Buenos Aires, 10 de abril de 2026-Total News Agency-TNA-. La inflación en la Ciudad de Buenos Aires volvió a tomar envión en marzo y dejó una señal que en el mercado, en la política y en la calle nadie piensa subestimar. El índice de precios porteño marcó 3%, por encima del 2,6% de febrero, y cerró el primer trimestre con una suba acumulada de 8,9%, mientras que la variación interanual trepó a 32,1%. El dato, difundido por el Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (IDECBA), no sólo cortó la desaceleración del mes previo sino que además volvió a poner en el centro de la escena un problema que el oficialismo necesita dominar cuanto antes: la dificultad para perforar con firmeza el piso del 3% mensual.
El salto de marzo tuvo motores bien definidos. Educación encabezó las subas con 8,6%, empujada por las cuotas de los establecimientos formales en el arranque del ciclo lectivo. Muy cerca apareció Transporte, con 6%, afectado por los aumentos en combustibles y en el boleto de colectivo urbano. También pesó con fuerza Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, que avanzó 3,2% por subas en alquileres, gastos comunes y tarifas residenciales. Y en el rubro más sensible para cualquier hogar, Alimentos y bebidas no alcohólicas subió 2,6%, con un fuerte impacto de Carnes y derivados, que escalaron 6,3%, aunque parte de esa presión fue amortiguada por bajas en verduras y frutas. La foto que deja marzo es bastante clara: cuando aflojan algunos precios estacionales, vuelven a empujar los regulados y los servicios, que siguen corriendo por delante de los bienes.
Ese último punto no es menor. El informe oficial mostró que los Servicios aumentaron 3,1%, por encima de los Bienes, que subieron 2,8%. A la vez, los precios Regulados pegaron un salto de 6,5%, mientras que la inflación núcleo, medida en el agregado Resto IPCBA, se ubicó en 2,7%. Los Estacionales, en cambio, bajaron 4,5%, sobre todo por la caída en hoteles, paquetes turísticos y pasajes aéreos después de la temporada alta. Traducido a lenguaje político y económico: si no fuera por ese alivio estacional, el número general habría sido todavía más incómodo. Y eso explica por qué el dato porteño fue leído de inmediato como una advertencia para la medición nacional que difundirá el INDEC el próximo martes 14 de abril.
En la práctica, el índice de la Ciudad no siempre replica de forma exacta lo que luego informa el INDEC para todo el país, pero sí funciona como una señal anticipada que el mercado sigue con atención. Más aún en un contexto en el que febrero había dado 2,9% a nivel nacional y el Gobierno buscaba sostener la idea de una desaceleración gradual pero persistente. El problema es que marzo, al menos en la vidriera porteña, mostró una dinámica menos dócil: educación, tarifas, combustibles y transporte volvieron a presionar, justo cuando la discusión pública gira alrededor del costo de vida, del poder adquisitivo y de la capacidad oficial para seguir bajando la inflación sin que reaparezcan sobresaltos.
Para la Casa Rosada, el dato porteño no implica por sí solo un cambio de tendencia, pero sí agrega tensión a una semana clave. Si el IPC nacional de marzo se mueve cerca del 3%, el Gobierno tendrá que redoblar explicaciones para sostener que la desinflación sigue en marcha, aunque a un ritmo menos limpio de lo esperado. Y ahí aparece el verdadero desafío político: en una economía donde la estabilidad todavía se mide mucho más por el changuito, la boleta y el surtidor que por los discursos, cada décima deja de ser técnica y pasa a convertirse en un termómetro social. Marzo, por lo que mostró la Ciudad de Buenos Aires, no trajo un alivio pleno: trajo una advertencia.





