Buenos Aires – 11 Junio 2026 – Total News Agency – TNA-. El riesgo país argentino cayó este jueves hasta los 461 puntos básicos y marcó un nuevo mínimo desde la llegada de Javier Milei a la Presidencia, en una jornada celebrada por el mercado financiero y leída por los inversores como una señal de mayor confianza en la capacidad de pago de la deuda soberana.
El indicador elaborado por JP Morgan, que mide la sobretasa que debe pagar la Argentina respecto de los bonos del Tesoro de los Estados Unidos, venía de cerrar el miércoles en 503 puntos. Pero la combinación de suba en los bonos soberanos, mejora de calificación crediticia y acumulación de reservas produjo un derrumbe de 8,3% en pocas horas, hasta ubicarlo en el nivel más bajo desde 2018.
El piso anterior de la administración libertaria había sido de 484 puntos, registrado el 28 de enero. Desde entonces, el indicador había vuelto a escalar hasta la zona de 650 puntos en marzo, en un contexto internacional alterado por la guerra entre Estados Unidos e Irán, que golpeó a los activos emergentes y elevó la aversión global al riesgo.
La novedad que aceleró el movimiento fue la decisión de S&P Global Ratings de mejorar la nota de la deuda argentina desde CCC+ a B-, con perspectiva estable. El paso no implica todavía una calificación cómoda ni mucho menos grado de inversión, pero sí confirma un cambio de percepción sobre la deuda argentina. En mayo, Fitch Ratings ya había tomado una decisión similar, también al elevar la calificación argentina a B-.
En el mercado interpretaron que el doble movimiento de las calificadoras empieza a sacar a la Argentina del subsuelo crediticio más extremo. Todavía se trata de una deuda riesgosa, pero menos castigada que meses atrás. Para muchos fondos internacionales, la salida de la categoría CCC abre una ventana técnica: algunos mandatos de inversión directamente impedían comprar deuda argentina mientras el país permaneciera en ese escalón.
La baja del riesgo país se apoya en tres factores centrales. El primero es la acumulación de reservas por parte del Banco Central, que en lo que va del año compró más de US$ 10.500 millones en el mercado cambiario y superó la meta anual de US$ 10.000 millones prevista para todo 2026. La autoridad monetaria logró hacerlo sin una escalada del tipo de cambio, que se mantiene en torno de $1.436 en el segmento mayorista y $1.455 en el minorista.
El segundo factor es el respaldo del Fondo Monetario Internacional, que aprobó las metas del programa argentino y habilitó el desembolso pendiente de US$ 1.000 millones. La vocera del organismo, Julie Kozack, destacó la acumulación de reservas y señaló que el país ya sumó cerca de US$ 7.000 millones de reservas netas, muy cerca de la meta anual de US$ 8.000 millones.
El tercer componente es la mejora de la percepción sobre la deuda soberana. Fitch había mencionado en mayo la mejora de los equilibrios fiscal y externo, el avance de las reformas económicas y las mejores perspectivas de acumulación de reservas. Ahora S&P se sumó a esa lectura, en un momento en que los bonos argentinos vuelven a ganar precio y las paridades comienzan a recomponerse.
La pregunta que empieza a circular en bancos, fondos y consultoras es si la Argentina está cerca de volver a los mercados internacionales de deuda. Por ahora, el ministro de Economía, Luis Caputo, evita alimentar esa expectativa. Según su posición pública, el Gobierno no tiene intención inmediata de emitir bonos globales y prefiere financiarse localmente o mediante operaciones con bancos, conocidas como repos.
Sin embargo, en la plaza financiera se instaló la percepción de que si el riesgo país logra estabilizarse por debajo de los 400 puntos básicos, el equipo económico podría salir a testear el apetito inversor. Un nivel más cercano a los 250 puntos, según admitieron en distintas oportunidades funcionarios y analistas, permitiría conseguir una tasa más razonable para refinanciar vencimientos y reducir la presión sobre el programa financiero.
La mejora es significativa, pero no elimina los desafíos. La Argentina continúa lejos del grado de inversión, mantiene una historia reciente de defaults, arrastra alta inflación y todavía depende de consolidar reservas netas para blindar el frente cambiario. Además, el mercado seguirá mirando la evolución política hacia 2027, año electoral que puede condicionar el apetito inversor si reaparece la volatilidad.
Aun así, el dato de este jueves marca un punto de inflexión para el programa económico de Milei. La compresión del riesgo país refleja que los inversores comienzan a reconocer la disciplina fiscal, el ordenamiento monetario y la acumulación de dólares como señales de solvencia. En términos financieros, la Argentina todavía no está de regreso pleno al mercado global, pero volvió a quedar frente a la puerta.
Para el Gobierno, la baja del riesgo país es un activo político y económico. Permite mostrar resultados ante inversores, mejora el valor de los bonos en cartera y refuerza el discurso oficial de normalización. Para el mercado, en cambio, la señal será incompleta hasta que la caída se sostenga, las reservas sigan creciendo y el país demuestre que puede refinanciar deuda sin repetir ciclos de endeudamiento, crisis y default.
La jornada dejó, en definitiva, una señal potente: los bonos argentinos recuperaron terreno, el riesgo país perforó un nuevo piso de la era Milei y la Argentina volvió a ser observada por los mercados no sólo como una economía en reparación, sino como una oportunidad de alto riesgo y alto rendimiento.





