser exclusivamente comercial para ingresar en el terreno de la seguridad hemisférica.
Para Argentina, la adhesión plantea oportunidades y también interrogantes. Washington ofrece cooperación, respaldo político y eventualmente asistencia operativa contra organizaciones criminales. Al mismo tiempo, cualquier arquitectura regional que pretenda limitar la presencia de actores externos podría afectar inversiones, financiamiento y relaciones económicas construidas durante décadas con China.
Trump, sin embargo, dejó en claro qué lugar pretende asignar a Milei dentro de ese esquema. Al celebrar públicamente las victorias argentinas y presentar a los gobiernos participantes como socios de una nueva política hemisférica, colocó al mandatario argentino entre los dirigentes que considera parte de su red estratégica regional.
El verdadero alcance de esa relación se medirá menos por los elogios personales que por las decisiones concretas que lleguen después. Argentina deberá definir hasta dónde está dispuesta a involucrarse en operaciones contra el narcotráfico, qué papel tendrá su sistema de inteligencia, cómo equilibrará la presencia económica china y qué posición reclamará a Washington frente al Atlántico Sur y Malvinas.
El Escudo de las Américas nació formalmente para combatir carteles, pero el mensaje de Nueva York mostró una ambición considerablemente mayor: reordenar el hemisferio alrededor de seguridad, recursos críticos y alineamientos estratégicos. En ese mapa, Milei busca ubicar a la Argentina cerca del centro de las decisiones estadounidenses, mientras Trump dejó claro que considera a Buenos Aires una pieza política importante de su nuevo diseño continental.
Fuentes consultadas: Casa Blanca, Departamento de Estado de los Estados Unidos, Gobierno de la República Argentina, Naciones Unidas, antecedentes oficiales del Escudo de las Américas, Reuters, EFE y documentación sobre seguridad hemisférica, narcotráfico, minerales críticos y política estadounidense hacia América Latina.
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