Buenos Aires, 16 de abril de 2026-Total News Agency-TNA- Un equipo de científicos de Estados Unidos logró desarrollar un método experimental para transformar residuos plásticos en combustibles similares a la gasolina y al diésel con un rendimiento cercano al 60%, en un avance que empieza a llamar la atención tanto por su potencial energético como por su valor ambiental. El trabajo fue impulsado desde el Oak Ridge National Laboratory, dependiente del Departamento de Energía norteamericano, y apunta a resolver uno de los grandes dolores de cabeza de la economía moderna: qué hacer con el volumen gigantesco de plásticos descartables que terminan enterrados, incinerados o flotando en ríos y océanos.
Lo novedoso del procedimiento no pasa sólo por el resultado, sino por la forma en que se consiguió. Los investigadores trabajaron sobre polietileno, uno de los plásticos más comunes del mundo, presente en bolsas, envases, tablas de cocina y una enorme cantidad de productos de uso cotidiano. En vez de recurrir a métodos tradicionales mucho más agresivos en temperatura y costo, el equipo utilizó una mezcla de sales fundidas con cloruro de aluminio que actúa al mismo tiempo como medio de reacción y como catalizador. Eso permite romper las cadenas largas del polímero y convertirlas en hidrocarburos más pequeños, útiles como fracciones de combustible.
El dato que más entusiasma a los laboratorios y a la industria es que el proceso funciona a menos de 170 grados centígrados, muy por debajo de los métodos clásicos de pirólisis, que suelen demandar temperaturas de entre 450 y 500 grados. Esa diferencia no es menor: implica menor consumo energético, un proceso potencialmente más controlable y una tecnología que, al menos en teoría, podría ser más fácil de escalar si supera la etapa de laboratorio. En los ensayos, las moléculas más livianas derivaron en compuestos tipo gasolina, mientras que las más pesadas se orientaron a fracciones cercanas al diésel.
Otro punto fuerte del hallazgo es lo que no necesita. Según explicaron los investigadores, el sistema no requiere metales nobles, ni hidrógeno externo, ni solventes orgánicos, tres elementos que suelen encarecer mucho otros métodos de reciclado químico o reconversión de plásticos. En términos más simples: lograron una conversión selectiva usando materiales más abundantes y baratos, lo que le da al descubrimiento una lógica más cercana a la economía real y menos dependiente de insumos sofisticados o difíciles de conseguir.
Detrás del avance hay, además, una lectura estratégica que en Estados Unidos ya empezó a pesar. El Oak Ridge National Laboratory remarcó que, si esta tecnología logra pasar del laboratorio a una escala industrial, podría fortalecer la seguridad energética, reducir costos de tratamiento de residuos y abrir nuevas oportunidades para reutilizar desechos como insumo de valor. En plena discusión global sobre transición energética, economía circular y escasez de recursos, la posibilidad de transformar basura plástica en combustibles utilizables aparece como una carta atractiva, sobre todo para industrias que buscan soluciones intermedias mientras siguen dependiendo de hidrocarburos líquidos.
Ahora bien, también conviene bajar la espuma. El resultado es promisorio, pero todavía está lejos de representar una solución masiva e inmediata. El propio laboratorio reconoció que el sistema aún enfrenta desafíos técnicos, especialmente porque las sales utilizadas absorben humedad con facilidad y pierden estabilidad, algo que obliga a seguir investigando cómo encapsularlas o manejarlas de forma más eficiente. Además, el proceso fue probado sobre polietileno, no sobre la mezcla caótica y sucia de plásticos que suele aparecer en la basura urbana real. Ese detalle importa, porque una cosa es convertir un polímero relativamente controlado y otra muy distinta es lidiar con residuos mezclados, contaminados o con aditivos complejos.
Aun con esas limitaciones, el hallazgo marca una dirección interesante. En un mundo saturado de residuos plásticos y todavía dependiente de combustibles líquidos, cada avance que acerque reciclado, menor consumo energético y productos de valor comercial gana peso. No se trata de vender una fantasía verde ni de anunciar que mañana la basura doméstica moverá autos y camiones. Pero sí de registrar que la ciencia está encontrando caminos más inteligentes y menos costosos para intervenir sobre un problema que hasta ahora parecía tener pocas salidas elegantes.
Si este método logra mejorar su estabilidad, ampliar el tipo de plásticos procesables y demostrar viabilidad económica a gran escala, el impacto podría ser considerable. Porque no estaría sólo reciclándose plástico: estaría redefiniéndose el modo en que la industria mira los residuos. Y cuando la basura deja de ser un pasivo para convertirse en insumo energético, lo que cambia no es sólo una reacción química. Cambia también el negocio.





