Washington / Teherán – 12 Junio 2026 – Total News Agency – TNA-. La guerra entre Estados Unidos e Irán ingresó en una fase de máxima tensión diplomática, donde cada anuncio parece acercar la paz y cada desmentida vuelve a empujar la región hacia el abismo. La agencia iraní Mehr difundió este viernes un supuesto memorando de 14 puntos para resolver el conflicto, mientras el presidente Donald Trump acusó a Teherán de filtrar términos falsos y el canciller iraní Abbas Araghchi aseguró que el acuerdo “nunca estuvo tan cerca”.
El documento, presentado por medios iraníes como una base de entendimiento, contemplaría el cese inmediato y permanente de las hostilidades en todos los frentes, incluido Líbano, el levantamiento del bloqueo marítimo, la reapertura gradual del estrecho de Ormuz en un plazo de 30 días y la retirada de fuerzas estadounidenses de zonas adyacentes a Irán.
También incluiría compromisos económicos de enorme magnitud: Estados Unidos no impondría nuevas sanciones durante las negociaciones, suspendería restricciones a la exportación de petróleo iraní, productos petroquímicos y derivados, y habilitaría el desbloqueo de US$ 24.000 millones en activos congelados. Según la versión iraní, la mitad de esos fondos debería estar disponible para Teherán antes del inicio de las negociaciones finales.
El punto más explosivo del borrador difundido por Mehr es el supuesto programa de reconstrucción de Irán por al menos US$ 300.000 millones, que debería ser presentado por Estados Unidos y sus aliados. Para Washington, esa filtración sonó más a lista de deseos iraní que a texto pactado. Para Teherán, en cambio, el memorando mostraría que el régimen resistió la ofensiva militar y llegó a la mesa con capacidad de imponer condiciones.
Trump reaccionó con furia. En su red Truth Social, acusó a Irán de hacer circular una versión falsa del plan de paz y sostuvo que los términos filtrados “no tienen nada que ver” con lo acordado por escrito. “Los iraníes son gente muy deshonesta con la que tratar. Con ellos, no existe tal cosa como negociar de buena fe. ¡Increíble!”, escribió el presidente estadounidense.
La dureza del mensaje contrastó con el tono de apenas horas antes, cuando Trump había afirmado que un acuerdo era inminente y que el estrecho de Ormuz podría reabrirse oficialmente una vez firmado el texto. Incluso se mencionó la posibilidad de que el vicepresidente J.D. Vance firmara el documento en representación de Estados Unidos durante el fin de semana.
El canciller iraní Abbas Araghchi intentó bajar el nivel de confusión. “El memorando de entendimiento de Islamabad nunca ha estado tan cerca”, escribió en X, aunque pidió a los medios abstenerse de especular sobre su contenido hasta que el texto esté finalizado. La frase fue suficiente para alimentar expectativas, pero no para despejar las dudas sobre qué está realmente sobre la mesa.
El portavoz de la cancillería iraní, Esmail Baqai, también puso paños fríos al entusiasmo: “Hasta el momento, Irán no ha llegado a una conclusión definitiva sobre el acuerdo”, afirmó ante medios estatales. La agencia Tasnim, cercana al régimen, recordó incluso que Trump ya anunció decenas de veces en los últimos dos meses que un acuerdo de paz era inminente, sin que hasta ahora se haya firmado nada definitivo.
El núcleo del conflicto sigue siendo el mismo: Ormuz, sanciones, petróleo, activos congelados, presencia militar estadounidense, programa nuclear iraní y el papel de los aliados regionales de Teherán. La versión difundida por medios iraníes pone el acento en el cese de hostilidades, el alivio económico y la retirada de fuerzas norteamericanas. Washington, en cambio, insiste en que cualquier beneficio debe estar atado al cumplimiento verificable de obligaciones por parte de Irán.
Fuentes estadounidenses remarcan que el eventual acuerdo sería “basado en desempeño”, es decir, sin liberación inmediata de dinero ni levantamiento automático de sanciones si Teherán no cumple condiciones concretas. Entre los puntos sensibles figuran el destino del material nuclear enriquecido, las limitaciones al programa misilístico y el cese del apoyo a organizaciones como Hezbolá, Hamas y los hutíes.
Irán, por su parte, exige que el cese de hostilidades abarque todos los frentes, especialmente Líbano, donde Hezbolá continúa enfrentado con Israel. Teherán intenta presentar esa condición como parte de una solución regional integral. Washington e Israel la leen de otro modo: como un intento iraní de arrastrar a la mesa a sus brazos armados y convertir la presión militar de sus aliados en moneda de negociación.
La situación se volvió todavía más delicada después de que Trump denunciara un ataque iraní con drones contra barcos indios que salían del estrecho de Ormuz. Según Washington, el ataque fue repelido, pero el episodio confirmó que la guerra sigue activa incluso mientras las partes hablan de paz. “Más les vale cambiar de actitud, y rápido”, advirtió el presidente estadounidense.
La reapertura de Ormuz es uno de los puntos centrales del memorando. Por ese paso circula una parte decisiva del petróleo y gas que abastece al mercado global. Su cierre o restricción parcial disparó el precio del crudo, encareció seguros marítimos y elevó la presión sobre economías importadoras. Por eso, cada rumor de acuerdo hizo caer el petróleo, mientras cada amenaza iraní volvió a cargar de tensión al mercado.
