La Argentina superó por primera vez los US$ 10.000 millones exportados en un solo mes y acumuló un superávit comercial de US$ 21.198 millones entre enero y septiembre. La energía, impulsada por Vaca Muerta, fue protagonista del salto exportador. Sin embargo, el resultado también expone una economía de dos velocidades: mientras aumentan las ventas al exterior, las importaciones retroceden por la debilidad de la demanda interna.
Buenos Aires – 19 de octubre de 2026 – Total News Agency – TNA. La Argentina alcanzó en septiembre un récord histórico de exportaciones al superar, por primera vez, los US$ 10.000 millones en un solo mes, impulsada principalmente por el crecimiento de las ventas energéticas, la mejora de los precios internacionales y una mayor colocación de productos industriales y agropecuarios. El dato representa uno de los resultados más significativos del comercio exterior argentino de los últimos años, aunque también revela un contraste que atraviesa a la economía nacional: mientras los sectores exportadores muestran un fuerte dinamismo, la demanda interna continúa dando señales de debilidad.
De acuerdo con el informe de Intercambio Comercial Argentino (ICA) difundido este lunes por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), las exportaciones de septiembre alcanzaron los US$ 10.036 millones, con un incremento interanual del 23,5%, mientras las importaciones totalizaron US$ 7.060 millones, un descenso del 1,8% respecto del mismo mes de 2025.
El resultado fue un superávit comercial de US$ 2.976 millones, superior en US$ 2.039 millones al registrado un año antes, y permitió completar 34 meses consecutivos con saldo positivo en el intercambio de bienes.
El ministro de Economía, Luis Caputo, celebró públicamente el resultado y destacó que las exportaciones de combustibles y energía alcanzaron el mayor valor de la serie histórica para un mes, mientras las manufacturas de origen industrial registraron su nivel más elevado desde noviembre de 2012.
Los datos oficiales muestran que el crecimiento exportador respondió a una combinación de mayores precios, que aumentaron 16,4%, y un incremento de 6,1% en las cantidades vendidas. La distinción resulta relevante porque permite establecer que una parte considerable del récord responde al valor internacional de los productos, aunque también existió una expansión real del volumen exportado.
El rubro más dinámico fue Combustibles y Energía, con un crecimiento interanual del 89,1%, impulsado fundamentalmente por mayores ventas de petróleo crudo, carburantes, gas y otros productos energéticos.
En ese desempeño sobresale Vaca Muerta, cuya creciente producción de hidrocarburos está modificando la estructura del comercio exterior argentino. El desarrollo de nuevas áreas, la ampliación de instalaciones y el aumento de la capacidad de transporte permiten colocar volúmenes cada vez mayores de petróleo en los mercados internacionales.
El contexto geopolítico también contribuyó a elevar los ingresos. Las tensiones internacionales relacionadas con los conflictos energéticos y las dificultades de abastecimiento en rutas estratégicas impulsaron los precios de determinados productos, generando condiciones favorables para los exportadores argentinos.
Entre los principales bienes vendidos durante septiembre se destacaron el petróleo crudo, con US$ 1.127 millones, la harina y los pellets de soja, con US$ 1.006 millones, y el maíz en grano, con US$ 833 millones.
Las manufacturas de origen agropecuario, que representaron el 34,8% de las exportaciones, aumentaron 16,8% interanual. Las manufacturas de origen industrial, con una participación del 25,3%, crecieron 17,5%, mientras los productos primarios avanzaron 9,2%.
La evolución industrial merece especial atención porque demuestra que el aumento de las exportaciones no estuvo limitado a materias primas y combustibles. No obstante, el crecimiento de las ventas externas de productos manufacturados convive con dificultades en numerosos sectores productivos que dependen principalmente del mercado interno.
Precisamente allí aparece la otra cara de las estadísticas.
Las importaciones de septiembre disminuyeron 1,8% en valor, pero la contracción fue considerablemente mayor al observar las cantidades: se compró al exterior un 11,2% menos de productos que en septiembre de 2025, mientras los precios de esos bienes aumentaron 10,4%.
Esto significa que la caída de las compras externas fue parcialmente disimulada por el encarecimiento de los productos importados. En términos físicos, el retroceso resultó mucho más pronunciado.
