Washington-19 de abril de 2026-Total News Agency-TNA- Donald Trump volvió a endurecer su discurso contra el régimen de Irán y lanzó una amenaza de alto voltaje político y militar: advirtió que EEUU destruirá las centrales eléctricas y los puentes iraníes si fracasa la nueva ronda de negociaciones que, según anunció, continuará este lunes en Islamabad, Pakistán. El presidente norteamericano sostuvo además que Teherán violó el alto el fuego en Ormuz al abrir fuego contra embarcaciones internacionales, y cerró su mensaje con una frase que dejó en claro el tono de la nueva escalada: “Es hora de que la máquina asesina de Irán llegue a su fin”.
El nuevo capítulo se abrió después de otra jornada tensa en el estrecho de Ormuz, un punto neurálgico por donde normalmente pasa cerca de una quinta parte del comercio mundial de petróleo. Reuters y AP reportaron que al menos dos buques fueron atacados o quedaron bajo fuego mientras intentaban transitar la zona, en medio de la decisión iraní de volver a cerrar el paso bajo “estricto control” militar. En paralelo, Trump denunció que los disparos apuntaron contra un barco francés y un carguero británico, mientras India convocó al embajador iraní tras reportes de ataques a dos naves con su bandera. La señal es inquietante: el régimen iraní no sólo busca mantener presión geopolítica, sino recordarle al mundo que todavía conserva capacidad para golpear una de las válvulas energéticas más sensibles del planeta.
En ese contexto, la apuesta diplomática quedó otra vez en manos de Pakistán, que ya había mediado la primera ronda de contactos directos entre funcionarios de EEUU e Irán en Islamabad, el fin de semana pasado. Reuters informó que aquellas conversaciones fueron las de mayor nivel entre ambos países en décadas y que estuvieron muy cerca de un entendimiento, aunque terminaron empantanadas por diferencias sobre el programa nuclear iraní, la reapertura de Ormuz, el acceso de Teherán a activos congelados y el alcance de una eventual arquitectura de seguridad regional. Aun así, el canal no se cortó del todo y los mediadores pakistaníes siguieron moviendo mensajes entre ambas capitales.
La dureza del mensaje de Trump no apareció de la nada. Ya a comienzos de abril había amenazado con destruir la red energética y los puentes iraníes si no había acuerdo, y el domingo retomó esa línea con una formulación todavía más agresiva. Al mismo tiempo, la posición de Washington siguió siendo maximalista: exige que Irán abandone todo enriquecimiento de uranio, desmantele sus principales instalaciones, entregue su uranio altamente enriquecido, deje de financiar a sus aliados armados en la región y reabra completamente Ormuz sin cobro de peajes ni restricciones. Del otro lado, el presidente del Parlamento iraní y jefe negociador, Mohammad Bagher Qalibaf, dejó planteada la lógica del régimen con una frase brutalmente simple: si Irán no puede pasar, nadie debería pasar.
En términos políticos, el cuadro muestra a una Casa Blanca decidida a combinar presión militar, asfixia económica y negociación bajo amenaza. En términos estratégicos, la señal es todavía más delicada: si se cae la tregua que expira el miércoles y las partes vuelven al choque abierto, el frente no se limitaría a instalaciones militares o al expediente nuclear, sino que podría extenderse a infraestructura crítica y profundizar el shock energético global. Reuters ya advirtió que la incertidumbre en torno a Irán y a Ormuz volvió a empujar el riesgo sobre los envíos de petróleo y gas, justo cuando la guerra entra en su octava semana y las economías importadoras miran con preocupación cada movimiento en el Golfo.
Por eso, detrás de la retórica de campaña permanente de Trump, hay algo más serio en juego. Si este lunes la vía de Islamabad no consigue acercar posiciones, el conflicto puede entrar en una fase más áspera, con consecuencias que irían mucho más allá de Irán, Israel o Líbano. El mundo energético, el comercio marítimo y el tablero militar regional están colgados de una negociación que avanza entre ultimátums, disparos sobre buques y amenazas de arrasar infraestructura civil estratégica. Y en ese escenario, el régimen iraní vuelve a mostrarse como lo que es: un actor dispuesto a usar Ormuz y el caos regional como herramienta de presión, aun a costa de incendiar una zona de la que depende buena parte de la estabilidad global.





