Por Daniel Romero
Jerusalén – 13 Julio 2026 – Total News Agency – TNA-. Un documento manuscrito de Yahya Sinwar, jefe de Hamás y cerebro de la masacre del 7 de octubre de 2023, reveló que el fanático terrorista esperaba que Israel respondiera a la invasión incluso con armas atómicas y, pese a esa previsión, ordenó continuar con un plan que contemplaba movilizar a unos 10.000 atacantes, ocupar comunidades y bases militares, secuestrar civiles y sumir al país en el caos.

Una de las hojas del documento de Sinwar
El escrito, fechado el 24 de agosto de 2022 y recuperado por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) durante las operaciones en la Franja de Gaza, expone que Sinwar no consideraba una reacción nuclear como una posibilidad remota o teórica. La incluyó entre las respuestas que esperaba de Israel una vez iniciada la ofensiva y decidió avanzar de todas maneras.
El documento fue divulgado por el Centro de Información sobre Inteligencia y Terrorismo Meir Amit, que analiza archivos capturados a Hamás, y su contenido fue difundido por el Canal 12 de Israel, Israel Hayom, The Times of Israel y The Jerusalem Post.
La revelación aporta una nueva prueba sobre la naturaleza suicida, mesiánica y criminal del proyecto de Sinwar. El jefe terrorista estaba dispuesto no sólo a provocar una matanza masiva dentro de Israel, sino también a exponer deliberadamente a la población palestina a la destrucción que él mismo esperaba desencadenar.
Según el manuscrito, el dirigente de Hamás anticipaba que Israel utilizaría todos los recursos militares disponibles y que podía llegar “incluso” al empleo de una bomba atómica. El dato resulta determinante porque muestra que Sinwar conocía de antemano el posible costo de su operación y no intentó evitarlo: lo incorporó a su cálculo estratégico.
Su razonamiento no era el de un comandante preocupado por proteger a Gaza, sino el de un fanático dispuesto a convertir a toda la población del enclave en combustible humano para una guerra de exterminio contra Israel.
El plan establecía que aproximadamente 10.000 terroristas debían cruzar la frontera mediante una ofensiva simultánea y organizada. La barrera de seguridad sería vulnerada en unos 25 puntos, por los que ingresarían diferentes oleadas con misiones específicas.
Unos 2.500 atacantes debían ocupar cruces de caminos e impedir la llegada de refuerzos israelíes. Otros 2.210 serían enviados contra alrededor de 221 pequeñas comunidades, mientras que 1.600 participarían en el asalto de localidades de mayor tamaño.
El proyecto también destinaba aproximadamente 1.200 terroristas a penetrar en ciudades israelíes y otros 2.000 a atacar bases militares y centros de comando. El objetivo era desarticular la capacidad de respuesta de las FDI durante las primeras horas, aprovechar la sorpresa y mantener posiciones dentro del territorio israelí.
El documento demuestra que el 7 de octubre no fue un ataque espontáneo, una reacción descontrolada ni una incursión limitada. Fue la ejecución parcial de una operación de conquista territorial diseñada durante meses, con una distribución precisa de fuerzas y blancos civiles y militares.
Sinwar pretendía ocupar más de 200 comunidades, tomar control de rutas estratégicas, atacar bases, expulsar a los habitantes del sur de Israel y trasladar a centenares o miles de rehenes hacia Gaza.
El plan ordenaba secuestrar especialmente a hombres de entre 17 y 50 años, apoderarse de teléfonos, documentos y vehículos, y utilizar a los cautivos como herramientas de presión política y militar.
Las mujeres, los niños y los ancianos tampoco estaban al margen de la ofensiva. El objetivo era vaciar poblaciones completas, provocar una estampida hacia el interior de Israel y utilizar el secuestro masivo para paralizar a las autoridades.
Otros documentos manuscritos atribuidos a Sinwar contenían instrucciones para atacar tanto objetivos militares como civiles, incendiar barrios, matar soldados a corta distancia y filmar las atrocidades para difundirlas en tiempo real. La violencia no era un exceso imprevisto de los atacantes, sino un componente central de la estrategia psicológica de Hamás.
Sinwar buscaba que las imágenes de asesinatos, incendios y secuestros provocaran el colapso emocional de la sociedad israelí y, al mismo tiempo, alentaran levantamientos en Cisjordania, Jerusalén y ciudades con población árabe dentro de Israel.
También esperaba que la magnitud del ataque obligara a Hezbolá, Irán y otras organizaciones terroristas del denominado “eje de la resistencia” a incorporarse a una guerra regional.
Sin embargo, el jefe de Hamás no tenía certeza de que esos aliados intervinieran inmediatamente. Aun así, apostó a una conflagración total y aceptó por anticipado que Gaza podía ser arrasada como consecuencia de sus decisiones.
El escrito revela así una doble brutalidad. Por un lado, el propósito de asesinar, expulsar y secuestrar a la población israelí. Por otro, la decisión consciente de sacrificar a los propios palestinos para alimentar un proyecto ideológico de destrucción de Israel.
Sinwar no desconocía que las FDI responderían con una ofensiva militar de enorme magnitud. Tampoco creía que Gaza quedaría al margen de las consecuencias. Por el contrario, esperaba una reacción devastadora, incluso atómica, pero consideró aceptable ese precio para intentar alcanzar sus objetivos.
El 7 de octubre de 2023, unos 5.000 terroristas y otros participantes palestinos atravesaron finalmente la frontera, una cifra inferior a los 10.000 contemplados en la planificación original, pero suficiente para provocar la mayor matanza de judíos en un solo día desde el Holocausto.
Los atacantes asesinaron a alrededor de 1.200 personas, en su mayoría civiles, y secuestraron a 251, entre ellas mujeres, niños, ancianos y ciudadanos extranjeros.
Las comunidades de Kfar Aza, Be’eri, Nir Oz, Nahal Oz y otras localidades fronterizas fueron escenario de asesinatos, incendios, mutilaciones y secuestros. En el festival de música Nova, los terroristas mataron a centenares de jóvenes y capturaron a decenas de asistentes.
La documentación difundida confirma que aquellos crímenes no fueron improvisados. Formaban parte de una ofensiva planificada para quebrar la moral israelí, colapsar sus defensas y provocar una guerra regional.
Sinwar esperaba que Israel respondiera con su máximo poder destructivo, pero no retrocedió. Su prioridad no era la vida de los habitantes de Gaza, sino la ejecución de una guerra santa que necesitaba de miles de muertos palestinos para alimentar la propaganda y la condena internacional contra Israel.
La expectativa de una reacción nuclear exhibe hasta qué punto estaba dispuesto a llevar su plan. El líder terrorista calculó que la Franja podía sufrir una devastación sin precedentes y, aun así, preparó durante más de un año la invasión.
El documento convierte en insostenible la imagen de Sinwar como un supuesto defensor del pueblo palestino. Sabía que su ofensiva podía provocar una catástrofe para Gaza, esperaba esa respuesta y utilizó deliberadamente a sus habitantes como escudos, víctimas y herramientas de una estrategia de destrucción.
La operación del 7 de octubre fue, por lo tanto, el resultado de un plan demoníaco de conquista cuidadosamente elaborado por un fanático que esperaba una posible represalia atómica, pero consideró que incluso esa consecuencia era aceptable para intentar destruir Israel.





