Buenos Aires, 10 de abril de 2026-Total News Agency-TNA- Estados Unidos e Irán llegan a la instancia de negociación en Islamabad con una tregua demasiado frágil y con un frente paralelo que amenaza con hacerla saltar por el aire: Líbano. La administración de Donald Trump enviará a Pakistán una delegación encabezada por el vicepresidente JD Vance, junto con Steve Witkoff y Jared Kushner, para una ronda de conversaciones prevista para este sábado, en una capital paquistaní blindada por un fuerte operativo de seguridad. Pero el clima previo está lejos de ser el de una distensión genuina: el régimen iraní llegó a la mesa endureciendo su discurso y dejando claro que los bombardeos israelíes sobre territorio libanés pueden vaciar de contenido cualquier diálogo.
La señal más dura llegó desde Teherán después de los ataques israelíes sobre Beirut y otras zonas del Líbano. El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, sostuvo que esas operaciones vuelven “sin sentido” las negociaciones, mientras distintos voceros iraníes y medios cercanos al poder insistieron en que la tregua impulsada por Pakistán debía comprender también el frente libanés. Del otro lado, tanto Israel como Washington vienen sosteniendo que el entendimiento de dos semanas entre Estados Unidos e Irán no alcanza a la guerra contra Hezbollah, y esa diferencia de interpretación es hoy el principal factor de riesgo para la cumbre.
El cuadro se vuelve todavía más delicado porque Benjamin Netanyahu habilitó negociaciones directas con Líbano, pero sin aceptar un cese de hostilidades. Es decir: se abre una vía política al mismo tiempo que siguen cayendo bombas. Reuters y AP reportaron que Israel quiere avanzar hacia conversaciones directas “lo antes posible”, mientras desde el lado libanés y desde Hezbollah se respondió que no habrá margen serio para avanzar mientras continúen los ataques y no exista una pausa efectiva en el terreno. En términos concretos, la diplomacia regional intenta caminar con una mesa servida bajo fuego cruzado.
A la par, el otro gran cuello de botella sigue siendo el Estrecho de Ormuz. Pese a la tregua entre Washington y Teherán, el flujo energético continúa fuertemente restringido y el mercado del crudo se mantiene muy sensible. Reuters informó este viernes que el petróleo seguía cerca de los 100 dólares por barril, aun después de una semana de fuertes oscilaciones, porque la circulación por Ormuz no se normalizó y persiste el temor a nuevas disrupciones. La consultora Barclays, además, advirtió que cualquier demora en recuperar el tránsito normal de crudo puede mantener una fuerte presión alcista sobre los precios, en un contexto en el que siguen afectados millones de barriles diarios.
Ese dato explica por qué la discusión ya no es sólo militar o diplomática, sino también económica y estratégica. Europa y particularmente el Reino Unido vienen apurando gestiones para reabrir cuanto antes la vía marítima. El primer ministro Keir Starmer habló con Trump sobre la necesidad de una estrategia práctica para restablecer la libertad de navegación, mientras otras capitales europeas vienen reclamando una salida negociada que evite una crisis energética más profunda. El mensaje de fondo es claro: mientras Irán mantenga capacidad de presión sobre Ormuz, cualquier tregua seguirá siendo parcial y el mercado global seguirá operando con una prima de miedo.
Para la Casa Blanca, la apuesta de Islamabad representa una oportunidad diplomática, pero también un riesgo político. Si la reunión avanza, Trump podrá exhibir que su equipo logró abrir una ventana de negociación con el régimen persa. Si fracasa, quedará más expuesta la debilidad de una tregua que nació con demasiadas zonas grises: el alcance real sobre Líbano, la reapertura efectiva de Ormuz y las diferencias sobre el programa nuclear iraní siguen sin resolución clara. Con ese telón de fondo, la cumbre arranca con más incertidumbre que certezas y con una advertencia que nadie en la región puede ignorar: basta una nueva escalada en Beirut, o un nuevo bloqueo duro en Ormuz, para que el intento de diálogo quede reducido a una foto sin consecuencias.




