La inflación volvió a acelerarse en septiembre hasta 2,1%, pero el dato más inquietante aparece detrás del índice: el 57,6% de los hogares tiene dificultades para acceder a los alimentos que necesita y casi nueve de cada diez familias recurren al crédito, al fiado o a préstamos para poder comer. Las ventas minoristas se desplomaron hasta 23% interanual.
Córdoba – 05 Octubre 2026 – Total News Agency – TNA-. La desaceleración inflacionaria volvió a encontrar un límite en Córdoba durante septiembre. Los precios aumentaron 2,1%, por encima del 1,8% registrado en agosto, mientras el deterioro del consumo y el endeudamiento familiar muestran que la estabilización nominal todavía está lejos de traducirse en una recomposición efectiva del poder adquisitivo.
El relevamiento del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) del Centro de Almaceneros de Córdoba ubicó la inflación acumulada de 2026 en 24% y la variación interanual en 32,8%. El resultado adquiere particular relevancia porque el índice nacional correspondiente a septiembre todavía no fue difundido: el INDEC tiene previsto publicarlo recién el 13 de octubre.
La fotografía social que acompaña el dato inflacionario es considerablemente más severa. Una familia tipo necesitó durante septiembre $2.076.505 para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) y evitar caer debajo de la línea de pobreza, mientras que para acceder exclusivamente a la Canasta Básica Alimentaria (CBA) requirió $1.130.236.
Pero el verdadero problema aparece cuando esas cifras se comparan con la capacidad efectiva de compra. El 57,6% de los hogares relevados manifestó dificultades o restricciones para acceder a los alimentos necesarios, mientras apenas el 42,4% afirmó cubrir plenamente sus necesidades alimentarias.
El impacto alcanza directamente a los menores. Entre los hogares con niños y adolescentes, 28,6% reconoció que algún menor debió reducir la cantidad de comida por falta de dinero. A su vez, el 39,1% de los encuestados señaló que algún adulto del hogar comió menos voluntariamente para que alcanzaran los alimentos para el resto de la familia.
El endeudamiento cotidiano expone otra dimensión del problema. El 88,8% de los hogares utilizó alguna forma de financiamiento para adquirir alimentos. El viejo fiado de los comercios de barrio volvió a convertirse en el principal mecanismo, utilizado por 38,4% de las familias; las tarjetas de crédito representaron 36,5% y los préstamos o dinero prestado otro 13,9%.
El dato resulta especialmente significativo porque muestra que el crédito dejó de financiar bienes durables o consumos extraordinarios para pasar a cubrir necesidades básicas. En septiembre, además, 28,5% de los hogares debió pedir dinero para afrontar gastos esenciales.
La vulnerabilidad financiera aparece todavía más claramente en otra respuesta del relevamiento: 61,3% de las familias afirmó que podría sostener sus gastos habituales menos de una semana si dejara de percibir ingresos, mientras otro 32,7% calculó que lograría resistir entre una semana y un mes.
Ese deterioro tiene correlato directo en los comercios. Las ventas en volumen de alimentos y bebidas en negocios de proximidad cayeron 8,3% interanual durante septiembre, prolongando una retracción que se mantiene cercana al 8% desde comienzos del año.
La caída se vuelve mucho más profunda cuando se observa el conjunto del comercio cordobés. La Cámara de Comercio de Córdoba registró durante septiembre una baja de 23% interanual en unidades vendidas, junto con una reducción del 20% en la rentabilidad. Frente a agosto, las ventas disminuyeron 9% y la rentabilidad 14%, mientras el ticket promedio cayó de $173.200 a $144.300.
El fenómeno tampoco puede reducirse a una particularidad provincial. Los últimos indicadores oficiales disponibles muestran que las ventas a precios constantes en supermercados argentinos cayeron 2,1% interanual en julio, acumulando una baja de 2,7% durante los primeros siete meses de 2026. En el mismo período, la actividad económica registró en julio una contracción interanual de 1,4% y una caída mensual desestacionalizada de 2,9%.
La paradoja económica comienza así a adquirir una dimensión política evidente. Una inflación cercana al 2% mensual representa una mejora considerable frente a los niveles explosivos de años anteriores, pero una menor velocidad de aumento de precios no significa que los precios bajen ni que los ingresos recuperen automáticamente lo perdido.
El último dato nacional disponible había mostrado una inflación de 1,7% en agosto, mientras que las canastas alimentaria y total aumentaron ambas 2,6% ese mismo mes, por encima del índice general. Esa diferencia ayuda a explicar por qué la percepción económica de los hogares puede deteriorarse incluso cuando el Gobierno exhibe una inflación sensiblemente menor.
Los indicadores cordobeses muestran precisamente esa fractura: la inflación puede desacelerarse y, simultáneamente, caer el consumo, aumentar el financiamiento para comprar comida y multiplicarse los hogares que reducen cantidades.
La discusión económica empieza entonces a desplazarse desde cuánto aumenta cada mes el índice de precios hacia otra pregunta más incómoda: cuántas familias pueden efectivamente comprar los bienes que componen ese índice. Córdoba ofrece una primera respuesta preocupante: seis de cada diez hogares ya encuentran dificultades para completar su alimentación y nueve de cada diez necesitan algún mecanismo de deuda para llevar comida a la mesa.
Fuentes consultadas: Centro de Almaceneros de Córdoba – IETSE, Cámara de Comercio de Córdoba, INDEC.
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