Buenos Aires – 18 Junio 2026 – Total News Agency – TNA-. El juicio oral de la Causa Cuadernos sumó este jueves una nueva tanda de testimonios sensibles: pilotos y tripulantes de la flota presidencial que prestaron funciones durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Kirchner declararon ante el Tribunal Oral Federal N°7 (TOF 7) y ninguno pudo confirmar que las valijas trasladadas a Santa Cruz hayan sido sometidas a los controles habituales de seguridad aeroportuaria.
La audiencia volvió a poner bajo la lupa los vuelos oficiales hacia el sur del país, un capítulo clave dentro de la investigación que busca determinar si la estructura de recaudación ilegal atribuida al kirchnerismo también utilizó aeronaves presidenciales para transportar bolsos, valijas o bultos sin revisión adecuada.
Para la jornada fueron convocados ocho testigos vinculados a la operatoria y logística de los vuelos oficiales: Ángel Heit, Carlos Micolucci, Claudio Trerotola, Gabriel Falaschi, Roberto Muller, Mariano Lesa, Gustavo Lyall y Héctor Molina. Sus declaraciones se suman a las prestadas en audiencias anteriores por otros pilotos de la flota presidencial, entre ellos Sergio Velázquez y José Javier Videla, quienes ya habían relatado traslados de valijas hacia Río Gallegos y El Calafate.
El dato central de la nueva audiencia fue la ausencia de certezas sobre los controles. Ninguno de los testigos pudo afirmar que los equipajes, valijas o bultos que se cargaban en vuelos oficiales hacia Santa Cruz pasaran por escáneres o controles similares a los aplicados a cualquier pasajero o tripulación.
Roberto Muller, ex piloto del Tango 01, fue uno de los testimonios más directos. Afirmó que “jamás” vio revisar el equipaje de nadie y que, si algún control se hubiera realizado, él lo desconocía. También explicó que, en algunas ocasiones, los funcionarios bajaban del helicóptero y las valijas eran subidas directamente al avión, sin que él pudiera constatar una inspección previa.
En la misma línea, Carlos Micolucci, ex tripulante del Tango 10, sostuvo que el escáner móvil sólo se acercaba de manera ocasional. Además, relató un episodio ocurrido en Rosario, cuando se pidió pasar por el escáner bolsas con regalos y, según su testimonio, al ex presidente Néstor Kirchner “no le gustó mucho” ese requerimiento.
Gabriel Falaschi aportó otro dato operativo: señaló que el equipaje era cargado por personal de Ceremonial de la Presidencia, mientras que las pertenencias de la tripulación —esas sí sometidas a controles de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA)— se ubicaban en la bodega trasera del avión. La diferencia entre el trato dado a la tripulación y el aplicado a los bultos oficiales volvió a exponer una zona gris en la cadena de custodia.
A su turno, Claudio Trerotola declaró que nunca estuvo informado sobre si existían controles de las valijas durante los vuelos presidenciales del Tango 10, donde prestaba tareas. También contó que trasladó periódicos y síntesis de medios hacia El Calafate, que eran entregados a una persona que aguardaba en la plataforma.
La relevancia de estos testimonios no reside en que los pilotos hayan visto dinero. Ninguno afirmó haber abierto valijas ni haber verificado su contenido. Lo que el juicio vuelve a mostrar es otra cosa: una operatoria de vuelos oficiales donde equipajes, bolsos y bultos podían moverse hacia el sur sin que quienes integraban la tripulación pudieran acreditar controles formales, escaneo, registro o trazabilidad.
Ese vacío es clave para la acusación. La Causa Cuadernos, iniciada a partir de las anotaciones del chofer Oscar Centeno, investiga una presunta asociación ilícita dedicada a recaudar sobornos de empresarios contratistas de obra pública durante los gobiernos kirchneristas. Según la Fiscalía, el circuito habría tenido como eje a ex funcionarios del Ministerio de Planificación, empresarios beneficiados por contratos estatales y una estructura de traslado y entrega de dinero en efectivo.
El juicio oral comenzó en noviembre de 2025 y tiene como principales acusados a Cristina Kirchner, ex presidente de la Nación; el ex ministro de Planificación Julio De Vido; el ex secretario de Coordinación Roberto Baratta; y decenas de empresarios y ex funcionarios. La Fiscalía sostiene que la ex mandataria fue destinataria final de parte de los fondos ilegales, mientras su defensa rechaza la acusación, cuestiona la autenticidad de los cuadernos y denuncia persecución judicial.
Las declaraciones de pilotos y tripulantes apuntan a un tramo específico de esa hipótesis: la posibilidad de que parte del dinero recaudado haya sido trasladado hacia Santa Cruz, provincia de origen político y patrimonial del matrimonio Kirchner. En audiencias anteriores, ex pilotos habían confirmado vuelos con valijas, algunos sin pasajeros habituales y con bultos que no pasaban por los controles ordinarios.
Uno de los testimonios más citados fue el de José Javier Videla, ex piloto del Tango 10, quien declaró que el ex secretario privado Daniel Muñoz viajó solo a Santa Cruz con una valija de aproximadamente 23 kilos que no quiso despachar. Otros relatos mencionaron valijas con candados y vuelos frecuentes hacia el sur, especialmente durante los años de mayor poder del kirchnerismo.
El nombre de Daniel Muñoz es central en el expediente. Fue secretario privado de Néstor Kirchner y luego quedó vinculado a investigaciones patrimoniales por millonarias inversiones inmobiliarias en el exterior. Para los fiscales, su rol habría sido clave en el movimiento de dinero en efectivo dentro de la estructura investigada.
Hasta ahora, los testigos de la flota presidencial no acreditan por sí solos el contenido de las valijas. Pero sus declaraciones sí refuerzan una pregunta que atraviesa el juicio: cómo podían circular bultos, equipajes y valijas en aviones oficiales sin que exista constancia clara de controles, escaneo, registro o responsabilidad administrativa sobre lo transportado.
El punto es especialmente sensible porque se trataba de aeronaves del Estado, utilizadas por presidentes, ministros, secretarios y personal oficial. En cualquier vuelo regular, un equipaje pasa por revisión, identificación y protocolos de seguridad. En los vuelos presidenciales analizados, los propios pilotos y tripulantes declararon que no pueden confirmar que eso haya ocurrido con las valijas que iban hacia Santa Cruz.
La audiencia continuará el martes 23 de junio, cuando el TOF 7 retomará la declaración de nuevos testigos vinculados a la causa. La expectativa está puesta en reconstruir con mayor precisión el circuito logístico de los vuelos, las responsabilidades de Ceremonial, el rol de la PSA y la eventual existencia —o inexistencia— de registros documentales sobre los bultos trasladados.
La Causa Cuadernos sigue avanzando lentamente, pero cada testimonio suma piezas a un rompecabezas incómodo: durante años, aviones presidenciales habrían transportado valijas hacia el sur sin que quienes los operaban pudieran certificar controles. En un juicio por presunta recaudación ilegal de sobornos, esa falta de trazabilidad no es un detalle administrativo. Es una sombra sobre el uso de la flota presidencial en la etapa de mayor poder del kirchnerismo.





