Buenos Aires, 31 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA-. Manuel Adorni volvió a quedar en el centro de una controversia patrimonial luego de que salieran a la luz nuevos detalles sobre la compra del departamento en la calle Miró, en Caballito, una operación que, como anticipó Total News Agency ayer, exhibe dos datos especialmente sensibles: el inmueble habría sido adquirido a un valor sensiblemente inferior al de mercado y gran parte de la operación quedó respaldada por un crédito hipotecario otorgado por dos mujeres jubiladas que, al ser consultadas, dijeron no conocer al funcionario.

La operación fue inscripta por un total de 230.000 dólares y comprende una unidad funcional de 199,97 metros cuadrados, de los cuales unos 120 metros son cubiertos y el resto corresponde a patio, además de la proporción de cochera en planta baja. En términos simples, el valor pagado equivale a casi 1.155 dólares por metro cuadrado, una cifra que llamó la atención en el mercado inmobiliario porque queda muy por debajo de las referencias habituales para una propiedad de esas características y ubicación, donde se manejan valores cercanos a los 2.000 dólares el metro cuadrado. Dicho de otro modo: el precio final quedó cerca de la mitad de lo que se considera valor de mercado para ese tipo de unidad.
Pero el punto que más ruido político y judicial generó no fue sólo el monto, sino la forma en que se financió. En la escritura figura una hipoteca por 200.000 dólares, dividida en partes iguales entre Beatriz Viegas, de 72 años, y Claudia Sbabo, de 64, afiliada al PAMI. Cada una aparece como acreedora por 100.000 dólares, lo que deja como saldo que, al momento de concretarse la compra, Adorni y su esposa, Bettina Angeletti, habrían desembolsado apenas 30.000 dólares.

La rareza del caso aumentó cuando ambas mujeres fueron consultadas sobre su vínculo con el actual jefe de Gabinete. Viegas, jubilada y vecina de Flores, respondió primero que no conocía a Adorni y luego rechazó haberle cedido dinero en forma de hipoteca. Del otro lado, en el entorno de Sbabo, también negaron tener claridad sobre cualquier relación con el funcionario o sobre una operación de ese tipo. Esa secuencia dejó flotando una pregunta incómoda: cómo dos personas que aseguran no conocerlo aparecen registradas como prestamistas en una operación inmobiliaria de alto valor.
La escritura, además, asentó la titularidad del inmueble en partes iguales para Adorni y Angeletti. El dato suma otra capa de observación porque el funcionario no se habría desprendido todavía de la vivienda que tenía previamente en Parque Chacabuco. A eso se agrega que un año antes la familia ya había sumado otra propiedad: una casa en el country Indio Cua Golf Club, en Exaltación de la Cruz, que quedó registrada a nombre de su esposa. En ambas operaciones intervino la misma escribana, Adriana Nechevenko.
El caso también despertó atención por la historia previa del inmueble. Las dos acreedoras habían registrado meses antes la adquisición del departamento por 200.000 dólares, y poco después esa misma propiedad fue revendida a Adorni y Angeletti por 230.000 dólares. Aunque en los papeles eso supone una suba del 15%, el foco no quedó allí sino en el desfasaje entre el valor escriturado y la cotización estimada para un inmueble de ese perfil en una de las zonas más buscadas de Caballito.
En paralelo, la situación se cruza con la investigación judicial sobre la evolución patrimonial del funcionario, un expediente que busca determinar el origen de los fondos con los que incrementó sus bienes desde su desembarco en la función pública. Adorni ya había dicho que construyó su patrimonio durante sus años en el sector privado y que no tiene nada que ocultar, pero el nuevo episodio volvió a encender alarmas políticas y a alimentar dudas sobre la consistencia de sus explicaciones.
En la Casa Rosada, el tema genera incomodidad porque se suma a una secuencia de episodios que ya venían erosionando al funcionario. Y esta vez el problema no pasa sólo por la discusión política, sino por la imagen que deja una operación que mezcla un precio llamativamente bajo, una hipoteca poco común y dos jubiladas que, según sus propias respuestas, ni siquiera sabrían quién es el hombre al que figuran financiando.