Las compras de bienes de capital, habitualmente asociadas con inversiones en maquinaria y equipos productivos, disminuyeron 10,4% en valor, mientras las importaciones de vehículos automotores de pasajeros retrocedieron 27,2% y las de bienes de consumo se redujeron 2,5%.
Los bienes intermedios, utilizados como insumos por distintas actividades industriales, constituyeron una excepción en términos de valor importado, aunque las cantidades adquiridas mostraron debilidad.
Desde la consultora LCG señalaron que todos los grandes rubros de importaciones registraron caídas en cantidades, mientras los precios aumentaron en prácticamente todas las categorías, con excepción de vehículos.
El comportamiento refuerza la preocupación sobre la evolución del mercado interno, porque una reducción sostenida de las cantidades importadas puede responder a un menor consumo, una retracción de las inversiones o una caída de las necesidades de insumos de determinados sectores productivos.
Sin embargo, la evolución importadora también estuvo influida por factores estadísticos excepcionales. Durante septiembre de 2025 algunas empresas habían adelantado compras externas ante expectativas cambiarias relacionadas con las elecciones de aquel año, lo que elevó la base de comparación interanual.
Por lo tanto, no toda la reducción de las importaciones puede atribuirse exclusivamente al deterioro de la actividad económica, aunque su comportamiento resulta consistente con las dificultades de demanda que atraviesan distintos sectores.
El contraste se amplía al examinar los primeros nueve meses de 2026.
Según los registros del INDEC, las exportaciones acumuladas alcanzaron los US$ 77.267 millones, un incremento interanual del 21,6%, mientras las importaciones sumaron US$ 56.069 millones, con una disminución del 2,5%.
De esa combinación surgió un superávit comercial de US$ 21.198 millones, frente a los US$ 6.046 millones obtenidos durante el mismo período de 2025. El excedente de los primeros nueve meses también supera el saldo comercial positivo de todo el año pasado.
El desempeño presenta beneficios importantes para la estabilidad macroeconómica, porque permite generar divisas mediante operaciones comerciales genuinas, reduce las necesidades de financiamiento externo y crea mejores condiciones para fortalecer la posición de reservas del Banco Central.
Sin embargo, un superávit comercial no se transforma automáticamente en una acumulación equivalente de reservas internacionales. La disponibilidad efectiva de esas divisas depende también de los pagos de deuda, las operaciones financieras, las decisiones de los exportadores y el funcionamiento del mercado cambiario.
El economista Santiago Casas, de EcoAnalytics, describió esta situación como una expresión de la dualidad económica argentina: un sector exportador que atraviesa una expansión excepcional, impulsada especialmente por la energía, frente a una demanda interna debilitada que mantiene deprimidas las importaciones.
La consultora LCG proyecta que las exportaciones podrían alcanzar aproximadamente US$ 104.000 millones durante 2026, con un crecimiento cercano al 20% interanual, mientras las importaciones registrarían una contracción de alrededor del 2,5%.
De concretarse esas estimaciones, la Argentina cerraría el año con uno de los mayores saldos comerciales de su historia reciente, consolidando el papel de la energía como una de las principales fuentes de generación de dólares.
El resultado también plantea un desafío para la política económica del gobierno de Javier Milei. La expansión exportadora, por sí sola, no garantiza una recuperación homogénea del empleo, el consumo y la producción destinada al mercado nacional. Para que el dinamismo externo se traduzca en una mejora más amplia, será necesario que las inversiones energéticas, industriales y agropecuarias generen encadenamientos productivos y que la recuperación de los ingresos permita reactivar la demanda interna.
El récord de septiembre confirma que la Argentina dispone de sectores capaces de incrementar sustancialmente sus ingresos de divisas y modificar su inserción en los mercados internacionales. La evolución de los próximos meses permitirá observar si ese impulso se extiende al resto de la economía o si persiste una estructura de crecimiento desigual, en la que la expansión de las exportaciones convive con hogares y empresas que todavía no experimentan una recuperación equivalente de su actividad.
Fuentes consultadas: INDEC, Intercambio Comercial Argentino de septiembre de 2026; Ministerio de Economía; declaraciones públicas de Luis Caputo; Bloomberg Línea; Infobae; Agencia Noticias Argentinas; TN; consultoras LCG y EcoAnalytics.
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