En una decisión de profundo significado político, religioso y cultural, el reino de Marruecos inauguró en Fez el primer museo dedicado íntegramente a la cultura judía financiado con fondos públicos por un Estado árabe musulmán. La iniciativa del rey Mohammed VI reivindica 2.500 años de historia compartida y proyecta un mensaje de tolerancia, pluralismo y respeto religioso en un Oriente Medio atravesado por enfrentamientos.
Fez – 18 de octubre de 2026 – Total News Agency – TNA. En momentos en que los conflictos religiosos, el antisemitismo y las tensiones geopolíticas vuelven a dividir a distintas sociedades, Marruecos acaba de protagonizar un acontecimiento de extraordinario significado político y cultural: un país árabe de mayoría musulmana decidió financiar íntegramente con recursos públicos un museo dedicado a preservar, reconocer y difundir la historia y las tradiciones del pueblo judío como parte inseparable de su propia identidad nacional.
La inauguración del Museo de la Cultura Judía Marroquí, realizada el pasado 12 de octubre en la histórica ciudad de Fez, representa mucho más que la apertura de una institución cultural. Constituye una expresión concreta de la política de apertura impulsada por el rey Mohammed VI, quien desde hace años promueve el reconocimiento de las distintas comunidades religiosas y culturales que contribuyeron a construir la historia del reino.
El establecimiento ocupa 1.700 metros cuadrados, de los cuales aproximadamente 1.200 están destinados a exposiciones, dentro del antiguo Mellah, el barrio judío de Fez, uno de los centros históricos más relevantes del judaísmo norteafricano. Sus salas permiten recorrer más de 2.500 años de presencia judía en territorio marroquí, una historia anterior a la expansión del islam y profundamente vinculada con el desarrollo económico, comercial, artístico y social del país.
Entre las piezas exhibidas se encuentran antiguos rollos de la Torá, contratos matrimoniales tradicionales conocidos como ketubot, manuscritos religiosos, vestimentas ceremoniales, objetos de plata, elementos de uso cotidiano y recreaciones de antiguos talleres artesanales. También se presentan testimonios sobre sinagogas, escuelas hebreas, tribunales rabínicos y personalidades que contribuyeron a la vida cultural marroquí.
Sin embargo, uno de los detalles más significativos aparece antes de ingresar al edificio. Una inscripción recibe a los visitantes en cuatro idiomas: árabe, amazigh, hebreo y francés. La elección no es meramente ornamental. Refleja una concepción de identidad nacional que reconoce distintas tradiciones lingüísticas, religiosas y culturales como componentes de una misma comunidad histórica.
El proyecto fue impulsado personalmente por Mohammed VI en abril de 2019, dentro de un programa de recuperación patrimonial de la antigua medina de Fez. La comunidad judía local aportó el terreno, mientras que la construcción fue financiada con recursos públicos y desarrollada en colaboración con la Fundación Nacional de Museos y organizaciones dedicadas a preservar el patrimonio judeomarroquí.
Un papel destacado correspondió a Serge Berdugo, presidente fundador de la Fundación del Patrimonio Cultural Judeomarroquí y figura representativa de la comunidad judía del país, quien participó en la elaboración del proyecto y en la recuperación de materiales históricos.
La ceremonia inaugural reunió, entre otras autoridades, al ministro de Asuntos Islámicos, Ahmed Toufiq, al presidente de la Fundación Nacional de Museos, Mehdi Qotbi, y a representantes de la comunidad judía, junto con diplomáticos y personalidades de la vida cultural. La presencia conjunta de autoridades religiosas musulmanas y representantes judíos expresó institucionalmente el espíritu de convivencia que inspira la iniciativa.
Lo verdaderamente relevante es que Marruecos no presenta la historia judía como un elemento extranjero que debe tolerarse, sino como una parte constitutiva de su propia civilización. Esa definición establece una diferencia fundamental respecto de las corrientes políticas y religiosas que pretenden construir identidades nacionales mediante la exclusión de otras tradiciones.
