Buenos Aires, 12 de mayo de 2026-Total News Agency-TNA- La tregua en Medio Oriente volvió a quedar al borde del colapso luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, rechazara con dureza la última propuesta iraní para intentar cerrar el conflicto y calificara el documento enviado por Teherán como una “basura”, mientras el régimen persa respondió elevando la amenaza nuclear y advirtió que podría enriquecer uranio al 90%, un nivel considerado apto para uso militar.
La advertencia fue formulada por Ebrahim Rezaei, portavoz de la Comisión de Seguridad Nacional y Política Exterior del Parlamento iraní, quien sostuvo que, en caso de un nuevo ataque contra Irán, una de las opciones sobre la mesa será avanzar hacia el enriquecimiento de uranio al 90%. “Lo evaluaremos en el Parlamento”, afirmó el dirigente conservador, en un mensaje que buscó exhibir capacidad de respuesta y, al mismo tiempo, presionar a Washington en una negociación cada vez más empantanada.
El dato no es menor. Hasta ahora, Irán había llegado a enriquecer uranio al 60%, una proporción que ya se encuentra muy por encima de los niveles necesarios para uso civil y peligrosamente cerca del umbral militar. Según estimaciones citadas por organismos internacionales y fuentes diplomáticas, el paradero de unos 440 kilos de uranio enriquecido al 60% sigue sin poder verificarse con precisión tras los ataques sufridos por instalaciones nucleares iraníes en junio pasado. Ese punto se transformó en una de las principales preocupaciones de Estados Unidos, Israel y el Organismo Internacional de Energía Atómica.
La discusión nuclear volvió así al centro de la escena. Trump, que una semana atrás había sugerido que la guerra podía encaminarse hacia su final, endureció el tono y aseguró que el alto el fuego vigente desde abril se encuentra en estado extremadamente frágil. El mandatario republicano rechazó la respuesta iraní a la propuesta estadounidense y dejó en claro que la Casa Blanca no aceptará un acuerdo que deje intacta la capacidad nuclear del régimen.
Del lado iraní, la respuesta fue inmediata. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Ghalibaf, afirmó que las fuerzas armadas de su país están listas para “responder” ante cualquier agresión y sostuvo que no existe alternativa que no contemple el reconocimiento de los derechos reclamados por Irán. En la misma línea, Esmail Baghaei, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, defendió la oferta de Teherán como “responsable” y “generosa”.
La propuesta iraní, sin embargo, parece haber sido diseñada más como una plataforma de presión política que como un punto realista de acuerdo. Entre sus exigencias figuran el reconocimiento de la soberanía iraní sobre el estrecho de Ormuz, el pago de reparaciones, el levantamiento de sanciones, la liberación de activos bloqueados y el fin de hostilidades vinculadas al frente del Líbano, donde la presencia de Hezbollah sigue siendo uno de los focos de tensión regional.
Para Washington, aceptar esas condiciones equivaldría a convalidar el uso del chantaje geopolítico como método de negociación. El estrecho de Ormuz es una vía estratégica para el comercio energético global y cualquier amenaza sobre su circulación impacta de inmediato sobre el precio del petróleo, el transporte marítimo y la seguridad de las monarquías del Golfo. En ese tablero, Irán busca proyectar fuerza, pero también intenta trasladar el costo político y económico del conflicto al frente interno estadounidense.
El mensaje de Ghalibaf apuntó directamente a ese objetivo: advertir que cuanto más demore Estados Unidos en aceptar la propuesta iraní, mayor será el costo para los contribuyentes norteamericanos. La frase revela una estrategia clásica del régimen persa: combinar amenaza militar, presión económica y propaganda política para intentar erosionar la voluntad de sus adversarios.
La administración Trump, por su parte, enfrenta el desafío de sostener la presión sin quedar atrapada en una guerra prolongada. La línea dura del presidente estadounidense responde a una premisa central: no permitir que Irán utilice una tregua débil para ganar tiempo, reordenar sus capacidades y preservar material nuclear de alto riesgo. Para Israel, ese margen es directamente intolerable, ya que considera al programa nuclear iraní una amenaza existencial.
El deterioro de las conversaciones deja a la región en un equilibrio precario. Si Irán avanza efectivamente hacia el 90% de enriquecimiento, la crisis ingresaría en una fase mucho más peligrosa, con riesgo de nuevas operaciones militares y una mayor presión sobre el comercio energético. Si, en cambio, Teherán utiliza la amenaza sólo como herramienta negociadora, el desenlace dependerá de hasta dónde Trump esté dispuesto a tensar la cuerda.
Por ahora, la tregua no cayó, pero tampoco ofrece garantías. En Medio Oriente, cuando un alto el fuego entra en “terapia intensiva”, la diferencia entre negociación y guerra puede reducirse a una frase, un misil o una decisión tomada en pocas horas.





