El INDEC registró en septiembre un incremento del 1,7% en las canastas básicas, frente a una inflación general del 1,9%. Una familia de cuatro integrantes necesitó $1.632.505 para no caer bajo la línea de pobreza y $738.690 para superar la indigencia. Aunque el dato interrumpió cuatro meses consecutivos de deterioro relativo, las canastas acumulan aumentos superiores a los precios generales durante 2026 y persisten las dificultades para recuperar el poder adquisitivo.
Buenos Aires – 16 Octubre 2026 – Total News Agency – TNA. La economía argentina registró durante septiembre una señal favorable para los sectores de menores ingresos: por primera vez después de cuatro meses consecutivos, el costo de las canastas utilizadas para medir la pobreza y la indigencia aumentó por debajo de la inflación general, interrumpiendo una tendencia que había deteriorado la capacidad de compra de numerosos hogares.
Según los datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), tanto la Canasta Básica Alimentaria (CBA) como la Canasta Básica Total (CBT) registraron incrementos mensuales del 1,7%, mientras que el Índice de Precios al Consumidor avanzó 1,9%.
La diferencia de dos décimas constituye una mejora en términos reales y representa el primer resultado favorable de estas características después de una secuencia de aumentos de las canastas superiores al índice general de inflación.
Sin embargo, el alivio mensual no modifica todavía el panorama acumulado. Durante los primeros nueve meses del año, la inflación alcanzó el 23,6%, mientras que la canasta alimentaria aumentó aproximadamente 25,2% y la canasta total, 24,7%, lo que demuestra que los bienes y servicios esenciales para los hogares de menores ingresos continuaron encareciéndose a mayor velocidad que el promedio general.
La diferencia adquiere particular importancia al traducirse en valores concretos. En septiembre, una familia integrada por dos adultos y dos menores necesitó $1.632.505 mensuales para superar la línea de pobreza, mientras que el ingreso mínimo necesario para no ser considerada indigente alcanzó los $738.690.
La canasta alimentaria comprende los productos necesarios para cubrir determinados requerimientos nutricionales básicos, mientras que la canasta total incorpora otros consumos indispensables, como indumentaria, transporte y servicios, mediante una relación estadística con el gasto alimentario.
Durante septiembre, los mayores aumentos dentro del rubro alimentos se concentraron en productos derivados de harinas, como fideos y galletitas, además de determinadas verduras y hortalizas, cuyos precios experimentaron variaciones importantes vinculadas con factores estacionales.
También se registraron incrementos en lácteos, aunque las carnes vacunas mostraron una evolución considerablemente más moderada que en meses anteriores, contribuyendo a contener el aumento de la canasta alimentaria.
Esta diferencia entre las mediciones responde a que el IPC y las canastas básicas utilizan composiciones y ponderaciones distintas. Mientras el índice general refleja una estructura amplia de consumo, las canastas están diseñadas para establecer umbrales monetarios vinculados con las necesidades básicas de los hogares.
El nuevo dato se conoce después de que la última medición oficial de pobreza correspondiente al primer semestre de 2026 registrara un deterioro de las condiciones sociales respecto del semestre anterior, con una tasa del 32,3% y un incremento significativo en la cantidad de personas por debajo de la línea de pobreza.
La posibilidad de que septiembre represente un cambio de tendencia dependerá, fundamentalmente, de la evolución de los alimentos durante los próximos meses y de la recuperación de los ingresos familiares.
Un elemento favorable aparece en la inflación núcleo, que excluye los precios estacionales y regulados y registró una variación del 1,7%, inferior al índice general. Esa evolución permite observar cierta moderación en componentes relevantes del proceso inflacionario, aunque todavía resulta prematuro determinar si podrá sostenerse.
Los analistas que participan del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central proyectan una desaceleración gradual de la inflación durante el último trimestre, aunque persisten incertidumbres relacionadas con los precios internacionales de la energía, las tarifas y la evolución de la actividad económica.
El Gobierno de Javier Milei mantiene la reducción de la inflación como una de sus principales prioridades. En la última licitación de deuda, el Tesoro absorbió aproximadamente $1,76 billones, una decisión compatible con la estrategia oficial de restringir la liquidez monetaria, incluso en un escenario de debilidad de distintos sectores productivos.
La evolución salarial constituye el otro factor determinante. Las estimaciones basadas en negociaciones paritarias sugieren que determinados trabajadores formales podrían recuperar poder adquisitivo durante los próximos meses, especialmente si sus ingresos aumentan por encima de la inflación.
Sin embargo, las posibilidades son diferentes para quienes dependen de empleos informales, trabajos ocasionales o actividades independientes, sectores que presentan mayor inestabilidad en sus ingresos y enfrentan dificultades adicionales para sostener el consumo esencial.
A ello se agrega una transformación en la estructura de gastos familiares. Mientras determinados bienes industriales, especialmente indumentaria, muestran menores aumentos e incluso reducciones de precios asociadas con la apertura comercial, los servicios públicos, combustibles y otros gastos regulados continúan presionando sobre los presupuestos domésticos.
Las mediciones salariales también requieren una interpretación cuidadosa. Durante el primer semestre, las estadísticas registraron aumentos acumulados del 29,4% para los trabajadores informales, frente al 17,6% del sector público y el 14,5% de los asalariados privados registrados. No obstante, los ingresos informales presentan mayores dificultades de medición y rezagos estadísticos que deben contemplarse al evaluar su evolución efectiva.
El resultado de septiembre constituye una señal positiva después de varios meses en los que el costo de los consumos esenciales aumentó por encima de la inflación. Pero la mejora sostenible de los indicadores sociales exigirá que esta moderación se prolongue y coincida con una recuperación de los ingresos reales, especialmente de los hogares que dependen de ocupaciones precarias o empleos de baja remuneración, porque serán precisamente esas familias las que determinarán si el alivio estadístico comienza a traducirse en una reducción efectiva de la pobreza.
Fuentes consultadas: INDEC, Índice de Precios al Consumidor y valorización mensual de la Canasta Básica Alimentaria y Total, septiembre de 2026; INDEC, incidencia de pobreza e indigencia, primer semestre de 2026; Banco Central de la República Argentina, Relevamiento de Expectativas de Mercado de septiembre; El Cronista; antecedentes de la Secretaría de Trabajo y estadísticas salariales oficiales.
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