Un ataque de precisión ejecutado con misiles ucranianos Neptuno alcanzó el aeródromo militar de Borisoglebsk, en la región rusa de Vorónezh. Kiev informó que seis cazabombarderos Su-34M fueron alcanzados, de los cuales cuatro quedaron destruidos. La ofensiva afecta una de las principales plataformas utilizadas por Moscú para lanzar bombas guiadas contra posiciones militares y ciudades ucranianas, y demuestra la creciente capacidad de Ucrania para atacar objetivos estratégicos en territorio ruso.
Kiev – 16 Octubre 2026 – Total News Agency – TNA. Las Fuerzas Armadas de Ucrania ejecutaron durante la madrugada del jueves 15 de octubre una operación de ataque de largo alcance contra el aeródromo militar ruso de Borisoglebsk, situado en la región de Vorónezh, que provocó la destrucción de cuatro cazabombarderos Su-34M y daños en otros dos aparatos, según informó el presidente Volodímir Zelenski. La operación fue realizada mediante el sistema de misiles Neptuno, desarrollado por la industria militar ucraniana, y representa un nuevo golpe contra la capacidad de ataque aéreo de Rusia.
La ofensiva fue anunciada inicialmente por la Armada ucraniana, que comunicó la destrucción de seis aeronaves. Posteriormente, Zelenski precisó que cuatro aparatos habían quedado destruidos y otros dos resultaron alcanzados, mientras el Estado Mayor confirmó daños de distinta gravedad en seis aviones.
El bombardeo también afectó equipamiento técnico utilizado para las operaciones aéreas. Las autoridades ucranianas informaron que se registraron fuertes explosiones secundarias y un incendio dentro de las instalaciones militares, donde se encontraban aparatos empleados regularmente para bombardear objetivos ucranianos.
“Los rusos los utilizaban para aterrorizar a nuestra población”, afirmó Zelenski, quien explicó que los aviones atacados se encontraban preparados para nuevas misiones y equipados con bombas aéreas. El mandatario agradeció especialmente a los integrantes de las Fuerzas Navales responsables de la operación y anticipó que Ucrania continuará realizando ataques de largo alcance mientras Rusia prolongue la guerra.
El Su-34M constituye una de las principales plataformas de ataque de la aviación táctica rusa. Se trata de una versión modernizada del cazabombardero Sukhoi Su-34, capaz de transportar bombas de gran potencia, armamento guiado y diferentes tipos de misiles aire-superficie.
Su importancia militar radica especialmente en el empleo de bombas planeadoras equipadas con sistemas de guiado, que permiten atacar posiciones ucranianas desde distancias considerables, reduciendo la exposición de los pilotos a los sistemas antiaéreos enemigos.
Estos dispositivos se convirtieron en una herramienta habitual de la ofensiva rusa, utilizada tanto contra defensas militares próximas al frente como contra localidades ucranianas. La pérdida de cuatro aparatos y los daños sufridos por otros dos representan, por lo tanto, una disminución de las capacidades disponibles para desarrollar esa clase de operaciones, aunque su impacto definitivo dependerá de las reservas operativas rusas y de la posibilidad de reparar las aeronaves afectadas.
La dimensión económica también resulta considerable. El valor estimado de cada Su-34 moderno alcanza varias decenas de millones de dólares, dependiendo de la configuración y los equipos incorporados. Bajo estimaciones de aproximadamente US$35 millones por unidad, la pérdida de cuatro aparatos representaría alrededor de US$140 millones, sin incluir las reparaciones de los restantes, el equipamiento terrestre destruido ni los daños causados a las instalaciones.
Pero el aspecto más relevante del ataque se encuentra en el armamento empleado. El sistema Neptuno, concebido originalmente como misil antibuque de defensa costera, fue adaptado progresivamente para desarrollar misiones contra objetivos terrestres a distancias cada vez mayores.
Su utilización contra Borisoglebsk confirma la importancia que adquirió el desarrollo de armamento nacional para Ucrania, especialmente frente a las restricciones en el suministro de determinados equipos occidentales y a las controversias sobre las condiciones bajo las cuales Kiev puede atacar instalaciones militares situadas dentro de Rusia.
La base aérea de Borisoglebsk ya había sido objeto de operaciones ucranianas anteriores. En julio de 2025, las Fuerzas Armadas de Ucrania informaron de un ataque contra depósitos de bombas aéreas guiadas y otras instalaciones de apoyo, mientras que durante 2024 también se registraron operaciones dirigidas contra infraestructura militar de la región.
La repetición de estas ofensivas evidencia el interés estratégico de Kiev por reducir la capacidad rusa para sostener ataques aéreos contra sus posiciones defensivas y centros urbanos.
La operación se produjo, además, en medio de un deterioro de las relaciones entre Zelenski y el presidente estadounidense Donald Trump, después de que Washington impulsara una suspensión temporal de los ataques contra infraestructura energética rusa y posteriormente flexibilizara determinadas restricciones comerciales sobre el diésel procedente de Moscú.
El Gobierno ucraniano considera que Rusia incumplió la propuesta de tregua al continuar atacando centrales eléctricas y redes de distribución, por lo que anunció la reanudación de las operaciones contra refinerías e instalaciones energéticas rusas.
En ese escenario, el ataque contra Borisoglebsk presenta una diferencia estratégica importante: el objetivo no fue una instalación económica o petrolera, sino una base militar utilizada para lanzar bombardeos contra Ucrania.
Las imágenes satelitales difundidas después de la operación muestran daños en sectores del aeródromo y respaldan la existencia del ataque, aunque la destrucción exacta de cada aeronave requiere una evaluación independiente de los registros disponibles.
La ofensiva también coincidió con ataques ucranianos contra instalaciones vinculadas con el almacenamiento y lanzamiento de drones rusos en la región de Oriol, dentro de una campaña destinada a reducir la capacidad de Moscú para mantener bombardeos de largo alcance.
La utilización de sistemas Neptuno para atacar aviones estacionados en territorio ruso introduce una dificultad adicional para el Kremlin: la necesidad de proteger instalaciones aeronáuticas situadas lejos del frente, dispersar sus aparatos y destinar recursos antiaéreos a bases que anteriormente podían considerarse relativamente seguras.
Mientras Rusia continúa recurriendo a grandes cantidades de drones, misiles y bombas guiadas para presionar las defensas ucranianas, Kiev está demostrando que puede trasladar parte de esa presión hacia las instalaciones desde las cuales se originan los ataques. El golpe sobre Borisoglebsk no modifica por sí solo el equilibrio general de la guerra, pero sí constituye una nueva demostración de que la infraestructura militar rusa permanece expuesta a operaciones de precisión capaces de destruir activos costosos y reducir temporalmente la disponibilidad de su aviación táctica.
Fuentes consultadas: Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas de Ucrania, comunicado del 15 de octubre de 2026; Fuerzas Navales de Ucrania; declaraciones de Volodímir Zelenski; Reuters; Ukrinform; Ukrainska Pravda; The Kyiv Independent; The Moscow Times; antecedentes de las operaciones contra Borisoglebsk de 2024 y 2025.
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