Washington, 17 de abril de 2026-Total News Agency-TNA- Donald Trump aseguró este viernes que el estrecho de Ormuz está “completamente abierto”, en una declaración que buscó instalar la idea de que el principal cuello de botella energético del planeta empezó a salir del estado de asfixia en el que había quedado tras semanas de guerra, bloqueo y tensión militar entre Estados Unidos, Israel e Irán. La frase del presidente norteamericano apareció después de que el canciller iraní, Abbas Araqchi, anunciara que el paso para los buques comerciales quedaba abierto durante el actual cese del fuego, una señal que Washington tomó como un dato político y económico de enorme valor.
La novedad tiene peso propio porque Ormuz no es un corredor cualquiera. Por allí circula una porción decisiva del comercio mundial de crudo y gas natural licuado, y su cierre parcial o total venía empujando al alza los precios de la energía, generando incertidumbre sobre abastecimiento y obligando a potencias europeas y asiáticas a seguir minuto a minuto la evolución del conflicto. Que Trump salga ahora a decir que el paso está plenamente abierto no significa que todo haya vuelto a la normalidad, pero sí busca transmitir que el escenario dejó atrás la fase más aguda del chantaje marítimo y que la presión militar sobre Irán dio algún resultado concreto.
De todos modos, el cuadro sigue lejos de ser lineal. La reapertura anunciada por Irán alcanza al tráfico comercial general durante el período de tregua, pero eso no equivale a un levantamiento total de todas las restricciones acumuladas en los últimos días. La propia crisis dejó un rastro de minas, bloqueos selectivos, interdicciones navales y amenazas cruzadas que todavía mantienen a la región en estado de máxima sensibilidad. En otras palabras, la frase de Trump funciona más como una señal de alivio político y comercial que como un certificado de normalidad plena y permanente.
En los mercados, sin embargo, el efecto fue inmediato. La sola confirmación de que el estrecho vuelve a admitir navegación comercial empujó una baja relevante del petróleo y ayudó a mejorar el humor financiero global. Distintos reportes reflejaron que el precio del Brent cayó con fuerza y que los futuros bursátiles en Estados Unidos reaccionaron al alza ante la expectativa de que el flujo energético deje de estar bajo amenaza inmediata. Para la Casa Blanca, esa reacción es central: no sólo le permite mostrar que su estrategia de presión puede dar resultados, sino también vender que el mundo empezó a descontar un horizonte menos explosivo.
La reapertura de Ormuz, además, se da en paralelo con un momento diplomático especialmente cargado. Este mismo fin de semana podrían retomarse en Islamabad las conversaciones entre Washington y Teherán sobre el programa nuclear iraní, mientras sigue en pie la tregua de diez días entre Israel y Líbano anunciada por Trump. Es decir, la apertura del estrecho no aparece aislada: forma parte de una arquitectura más amplia de descompresión regional, donde la navegación, el petróleo y el control del enriquecimiento de uranio quedaron atados a una misma negociación.
También por eso la frase de Trump tiene una intención política clara. El presidente quiere instalar que la combinación de fuerza militar, bloqueo y negociación acelerada obligó a Irán a retroceder en uno de sus instrumentos de presión más pesados. El relato de la Casa Blanca es que el régimen iraní entendió que no podía seguir jugando con la economía mundial desde Ormuz sin pagar un costo altísimo. Falta ver si esa lectura se sostiene en el tiempo o si la apertura dura sólo lo que dure la actual tregua. Pero, por ahora, Trump ya se apropió del mensaje: el estrecho volvió a abrirse y él quiere que el mundo lo lea como una victoria de su pulseada.
En cualquier caso, el dato de este viernes marca un cambio de clima. Hace apenas días, Ormuz era sinónimo de cierre, minas, barcos detenidos y amenaza recesiva global. Hoy, aunque la situación sigue siendo frágil y reversible, el paso vuelve a mostrarse operativo para el comercio marítimo. No alcanza para hablar de paz duradera ni de crisis superada, pero sí para decir que el mayor punto de estrangulamiento energético del planeta dejó, al menos por ahora, de estar clausurado. Y en una región donde cada gesto altera el precio del barril y el humor de los mercados, eso ya es una noticia de peso.