El barril de Brent perforó los US$ 90 tras conocerse avances diplomáticos y operó en torno de los US$ 87/88, reflejando que los inversores descuentan una posible normalización del flujo energético. Pero esa baja es frágil. Si el memorando naufraga o Irán vuelve a amenazar la navegación, el precio podría rebotar con fuerza.
Trump necesita el acuerdo por razones estratégicas y políticas. La guerra de tres meses golpeó los mercados, elevó la inflación energética, expuso a bases estadounidenses en el Golfo y generó fatiga en la opinión pública norteamericana. Además, el mandatario busca llegar a la cumbre del G7 en los Alpes franceses con una victoria diplomática bajo el brazo, después de haber amenazado con bombardear con más fuerza la infraestructura petrolera iraní y tomar control de instalaciones como la isla de Kharg.
“Han recibido un golpe como muy pocos podrían soportar”, dijo Trump en el Despacho Oval, al explicar por qué creía que Irán quería cerrar el acuerdo más que Estados Unidos. La frase resume la estrategia norteamericana: presión militar extrema, amenaza petrolera, sanciones y negociación desde una posición de fuerza.
Pero Teherán también necesita mostrar que no capitula. Por eso la filtración del supuesto memorando de 14 puntos puede cumplir una función interna: presentar el acuerdo no como rendición, sino como victoria diplomática. El régimen necesita explicar a su propia población por qué aceptaría conversar con Washington después de semanas de ataques, daños militares, presión económica y humillación estratégica.
El problema es que esa construcción narrativa choca con las exigencias estadounidenses. Trump no puede vender en Washington un acuerdo que parezca regalar a Irán alivio petrolero, fondos congelados y reconstrucción sin garantías nucleares, misilísticas y regionales. Irán no puede vender en Teherán un acuerdo que parezca una rendición ante Estados Unidos e Israel.
En el medio quedan los mediadores. El llamado “Memorando de Islamabad” remite al papel de Pakistán y otros actores regionales que empujan una salida para evitar que la guerra desborde definitivamente el Golfo. Arabia Saudita, Turquía, Egipto y otros países también observan con atención, porque una guerra prolongada amenaza rutas energéticas, comercio, estabilidad interna y seguridad regional.
Israel aparece como el gran actor incómodo. No participa directamente del texto difundido, pero sus intereses atraviesan toda la negociación. El gobierno israelí exige que cualquier acuerdo desmantele la capacidad nuclear, misilística y proxy de Irán. Además, mantiene operaciones en Líbano contra Hezbolá, precisamente uno de los frentes que Teherán quiere incluir en el cese de hostilidades.
Esa diferencia puede convertirse en el principal obstáculo. Si el acuerdo entre Estados Unidos e Irán deja fuera a Israel o no garantiza la neutralización de Hezbolá, el conflicto puede reducirse en el Golfo pero continuar en el Levante. Si incluye exigencias demasiado duras contra los aliados iraníes, Teherán podría negarse a firmar.
La contradicción es evidente: todos hablan de acuerdo, pero nadie parece aceptar la misma versión del acuerdo. Irán filtra un memorando favorable a sus intereses. Trump denuncia una falsificación. Araghchi dice que el texto está cerca, pero pide silencio. El portavoz iraní dice que no hay conclusión final. Y los mercados, mientras tanto, reaccionan como si cada frase fuera un tratado firmado.
La posible firma durante el fin de semana no puede descartarse, pero tampoco darse por hecha. El proceso está atravesado por desconfianza, propaganda, necesidades internas y presión militar. Una cosa es que las partes necesiten un acuerdo; otra, que puedan sostenerlo.
Si el memorando prospera, el primer efecto será la desescalada en Ormuz y una caída adicional del premio de guerra sobre el petróleo. El segundo será una pulseada sobre el levantamiento gradual de sanciones y el desbloqueo de fondos. El tercero, mucho más difícil, será discutir el programa nuclear y misilístico iraní, además del futuro de sus aliados armados.
Si fracasa, la guerra puede volver rápidamente a su fase más peligrosa. Trump ya amenazó con ataques más agresivos contra infraestructura petrolera. Irán ya mostró que puede responder con drones, misiles y presión sobre rutas marítimas. Y los grupos asociados a Teherán, desde Hezbolá hasta los hutíes, mantienen capacidad de abrir frentes adicionales.
Por ahora, el supuesto acuerdo de 14 puntos funciona como espejo de la desconfianza entre las partes. Para Irán, es la prueba de que logró imponer una agenda. Para Trump, es una distorsión inaceptable de lo negociado. Para los mercados, es una esperanza suficiente para bajar el petróleo. Para la región, es apenas una tregua verbal mientras los drones todavía vuelan.
La guerra puede estar cerca de terminar. O puede estar entrando en una nueva fase de presión diplomática con munición real. En Medio Oriente, la paz suele anunciarse muchas veces antes de firmarse una sola. Y esta vez, como admiten incluso los protagonistas, el acuerdo nunca estuvo tan cerca ni tan lejos al mismo tiempo.





