Por RR
Buenos Aires-4 de Marzo de 2026-Total News Agency-TNA-— La interna libertaria volvió a quedar expuesta este miércoles con un movimiento de alto impacto: Karina Milei se anotó una victoria decisiva al quedarse con el control político del Ministerio de Justicia, desplazando al sector que responde al asesor Santiago Caputo (el Mago del Kremlin) en la definición del recambio tras la salida de Mariano Cúneo Libarona. La designación de Juan Bautista Mahiques como ministro y de Santiago Viola como número dos, en reemplazo de Sebastián Amerio, reconfiguró el mapa de poder en el corazón judicial del Gobierno y reavivó las tensiones entre los “terrenales” de la secretaria general de la Presidencia y las llamadas “fuerzas del cielo” que orbitan alrededor del estratega presidencial. Imagen y expresión corporal: Karina Milei mira a Caputo, quien desvia su mirada.
El cambio se oficializó a media mañana y sorprendió incluso a quienes integran el núcleo duro del caputismo. Distintas crónicas coinciden en que el sector se enteró pocos minutos antes de que el anuncio se hiciera público. En ese clima, el episodio que terminó de graficar el golpe interno fue la salida de Amerio del Consejo de la Magistratura: el hasta hoy hombre fuerte de Caputo en la segunda línea de Justicia habría tomado conocimiento del cambio durante un encuentro del organismo, explicó la situación y se retiró, en una escena que dejó registros por el formato virtual de la reunión.
En la lectura de la Casa Rosada, el movimiento tiene dos planos. El primero es institucional: Milei necesitaba cerrar una transición que se venía demorando desde hacía meses, con intentos de renuncia y postergaciones de Cúneo Libarona. El segundo es político, y es el que pesa puertas adentro: con Viola en la secretaría de Justicia, Karina Milei se asegura una “segunda línea” propia en un área estratégica para la administración del Estado, la relación con el sistema judicial, la política carcelaria y los expedientes que impactan en la estabilidad del Gobierno. Chapeau.
La designación de Mahiques, ex fiscal general de la Ciudad de Buenos Aires, aporta perfil técnico y vínculos en el mundo judicial, un terreno donde el oficialismo intenta ganar previsibilidad en medio de un año en el que busca impulsar reformas, blindar medidas y enfrentar una ola de judicialización de políticas públicas. Pero para la interna libertaria, el dato más relevante no fue el nombre del ministro sino el del secretario: Viola es apoderado de La Libertad Avanza (LLA), hombre de máxima confianza de Karina Milei, y su desembarco implica, en los hechos, que la “mesa de control” de Justicia queda del lado de la hermana del Presidente.
Del lado del caputismo, el mensaje oficial fue de disciplina: “es una decisión del Presidente y la respetamos”, repitieron cerca del asesor, buscando evitar que la derrota se leyera como una ruptura. También insistieron en que Caputo no amenazó con abandonar el Gobierno y que la idea de una renuncia fue, en todo caso, una especulación amplificada por redes y por el propio ruido interno. La consigna fue clara: bajar la espuma sin admitir retrocesos. La pregunta real, sin embargo, es cuánto pesa hoy el asesor en un área que hasta hace poco era considerada uno de sus bastiones más sensibles.
En los pasillos libertarios, el desplazamiento de Amerio fue leído como un mensaje disciplinador hacia el ala “celestial”: no sólo se perdió el lugar de ministro —que algunos esperaban para su propio candidato—, sino también el control cotidiano de la cartera. Y ahí aparece una clave: el Ministerio de Justicia no se maneja sólo con el ministro. Se maneja con la botonera de la secretaría, la coordinación legislativa fina, la relación con organismos y el vínculo con el Consejo de la Magistratura, donde se define parte del pulso del sistema judicial.
