Buenos Aires – 12 Junio 2026 – Total News Agency – TNA-. El precio internacional del petróleo perforó este viernes la barrera de los US$90 por barril luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunciara avances hacia un acuerdo con Irán para poner fin a la guerra en Medio Oriente, lo que alivió parcialmente las expectativas sobre una interrupción prolongada del suministro energético global.
El barril de Brent, referencia internacional para el mercado petrolero, retrocedió alrededor de 2,5% y operó en torno de los US$87,78, según datos relevados por la Agencia Noticias Argentinas. La baja reflejó una corrección del premio geopolítico que se había incorporado al precio del crudo por los ataques cruzados entre Estados Unidos, Israel e Irán, la amenaza de cierre del estrecho de Ormuz y la incertidumbre sobre el flujo de buques petroleros desde el Golfo Pérsico.
La señal que movió al mercado fue el mensaje de Trump, quien aseguró que Washington y Teherán se encaminan hacia un entendimiento para detener la escalada militar. La expectativa de un acuerdo redujo de inmediato el temor a un bloqueo de Ormuz, paso clave por donde circula una porción decisiva del petróleo y gas que abastece a Asia, Europa y otros mercados consumidores.
Sin embargo, el alivio todavía es parcial. Los inversores operan con cautela porque las últimas semanas estuvieron marcadas por anuncios contradictorios, versiones cruzadas y desmentidas. Irán llegó a afirmar que había cerrado Ormuz, mientras que Estados Unidos lo negó y sostuvo que el tránsito comercial continuaba, aunque bajo fuerte supervisión militar. Esa incertidumbre mantiene al mercado atrapado entre la expectativa de paz y el riesgo de una nueva escalada.
El petróleo venía de subir con fuerza durante la guerra por el temor a ataques sobre infraestructura energética, buques, terminales de exportación y refinerías. La sola posibilidad de que Irán interrumpiera el paso por Ormuz bastó para disparar precios, encarecer seguros marítimos y elevar los costos logísticos. La baja actual indica que el mercado empieza a descontar una salida diplomática, aunque sin darla todavía por cerrada.
En paralelo, fuentes energéticas internacionales señalaron que Estados Unidos mantiene un despliegue militar para garantizar el flujo de crudo desde el Golfo Pérsico. La operación busca evitar que millones de barriles diarios queden atrapados por el conflicto y asegurar que la oferta global no sufra un corte abrupto. Esa intervención también contribuyó a moderar los precios, al mostrar que Washington está dispuesto a sostener la circulación marítima aun en un escenario de tensión.
Para los países consumidores, la baja del crudo representa una buena noticia inmediata. Un barril por debajo de los US$90 ayuda a moderar expectativas inflacionarias, reduce presión sobre combustibles, transporte, tarifas energéticas y costos industriales. También puede aliviar a bancos centrales que venían observando con preocupación el impacto de la guerra sobre los precios internacionales.
Para Argentina, el efecto es mixto. Por un lado, un Brent más bajo permite contener los precios de los combustibles en el mercado interno, algo sensible en un contexto en el que el Gobierno busca consolidar la desaceleración de la inflación. Menor presión sobre naftas y gasoil ayuda a evitar traslados a transporte, alimentos, logística y costos productivos.
Por otro lado, un petróleo más barato reduce el valor de las exportaciones energéticas argentinas. En plena expansión de Vaca Muerta, con mayores ventas externas de crudo y gas, una caída sostenida del precio internacional puede achicar el ingreso de dólares por la balanza energética. Es decir: lo que alivia al consumidor en surtidores puede restar divisas al país por el lado exportador.
El Gobierno de Javier Milei mira esa ecuación con atención. La acumulación de reservas del Banco Central, la baja del riesgo país y la mejora de expectativas financieras se apoyan también en una balanza energética cada vez más relevante. Por eso, una baja moderada del petróleo puede ser funcional para la inflación, pero una caída demasiado profunda podría afectar los ingresos externos de un sector que el equipo económico considera estratégico.
La evolución del Brent también impacta sobre las petroleras locales. Empresas con producción en Neuquén, Río Negro, Mendoza, Chubut y Santa Cruz observan el precio internacional como referencia para inversiones, exportaciones y proyectos de infraestructura. Si el barril se mantiene en niveles cercanos a US$85/90, la actividad de Vaca Muerta sigue siendo rentable, pero el margen frente a precios superiores se achica.
El mercado internacional, por ahora, no descarta nuevas oscilaciones. Si el acuerdo entre Trump e Irán se confirma, el Brent podría seguir cediendo parte del premio geopolítico acumulado durante la guerra. Si las negociaciones fracasan o se reanudan ataques en el Golfo, los precios podrían volver a subir rápidamente, especialmente si reaparece la amenaza de cierre de Ormuz.
El factor iraní sigue siendo central. Teherán utiliza la amenaza sobre el estrecho como herramienta de presión política y militar. Washington, en cambio, busca demostrar que puede garantizar la seguridad de la navegación y evitar que el régimen iraní use el comercio petrolero mundial como rehén. Esa pulseada explica por qué el precio del crudo responde no sólo a los balances de oferta y demanda, sino también a cada frase diplomática, movimiento naval o ataque en la región.
En las mesas de operaciones, el consenso es que la baja del petróleo no significa que el riesgo desapareció, sino que el mercado comienza a descontar una probabilidad mayor de acuerdo. La volatilidad seguirá alta hasta que exista una confirmación formal, mecanismos de verificación y señales concretas de normalización en el Golfo.
El precio del crudo vuelve así a funcionar como termómetro de la geopolítica. Cuando la guerra amenaza a Ormuz, sube. Cuando Trump habla de acuerdo, baja. Cuando Irán desmiente, amenaza o lanza señales ambiguas, vuelve la tensión. En ese vaivén, los inversores ajustan posiciones con rapidez y los países importadores y exportadores recalculan sus escenarios.
La caída del Brent por debajo de US$90 representa, por ahora, un respiro. Pero no una solución definitiva. El mercado necesita algo más que declaraciones: necesita que los buques circulen, que Ormuz permanezca abierto, que Irán no vuelva a escalar y que Estados Unidos confirme si la guerra efectivamente entra en fase de cierre.
Para Argentina, la baja ofrece una ventaja antiinflacionaria inmediata, aunque obliga a seguir de cerca el impacto sobre los dólares energéticos. En otras palabras: menos presión sobre los combustibles, pero también menor ingreso potencial por exportaciones. Una vez más, el país queda mirando el precio internacional con una mezcla de alivio y preocupación.
El petróleo perforó los US$90 porque el mercado empezó a creer que la guerra puede terminar. Pero en Medio Oriente, la distancia entre una promesa de paz y una nueva llamarada suele medirse en minutos. Por eso, el Brent bajó, aunque el mundo todavía no dejó de mirar a Ormuz.





