Buenos Aires, 18 de mayo de 2026-Total News Agency-TNA- La pelea interna dentro de La Libertad Avanza volvió a quedar al desnudo, esta vez en el terreno donde el oficialismo suele sentirse más cómodo: las redes sociales. Un cruce público protagonizado por el asesor presidencial Santiago Caputo terminó dejando en una posición incómoda al presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, señalado por sectores del propio Gobierno como presunto impulsor o beneficiario de una cuenta anónima utilizada para lanzar críticas contra funcionarios, dirigentes y empresarios cercanos al poder libertario.
El episodio se produjo mientras Martín Menem aparecía en medios como una de las voces autorizadas del oficialismo para cuestionar al ex presidente Mauricio Macri y los rumores sobre una eventual candidatura presidencial. Pero, en paralelo, el fuego amigo estalló en X, donde Caputo y dirigentes alineados con su sector apuntaron contra el riojano, figura de relación directa con Karina Milei y pieza clave del armado parlamentario del Gobierno.
La controversia comenzó cuando la cuenta anónima @PeriodistaRufus, de escaso volumen de seguidores, publicó una crítica contra FlyBondi, empresa vinculada al empresario Leonardo Scatturice, señalado en distintos medios como hombre de contacto fluido con Santiago Caputo y con actividad de lobby argentino en Estados Unidos. El posteo arrobó a cuentas vinculadas al asesor presidencial y a uno de sus colaboradores, Manuel Vidal.
La respuesta de Caputo fue inmediata y venenosa. Desde su cuenta @slcaputo, una de las más identificadas con el consultor, lanzó una frase breve pero demoledora contra el perfil anónimo. El dato que encendió la mecha fue que, según la acusación difundida por el propio entorno caputista, el posteo derivaba o estaba vinculado con la cuenta oficial de Instagram de Martín Menem.
A partir de allí, las llamadas Fuerzas del Cielo, el núcleo de militancia digital que responde a Santiago Caputo, salieron en masa a instalar que @PeriodistaRufus era una “blue”, es decir, una cuenta paralela o anónima presuntamente usada para intervenir en la pelea interna libertaria sin firma política visible. El señalamiento apuntó directamente contra el presidente de la Cámara baja y contra el sector que responde a Karina Milei.
El escándalo creció cuando comenzaron a circular capturas de publicaciones anteriores de la cuenta anónima. En esos posteos aparecían cuestionamientos no sólo contra Santiago Caputo, sino también contra figuras del ecosistema libertario como el streamer y militante Gordo Dan y el diputado provincial Agustín Romo, ambos alineados con el ala digital caputista. También se difundieron críticas contra el ministro de Economía, Luis Caputo, contra empresariado cercano al Gobierno y contra funcionarias como Sandra Pettovello y Patricia Bullrich.
El punto más sensible fue que algunas publicaciones rozaban temas particularmente irritantes para el presidente Javier Milei, entre ellos referencias irónicas a sus perros, asunto que dentro del oficialismo se sabe que genera fastidio en el propio mandatario. En un Gobierno donde la comunicación digital funciona como territorio político central, la aparición de una supuesta cuenta interna disparando contra dirigentes propios dejó expuesta una fractura que ya venía acumulando ruido.
Lejos de bajar el tono, Santiago Caputo escaló el conflicto al replicar otro mensaje que apuntaba contra la impericia del sector rival para manejar cuentas anónimas y, al mismo tiempo, pretender controlar áreas sensibles del poder. La frase incluyó una referencia a “consumos postergados”, expresión que había sido utilizada por el periodista Carlos Pagni en una editorial de LN+ al analizar gastos en efectivo, viajes, propiedades y reformas vinculadas al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, otro funcionario ubicado bajo el paraguas político de Karina Milei.
Con la polémica instalada, la cuenta @PeriodistaRufus fue eliminada. Pero el daño político ya estaba hecho: las capturas circulaban por toda X y los usuarios libertarios alineados con Caputo tomaron la baja del perfil como una confirmación indirecta de que la cuenta tenía un dueño político demasiado cercano al oficialismo como para quedar expuesto.
En el trasfondo aparece una disputa más profunda: el enfrentamiento entre el sector de Santiago Caputo, que se reivindica como núcleo ideológico, comunicacional y de inteligencia política del proyecto libertario, y el ala que responde a Karina Milei, donde los Menem tienen creciente peso territorial, parlamentario y partidario. Esa tensión atraviesa la administración de Javier Milei desde hace meses y se expresa tanto en el armado electoral como en el control de áreas estratégicas del Estado.
Otro elemento que alimentó las sospechas fue un viejo mensaje de la cuenta atribuida a @PeriodistaRufus, con las iniciales “JBM”. Según usuarios del ecosistema libertario, esa publicación fue interpretada como una referencia anticipada a Juan Bautista Mahiques, luego designado ministro de Justicia, en un movimiento leído como avance del sector de Karina Milei sobre un área donde hasta entonces influía el grupo de Caputo, a través de nombres como Sebastián Amerio y bajo la conducción formal de Mariano Cúneo Libarona.
La crisis digital muestra que la batalla dentro de La Libertad Avanza ya no se limita a rumores de pasillo, candidaturas o pulseadas por cargos. Ahora también se libra en cuentas anónimas, capturas, retuits y operaciones cruzadas que, paradójicamente, terminan exhibiendo hacia afuera lo que el oficialismo intenta administrar puertas adentro: una competencia feroz por la influencia sobre Javier Milei, el control de la botonera política y la narrativa pública del Gobierno.
Para el oficialismo, el costo no es menor. En momentos en que el Gobierno necesita mostrar orden, autoridad y capacidad de gestión, la pelea entre sus principales tribus digitales y políticas proyecta una imagen de improvisación y desconfianza interna. Y aunque Javier Milei sigue siendo el vértice indiscutido del poder libertario, la disputa entre Caputo, Karina Milei y los Menem amenaza con convertirse en un problema estructural para una administración que llegó prometiendo terminar con las prácticas de la vieja política, pero que hoy exhibe internas, operaciones y pases de factura con una intensidad que recuerda demasiado a aquello que decía combatir.