Con ese telón de fondo, la interna vuelve a abrir un interrogante que el Gobierno viene pateando, pero que cada vez suena más fuerte: la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) hoy en manos de un contador público y su hijo. Tras la reforma por decreto que reconfiguró la estructura y funciones del sistema de inteligencia, la disputa por el control efectivo del área quedó en una zona gris, con múltiples terminales políticas y operativas. En ese esquema, distintas versiones periodísticas señalan que Karina Milei busca ampliar su influencia sobre sectores estratégicos del Estado y que la inteligencia aparece como el próximo terreno natural de esa expansión, es necesario ordenarla. La duda, en la práctica, es si la hermana del Presidente se quedará sólo con Justicia o si avanzará para disciplinar también un organismo que, según diagnósticos internos y externos, atraviesa desorden, superposiciones y falta de resultados visibles.
La discusión sobre la SIDE no es abstracta. En el mundo real, el Gobierno quedó expuesto recientemente por un episodio que derivó en un bochorno político: la liberación y repatriación del gendarme Nahuel Gallo, tras más de 400 días detenido en Venezuela, terminó siendo facilitada por gestiones y logística vinculadas a la cúpula de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). La intervención de la entidad que conduce Claudio “Chiqui” Tapia —con contactos y puentes propios en Caracas— dejó al Ejecutivo en una posición incómoda, sobre todo el area exteriror dirigida por un contemporáneo del ex agente Stiuso con linea directa a Santiago Caputo: mientras el Gobierno buscaba capitalizar el regreso del gendarme como logro diplomático, diversos informes periodísticos describieron que la negociación y la salida efectiva se produjeron por un canal alternativo, ajeno al circuito formal del Estado, que incluso si la “puerta la habria Tapia”, el control de la operacion debio haber sido ejecutado por la SIDE y tapia permanecer en las sombras.
En la mirada de TNA, ese episodio puso en evidencia un problema mayor: cuando un organismo deportivo aparece como actor central en una operación sensible de naturaleza internacional —por fuera de los carriles institucionales—, lo que queda en el centro del debate no es el “mérito” del salvataje, sino el vacío del Estado. Y en ese vacío, la SIDE queda inevitablemente bajo la lupa. No porque deba “resolver” un caso humanitario como si fuera una agencia de rescate, sino porque el Estado —en su conjunto— debería tener capacidades coordinadas para anticipar, gestionar y cerrar crisis con herramientas formales, sin quedar condicionado a redes paralelas. La sensación que se instaló en el ecosistema político es que el aparato estatal quedó desbordado, y que la foto final fue la de un Gobierno que llegó tarde a su propia historia. En el pasado, la AFA, en manos de Julio Grondona, colaboro de manera significativa en el regreso de la Fragata Libertad, embargada por un “fondo buitre”, pero todo en silencio y coordinado por el estado.
Por eso, la pulseada de Justicia no es un capítulo aislado: es una señal del método. Karina Milei consolida poder con una lógica de control territorial dentro del Estado, colocando nombres propios en áreas clave y reduciendo márgenes de autonomía del ala que encarna Caputo. La pregunta es si ese método se extenderá a la inteligencia, donde una conducción fragmentada puede volverse un riesgo doble: por falta de eficacia y por exceso de discrecionalidad.
En paralelo, el Gobierno buscaria mantener un equilibrio delicado: sostener a Caputo como arquitecto político y comunicacional sin permitir que concentre resortes institucionales que, para Karina Milei, deben depender de su órbita directa. De ahí que la versión de una renuncia del asesor haya sido desmentida con rapidez por èl mismo: en el oficialismo saben que una salida abrupta, real o simbólica, podría disparar una crisis de gobernabilidad dentro del propio dispositivo libertario.
Con Mahiques y Viola en Justicia, el Gobierno pretende ordenar una cartera que será clave para la segunda mitad del mandato: reformas, litigiosidad, sistema penal, vínculo con jueces y equilibrio institucional. Pero hacia adentro, el movimiento deja una moraleja de poder: la hermana del Presidente no sólo administra la política del Gobierno. La conduce. Y si la tendencia se consolida, el próximo capítulo de la interna no será si Caputo se va, sino qué áreas le quedan —y cuáles pasarán, una por una, al tablero de control de Karina Milei.



