Kiev – 13 Julio 2026 – Total News Agency – TNA-. Las fuerzas ucranianas profundizaron su campaña contra la infraestructura energética de Rusia al alcanzar nuevamente las refinerías TANECO y TAIF-NK, ubicadas en la ciudad industrial de Nizhnekamsk, en la república rusa de Tatarstán, a más de 1.100 kilómetros de los territorios controlados por Kiev.
El ataque más reciente contra ambas instalaciones se produjo durante la madrugada del miércoles 8 de julio y formó parte de una ofensiva de drones de largo alcance contra refinerías, estaciones de bombeo, buques petroleros y objetivos militares distribuidos desde la frontera ucraniana hasta regiones cercanas a los montes Urales.
El Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Ucrania y las fuerzas de operaciones especiales confirmaron impactos contra las dos plantas de Nizhnekamsk. Las autoridades rusas reconocieron el ataque contra instalaciones industriales de Tatarstán y reportaron heridos, aunque no informaron con precisión la dimensión de los daños ni el nivel de afectación de la producción.
La operación fue inicialmente confundida con otra ofensiva ejecutada el 12 de junio de 2026, cuando Ucrania atacó simultáneamente las mismas refinerías y la planta química Togliattikauchuk, situada en Toliatti, dentro de la región rusa de Samara.
En aquella oportunidad, el Estado Mayor ucraniano aseguró que se habían confirmado impactos e incendios en las tres instalaciones. Rusia afirmó entonces que sus defensas habían interceptado 231 drones, aunque la presencia de fuego en los complejos industriales demostró que parte de los aparatos logró atravesar el dispositivo antiaéreo.
TANECO, perteneciente al grupo petrolero ruso Tatneft, es considerada una de las refinerías tecnológicamente más avanzadas del país. Su capacidad de diseño supera los 16 millones de toneladas anuales y durante 2024 procesó alrededor de 17 millones de toneladas de crudo.
La planta cuenta con unidades de hidrocraqueo, craqueo catalítico y coquización retardada, procesos que permiten obtener combustibles de mayor calidad. Entre sus productos se encuentran gasoil, nafta, combustible de aviación y otros derivados utilizados tanto por el mercado civil como por la maquinaria logística y militar rusa.
La segunda instalación, TAIF-NK, procesó aproximadamente 6,6 millones de toneladas durante 2024, equivalentes a unos 132.000 barriles diarios. La refinería está especializada en petróleo pesado con alto contenido de azufre y condensados de gas, y posee un complejo de conversión profunda de residuos.
Su producción incluye combustibles, materias primas petroquímicas y derivados utilizados por diferentes ramas industriales. La concentración de ambas plantas en Nizhnekamsk convierte a esa ciudad en uno de los principales centros de procesamiento de hidrocarburos de la Federación Rusa.
El tercer establecimiento mencionado por las autoridades ucranianas, Togliattikauchuk, no fue alcanzado durante la ofensiva del 8 de julio, sino durante el ataque del 12 de junio. La planta produce caucho sintético y otros materiales empleados por las industrias automotriz, química y de defensa.
Según Kiev, parte de esos productos puede ser destinada a la fabricación de componentes para vehículos militares, neumáticos especiales, sistemas técnicos y armamento, incluidos elementos relacionados con la producción de misiles.
La ofensiva de julio también alcanzó la refinería de Saratov, una base aérea militar en Borisoglebsk, una estación de bombeo de productos petroleros en Bashkortostán y varios buques utilizados en el mar de Azov.
Ucrania aseguró además que nueve petroleros fueron atacados en esa zona marítima, considerada una vía logística relevante para el abastecimiento de las tropas rusas desplegadas en Crimea y otros territorios ocupados del sur ucraniano. Las autoridades de la región rusa de Rostov reconocieron daños en dos embarcaciones, aunque afirmaron que estaban vacías.
Moscú sostuvo que sus defensas derribaron 415 drones durante aquella noche. Sin embargo, la amplitud geográfica de los ataques y los incendios registrados en distintos puntos demostraron la creciente capacidad ucraniana para penetrar profundamente en el territorio ruso.
La ofensiva forma parte de una estrategia sistemática de Kiev destinada a reducir los ingresos petroleros de Moscú, afectar el suministro de combustible a las fuerzas armadas y obligar al Kremlin a dispersar sus sistemas de defensa aérea.
Durante los últimos meses, drones ucranianos alcanzaron refinerías en Moscú, Omsk, Nizhni Nóvgorod, Yaroslavl, Syzran, Tuapse, Ufa y otras regiones. Varias plantas debieron suspender unidades o reducir temporalmente su producción como consecuencia de los daños.
Los ataques ya comenzaron a generar dificultades en el abastecimiento de combustibles en algunas regiones rusas y territorios ocupados. En Crimea se registraron restricciones, largas filas y problemas de suministro, mientras Moscú adoptó medidas para limitar exportaciones y preservar el mercado interno.
Kiev sostiene que las refinerías constituyen objetivos militares legítimos porque financian la invasión y abastecen de combustibles a las tropas rusas. El Kremlin, por su parte, acusa a Ucrania de atacar infraestructura civil, aunque Rusia mantiene desde el inicio de la guerra una campaña sostenida contra centrales eléctricas, redes de distribución y sistemas energéticos ucranianos.
El incremento de los ataques muestra que Ucrania intenta trasladar parte del costo de la guerra al interior de Rusia. Más allá de los daños puntuales, Kiev busca obligar a Moscú a proteger miles de kilómetros de instalaciones industriales, encarecer la producción, reducir la disponibilidad de combustibles y debilitar una de las principales fuentes de financiamiento del esfuerzo bélico ruso.