Esta concepción tiene antecedentes concretos. La Constitución marroquí de 2011 reconoce expresamente que la identidad del reino está conformada por sus componentes árabe-islámicos, amazigh y sahariano-hassaníes, enriquecidos por influencias africanas, andalusíes, hebreas y mediterráneas.
De esa manera, el reconocimiento del patrimonio judío no depende exclusivamente de una iniciativa cultural circunstancial, sino que forma parte de una definición constitucional impulsada por la propia monarquía.
Durante siglos, las comunidades judías marroquíes desempeñaron un papel significativo en el comercio, la artesanía, la medicina, la diplomacia y las expresiones musicales del país. Su presencia se fortaleció especialmente después de 1492, cuando numerosos judíos expulsados de España encontraron refugio en el norte de África y contribuyeron a enriquecer una cultura que combinó tradiciones árabes, bereberes, andalusíes y hebreas.
Esa historia también atravesó períodos de discriminación, dificultades y emigración masiva durante el siglo XX, particularmente hacia Israel, Francia y otros destinos. Sin embargo, el Estado marroquí ha mantenido una política de preservación de cementerios, sinagogas y lugares históricos vinculados con aquella comunidad.
La apertura del museo adquiere además una dimensión diplomática. Marruecos restableció sus relaciones oficiales con Israel en diciembre de 2020, dentro del proceso impulsado por Estados Unidos mediante los Acuerdos de Abraham. Desde entonces, ambos países avanzaron en cooperación económica, tecnológica, turística y de seguridad, aunque esas relaciones también estuvieron atravesadas por tensiones derivadas del conflicto palestino-israelí.
Más recientemente, el 16 de septiembre de 2026, Rabat y Jerusalén acordaron profundizar sus vínculos diplomáticos mediante la elevación de sus oficinas de enlace al rango de embajadas y la designación de embajadores. La decisión confirmó la intención de ambos gobiernos de consolidar una relación que combina intereses estratégicos con profundos lazos históricos y familiares.
La inauguración del museo de Fez se inscribe en ese escenario, aunque su significado trasciende las relaciones entre Estados. Mientras otros gobiernos utilizan las diferencias religiosas como instrumentos de confrontación política, Marruecos ofrece un ejemplo de cómo un Estado musulmán puede reivindicar públicamente la contribución judía a su historia sin considerar que ello contradiga su identidad islámica.
Esa apertura cultural no significa que hayan desaparecido todas las tensiones sociales, políticas o religiosas del reino, ni supone desconocer los debates existentes sobre libertades y derechos. Pero constituye una decisión institucional concreta cuya importancia resulta especialmente visible en el contexto internacional actual.
La singularidad del gesto radica en que no se limita a permitir que una comunidad minoritaria conserve su memoria: es el propio Estado el que asume la responsabilidad de protegerla, financiarla y transmitirla a las futuras generaciones.
En una región donde las diferencias religiosas y nacionales suelen convertirse en instrumentos de enfrentamiento, Mohammed VI plantea una interpretación distinta de la convivencia: reconocer que la fortaleza cultural de una nación no depende de borrar sus diversas raíces, sino de preservarlas y valorarlas como parte de un patrimonio compartido.
Con el nuevo museo de Fez, Marruecos no solamente recupera una página esencial de su pasado. También coloca en el centro del debate contemporáneo una cuestión de enorme trascendencia para el mundo árabe y musulmán: la posibilidad de construir una identidad nacional firmemente arraigada en el islam, pero abierta al reconocimiento y la protección de otras tradiciones religiosas que contribuyeron a su historia. La inscripción en cuatro idiomas que recibe a los visitantes resume esa decisión política mejor que cualquier discurso diplomático.
Fuentes consultadas: Fundación Nacional de Museos de Marruecos; Fundación del Patrimonio Cultural Judeomarroquí; Ministerio de Asuntos Exteriores de Marruecos; Constitución marroquí de 2011; Le Figaro; Le360; Le Matin; The Jerusalem Post; European Jewish Congress; Reuters.
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