Lima – 26 junio 2026 – Total News Agency – TNA – Keiko Fujimori quedó a un paso de llegar finalmente al Palacio de Gobierno tras tres derrotas presidenciales consecutivas y, con el escrutinio prácticamente cerrado, se declaró vencedora de la segunda vuelta frente al izquierdista Roberto Sánchez, en una de las elecciones más ajustadas de la historia reciente de Perú.
La lideresa de Fuerza Popular afirmó que recibe el resultado “con humildad” y anunció que buscará formar un gabinete integrado por técnicos, profesionales independientes y figuras que excedan la estructura de su partido. El mensaje apuntó a transmitir gobernabilidad en un país golpeado por años de crisis institucional, enfrentamiento político y recambio permanente de presidentes.
“Esta elección ya acabó. Ahora lo que tenemos que fijarnos es qué vamos a hacer los próximos cinco años”, sostuvo Fujimori durante un acto en el distrito limeño de Villa María del Triunfo, donde apareció rodeada de simpatizantes y personeros de su fuerza política.
Según el conteo de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), con el 99,877 por ciento de las actas contabilizadas, Fujimori alcanza el 50,121 por ciento de los votos, equivalente a 9.208.624 sufragios, mientras Roberto Sánchez, candidato de Juntos por el Perú, obtiene el 49,879 por ciento, con 9.164.171 votos. La diferencia ronda los 44.453 votos, una brecha mínima para un padrón de millones de electores.
El resultado confirma el peso decisivo del voto exterior y de Lima, donde la candidata fujimorista logró compensar el avance de Sánchez en regiones rurales, sectores populares del interior y zonas con mayor presencia de voto antifujimorista. La elección dejó al país partido casi en dos mitades exactas, con una derecha que vuelve al poder y una izquierda que denuncia irregularidades pese a que observadores internacionales y organismos electorales no reportaron elementos suficientes para hablar de fraude.
Fujimori reconoció esa fractura y buscó instalar un tono de reconciliación. “Lo que ha mostrado es un país que está fragmentado. Lo que nos corresponde ahora es tender los puentes, es volvernos a abrazar, es trabajar juntos por la unidad de todos los peruanos”, afirmó.
La virtual presidenta electa también intentó hablarle a los sectores que todavía desconfían de su figura, marcada por el peso político del apellido Fujimori, por la herencia del gobierno de su padre Alberto Fujimori y por el fuerte movimiento antifujimorista que durante años condicionó la vida pública peruana.
“Vamos a llevar las obras, vamos a llevar trabajo, vamos a construir escuelas y vamos a trabajar juntos por la paz, por el orden y el desarrollo de nuestro país”, prometió.
El eje de su discurso fue doble: orden y gestión. Fujimori dijo que su prioridad será “recuperar las calles” y lograr que “el Estado vuelva a funcionar”, una consigna sensible en un país atravesado por el avance de la criminalidad, la desconfianza hacia las instituciones y el agotamiento ciudadano frente a la inestabilidad política.
Sobre el futuro gabinete, envió una señal hacia los sectores moderados y empresariales. “Vamos a tener un gran equipo, un equipo que vaya más allá de nuestro partido, un equipo que tenga experiencia, pero sobre todo que tenga la camiseta del Perú bien puesta”, remarcó.
La frase apunta a despejar dudas sobre un eventual gobierno cerrado sobre el núcleo duro de Fuerza Popular. Sin embargo, el margen estrecho de la elección anticipa un inicio de mandato difícil. Juntos por el Perú y otras fuerzas opositoras podrían intentar condicionar su gestión desde el Congreso, mientras en las calles el antifujimorismo ya aparece como un actor dispuesto a disputar legitimidad.
El desafío de Fujimori será gobernar un país que en la última década convirtió la inestabilidad en rutina. Perú tuvo sucesivos presidentes debilitados, destituciones, renuncias, investigaciones judiciales y choques permanentes entre el Ejecutivo y el Legislativo. En ese escenario, la promesa de “hacer funcionar el Estado” es también una admisión del deterioro acumulado.
Para la lideresa de Fuerza Popular, el triunfo tiene además un carácter personal y político. Había perdido en 2011 frente a Ollanta Humala, en 2016 frente a Pedro Pablo Kuczynski y en 2021 frente a Pedro Castillo. Las dos últimas derrotas fueron por márgenes exiguos y estuvieron marcadas por denuncias de fraude que nunca lograron acreditarse.
Ahora, tras años de resistencia, causas judiciales, polarización y derrotas ajustadas, Keiko Fujimori queda en la puerta del poder. Su eventual proclamación formal dependerá del cierre definitivo del proceso electoral por parte de las autoridades competentes, pero políticamente ya se proyecta como la próxima presidenta de Perú.
“Vamos a gobernar con fuerza, estando con ustedes, recorriendo nuestro país, pero por sobre todo cumpliendo con nuestra palabra”, dijo ante sus seguidores.
La escena sintetiza el momento peruano: una candidata que se declara ganadora por un margen mínimo, un rival que todavía resiste el resultado, un país dividido y una futura administración que deberá demostrar, desde el primer día, si puede transformar una victoria de apenas miles de votos en autoridad política real.





