Benjamin Netanyahu lanzó una de sus críticas más feroces contra el rumbo político británico al ironizar que el Reino Unido se convirtió en una “República Islámica” y recordar la provocadora advertencia de JD Vance de que podría convertirse en el primer país islamista con armas nucleares. La frase, pronunciada a menos de tres meses de las elecciones israelíes del 27 de octubre, refleja el deterioro de una relación bilateral que atravesó otro punto de quiebre cuando Londres reconoció formalmente al Estado de Palestina en septiembre de 2025. El primer ministro israelí vinculó además el crecimiento político y demográfico musulmán en Europa con el progresivo endurecimiento de las posiciones contra Israel y contrastó la actitud británica actual con el respaldo que figuras ligadas a Winston Churchill expresaron hacia el Estado judío durante la Guerra de los Seis Días.
Jerusalén – 14 Agosto 2026 – Total News Agency – TNA.- El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, eligió la ironía para expresar lo que desde hace tiempo considera una transformación política y cultural de Europa, pero esta vez concentró el golpe sobre uno de los aliados históricos más importantes de su país: calificó al Reino Unido como “la República Islámica de Gran Bretaña” y bromeó con la posibilidad de que termine siendo la primera república islámica dotada de armas nucleares.
La declaración fue difundida este jueves durante una entrevista para el podcast “Melej Beleiatzer Jaim”, producido para la Radio del Ejército israelí, donde Netanyahu repasó recuerdos relacionados con Winston Churchill, figura histórica por la que nunca ocultó admiración.
El jefe del Gobierno israelí recordó que el hijo de Churchill, Randolph Churchill, y su nieto Winston Churchill, ambos periodistas, viajaron a Israel durante la Guerra de los Seis Días de 1967 y publicaron posteriormente un libro ampliamente favorable a la actuación israelí.
Netanyahu utilizó ese recuerdo para establecer un contraste deliberadamente provocador con la Gran Bretaña contemporánea. “Intenten encontrar algo así hoy en el Reino Unido”, planteó antes de referirse al país como aquello “que llaman la República Islámica del Reino Unido”.
El conductor Avi Harush, cuyo hijo Reef Harush, de 20 años, murió combatiendo en Gaza en abril de 2024, respondió preguntando si ese fenómeno no alcanzaba en realidad a toda Europa.
Netanyahu asintió y llevó entonces la ironía un paso más lejos al recordar que “alguien dijo que la primera República Islámica con armas nucleares será la República Islámica del Reino Unido”, para inmediatamente agregar que Israel se aseguraría de que “no haya otra en Irán”.
La frase recupera una polémica provocada por JD Vance en julio de 2024, cuando todavía era senador por Ohio y acababa de convertirse en compañero de fórmula de Donald Trump. Durante una conferencia del National Conservatism, Vance relató que había discutido con un amigo cuál sería el primer país “verdaderamente islamista” en disponer de armas nucleares.
Su primera respuesta había sido Irán, aunque bromeó con que Pakistán ya podía ser considerado dentro de esa categoría. Finalmente añadió que quizás sería el Reino Unido después de la llegada del Partido Laborista al poder.
La entonces viceprimer ministro británica Angela Rayner calificó aquellas declaraciones de extravagantes y rechazó por completo la caracterización.
Dos años después, Netanyahu decidió apropiarse del mismo argumento en un contexto político considerablemente más tenso.
La relación entre Londres y Jerusalén sufrió un fuerte deterioro desde la guerra iniciada por la masacre perpetrada por Hamas el 7 de octubre de 2023, cuando alrededor de 1.200 personas fueron asesinadas en Israel y otras 251 fueron secuestradas y trasladadas a Gaza.
El Gobierno británico incrementó progresivamente sus cuestionamientos sobre las operaciones israelíes en la Franja, reclamó restricciones sobre asentamientos en Cisjordania y terminó dando un paso que Netanyahu consideró particularmente grave: el 21 de septiembre de 2025, el Reino Unido reconoció formalmente al Estado de Palestina, junto con otros países occidentales.
Londres explicó entonces que su decisión buscaba preservar la posibilidad de una solución de dos Estados y dejó explícitamente aclarado que continuaba respaldando la seguridad de Israel y exigiendo la liberación de los rehenes todavía retenidos por Hamas.
Para Netanyahu, sin embargo, el reconocimiento fue interpretado como una recompensa política después de la ofensiva terrorista del 7 de octubre y como otra demostración de la creciente influencia de sectores que, según su diagnóstico, condicionan a los gobiernos europeos en su relación con Israel.
Ese es el contexto que explica su expresión sobre una supuesta “República Islámica” británica.
