Córdoba, 10 de abril de 2026-Total News Agency-TNA- Patricia Bullrich rompió este viernes el silencio sobre la situación de Manuel Adorni y dejó una definición que, más allá del tono de respaldo, expuso el nivel de golpe político que atraviesa el jefe de Gabinete. Durante un encuentro en la Bolsa de Comercio de Córdoba, la titular del bloque de senadores de La Libertad Avanza sostuvo que no podía decir qué habría hecho ella en su lugar frente al avance de las causas judiciales, pero enseguida marcó una diferencia personal y política: “Él recién arranca en política, viene de otro ámbito, trabajó muchos años en lo privado” y “quizás no tiene el cuero tan duro como lo tengo yo”. La frase, lejos de ser casual, mostró que en el oficialismo ya no discuten sólo el expediente judicial de Adorni, sino también el impacto humano y político que el caso está teniendo sobre uno de los hombres más cercanos a los hermanos Milei.
La senadora libertaria evitó soltarle la mano al funcionario, pero tampoco ensayó una defensa cerrada sobre el fondo del expediente. Dijo que la posición del Gobierno es no entrometerse en las cuestiones judiciales y remarcó que no van a declarar culpable a nadie mientras no lo haga la Justicia. En esa misma línea, admitió además que la situación “duele” dentro del oficialismo y mencionó el efecto que provoca en la familia del ministro coordinador. Es un respaldo institucional, sí, pero también una forma de reconocer que el “caso Adorni” dejó de ser un ruido pasajero para convertirse en una carga política concreta dentro de la administración libertaria.
Y razones no faltan para que el Gobierno esté incómodo. La causa patrimonial que instruye el fiscal Gerardo Pollicita bajo la órbita del juez Ariel Lijo ya sumó medidas sensibles: el levantamiento del secreto bancario y fiscal de Adorni y su esposa Bettina Angeletti, la citación del exfutbolista Hugo Morales, la declaración de la escribana Adriana Nechevenko y, ahora, la convocatoria al contratista Matías Tabar para que lleve toda la documentación sobre las refacciones en la casa de Indio Cuá. A eso se suma el foco judicial sobre el departamento de Caballito, comprado por 230.000 dólares con un esquema de pago financiado en gran parte por dos jubiladas, y dos expedientes paralelos: uno por los vuelos privados a Punta del Este junto al periodista y contratista Marcelo Grandío, y otro por el pasaje de regreso desde Nueva York de la esposa del funcionario en el avión presidencial. En otras palabras, el problema de Adorni ya no pasa por una sola denuncia, sino por la superposición de frentes judiciales y patrimoniales que se fueron acumulando en pocas semanas.
Sin embargo, la señal política de Javier Milei hasta ahora fue clara: sostenerlo. El Presidente lo recibió el 1 de abril en la Quinta de Olivos en medio de rumores de renuncia, ratificó su continuidad y, según informó Infobae, en la última reunión de Gabinete volvió a reafirmarlo al encomendar a sus ministros que centralicen con él las demandas de gestión. Eso explica por qué las palabras de Bullrich son relevantes: no hablan desde la oposición ni desde un margen interno irrelevante, sino desde uno de los sectores con mayor peso político en el oficialismo y, además, desde una dirigente curtida que sabe leer cuándo un funcionario empieza a sentir de verdad la presión del poder.
En Córdoba, además, Bullrich no se limitó al tema Adorni. También defendió el rumbo económico del Gobierno, respaldó las reformas aprobadas esta semana y sostuvo que, aunque la inflación volvió a subir, el panorama sigue siendo de descenso. Incluso usó al riesgo país como ejemplo de una curva que, a su juicio, tuvo un pico por la crisis política de 2025 y luego retomó una tendencia descendente. Ese encuadre no fue menor: buscó transmitir que el oficialismo no piensa cambiar ni el programa económico ni su lógica política por el escándalo que rodea al jefe de Gabinete. El mensaje de fondo fue que el Gobierno seguirá adelante, aun cuando uno de sus funcionarios centrales atraviese su momento más delicado.
Pero la frase del “cuero duro” dejó algo más que una defensa. Dejó una admisión. Bullrich blanqueó que Adorni está sintiendo el golpe y que su poca experiencia política puede volverlo más vulnerable en medio de una tormenta judicial, mediática y patrimonial que todavía no mostró su techo. En la superficie, la senadora salió a contener. En el fondo, reconoció que el desgaste ya existe y que el oficialismo lo ve. Y cuando un gobierno empieza a explicar por qué uno de los suyos no tiene el cuero suficiente, es porque sabe que el problema dejó de ser sólo judicial y ya entró, de lleno, en el terreno del poder