El Reino Unido está muy lejos, en términos estadísticos e institucionales, de semejante definición. Los últimos datos censales disponibles muestran que alrededor del 6% de la población de Gran Bretaña se identifica como musulmana, mientras aproximadamente el 46% se declara cristiana y el 38% afirma no profesar religión alguna.
En Inglaterra y Gales, el censo de 2021 contabilizó unos 3,9 millones de musulmanes, equivalentes al 6,5% de la población, frente al 4,9% registrado una década antes. Es un crecimiento significativo, especialmente concentrado en grandes centros urbanos, pero muy distante de constituir una mayoría nacional.
La controversia política gira precisamente alrededor de ese punto: Netanyahu no estaba realizando una descripción demográfica literal sino utilizando una hipérbole destinada a cuestionar el impacto que atribuye al islam político, a la inmigración y a determinadas organizaciones sobre las decisiones de los gobiernos europeos.
La discusión adquirió además una dimensión electoral interna.
Israel celebrará elecciones generales el 27 de octubre, fecha ya oficializada para renovar los 120 escaños de la Knesset, y Netanyahu enfrenta una competencia mucho más cerrada que en anteriores ciclos electorales.
Encuestas publicadas esta semana colocaron al partido Yashar, encabezado por el ex jefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot, por encima del Likud en intención de voto, con una proyección de aproximadamente 25 escaños frente a 21 para la fuerza de Netanyahu en uno de los relevamientos.
Otros sondeos muestran un escenario más equilibrado, pero prácticamente ninguno garantiza actualmente una mayoría automática ni para el bloque de Netanyahu ni para la oposición.
El propio Likud modificó recientemente sus mecanismos internos para aumentar la capacidad de Netanyahu de reservar lugares en la lista parlamentaria, una decisión interpretada como parte de la preparación para una campaña en la que seguridad, Irán, Gaza y las relaciones con Europa tendrán un peso central.
La entrevista adquirió además polémica dentro de Israel por el lugar donde fue grabada.
El programa se realizaba tradicionalmente en instalaciones de la Radio del Ejército en Yafo, pero el episodio con Netanyahu fue registrado en los estudios de NVP, en Petaj Tikva, una productora que trabaja con el Likud de cara a las elecciones.
La explicación difundida inicialmente fue que la oficina del primer ministro había solicitado el traslado por cuestiones de seguridad, aunque medios israelíes citaron posteriormente a fuentes que señalaron que la Unidad de Seguridad Personal del Shin Bet no había formulado semejante requerimiento.
El detalle resultó llamativo porque las propias oficinas de la Radio del Ejército se encuentran dentro de una instalación militar especialmente protegida.
Pero la discusión sobre el estudio quedó rápidamente eclipsada por la frase sobre Gran Bretaña.
Netanyahu viene sosteniendo desde hace años que Europa enfrenta un proceso de transformación provocado por inmigración masiva, pérdida de identidad nacional, crecimiento del islamismo radical y una progresiva dificultad de sus gobiernos para confrontar organizaciones extremistas.
Sus críticos consideran esa caracterización exagerada y señalan que confunde a millones de musulmanes europeos con grupos islamistas radicalizados, dos categorías profundamente diferentes.
El primer ministro israelí, por el contrario, sostiene que precisamente la negativa europea a reconocer esa diferencia entre integración religiosa y expansión del islam político impidió durante décadas reaccionar a tiempo frente a organizaciones que cuestionan valores democráticos occidentales.
La tensión con Londres condensa esa discusión.
Gran Bretaña fue decisiva en la historia previa a la creación del Estado de Israel, mantiene relaciones diplomáticas, comerciales y militares con Jerusalén y continúa declarando públicamente su compromiso con la seguridad israelí. Al mismo tiempo, su Gobierno reconoció Palestina, endureció críticas contra decisiones del Ejecutivo de Netanyahu y aumentó la presión diplomática por las consecuencias humanitarias de la guerra en Gaza.
Netanyahu decidió responder no mediante el lenguaje tradicional de la diplomacia sino mediante una burla que combina demografía, religión, armas nucleares y política electoral.
En medio de una Europa que debate inmigración, integración, radicalización islámica, antisemitismo y el futuro de sus identidades nacionales, la frase difícilmente quede reducida a una ocurrencia de campaña. Resume una disputa mucho más profunda acerca de si el endurecimiento europeo frente a Israel obedece fundamentalmente a decisiones de política exterior o, como sostiene Netanyahu, constituye también el reflejo de una transformación cultural y electoral que está modificando lentamente la posición del continente hacia el Estado judío.
Fuentes consultadas: The Times of Israel, The Times, The Guardian, Reuters, Gobierno del Reino Unido, Office for National Statistics (ONS), House of Commons Library, Gobierno de Israel, Comisión Electoral Central de Israel, declaraciones de Benjamin Netanyahu y antecedentes públicos de las expresiones de JD Vance. (Times of Israel)




