Itamaraty decidió que Julio Bitelli no regrese a Buenos Aires y redujo la representación brasileña al nivel de encargado de negocios, luego de que el presidente Javier Milei volviera a calificar a Luiz Inácio Lula da Silva de “ladrón”, “corrupto” y “presidiario” y expresara su apoyo electoral a Flávio Bolsonaro. La Casa Rosada descartó inicialmente una represalia equivalente y atribuyó la medida a razones ideológicas, en medio de la crisis más profunda entre los dos países desde el retorno de la democracia.
Buenos Aires – 5 Agosto 2026 – Total News Agency – TNA-. El Gobierno de Brasil resolvió retirar por tiempo indeterminado a su embajador en la Argentina, Julio Bitelli, y rebajar el vínculo diplomático al nivel de encargado de negocios, como respuesta a las reiteradas descalificaciones del presidente Javier Milei contra su par brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, y a la intervención pública del mandatario argentino en favor de la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro.
La decisión fue comunicada por el canciller brasileño, Mauro Vieira, al embajador argentino en Brasilia, Daniel Raimondi, durante una convocatoria formal en la sede de Itamaraty. Vieira entregó una nota de protesta por las expresiones de Milei y confirmó que Bitelli, quien había sido llamado a consultas la semana pasada, no volverá a ocupar por ahora su puesto en Buenos Aires.
La representación brasileña quedará de este modo a cargo de un diplomático de menor rango, una señal política que no implica la ruptura de relaciones ni el cierre de la embajada, pero reduce el nivel de interlocución entre los dos principales socios del Mercosur y limita la capacidad de negociación directa sobre asuntos políticos sensibles.
La decisión brasileña constituye el mayor deterioro institucional del vínculo bilateral desde el regreso de la democracia argentina en 1983. Milei y Lula todavía no mantuvieron una reunión bilateral formal desde la llegada del libertario a la Casa Rosada, pese a que la Argentina y Brasil comparten una de las relaciones económicas, industriales y diplomáticas más importantes de América del Sur.
“Tuvimos mucha paciencia, no contestamos, pero creemos que la reiteración de ofensas hacia el presidente hace inevitable esta decisión”, transmitieron fuentes del Gobierno brasileño al explicar el endurecimiento de la posición de Brasilia.
La respuesta llegó después de que Milei volviera a definir a Lula como “ladrón”, “corrupto” y “presidiario” durante una sucesión de entrevistas concedidas a LN+, Radio Mitre y el canal de streaming La Casa. El presidente argentino sostuvo que utiliza “formas horribles”, pero que dice “la verdad”, y argumentó que la condena contra Lula fue anulada por cuestiones procesales sin que, según su interpretación, se hubiera demostrado la inocencia del mandatario brasileño.
Las condenas dictadas contra Lula por la denominada Operación Lava Jato fueron anuladas por el Supremo Tribunal Federal de Brasil, que determinó que el tribunal de Curitiba que lo juzgó carecía de competencia y que el entonces juez Sergio Moro había actuado con parcialidad en uno de los procesos. La anulación restituyó los derechos políticos del líder del Partido de los Trabajadores, quien regresó a la Presidencia en enero de 2023.
Milei profundizó el conflicto al expresar su deseo de que Brasil “también se pinte de azul”, en referencia a un eventual triunfo de Flávio Bolsonaro en las elecciones presidenciales previstas para el 4 de octubre. “Sacarse a los corruptos y chorros de encima siempre es bueno, sacarse a los zurdos de encima siempre es bueno”, declaró.
El presidente argentino también acusó nuevamente a Lula y al Partido de los Trabajadores de haber colaborado política, financiera y logísticamente con la campaña presidencial de Sergio Massa en 2023. La Cancillería brasileña calificó esa afirmación como una “increíble fantasía”, mientras que colaboradores del exministro de Economía volvieron a rechazarla.
El malestar de Brasilia había comenzado a exteriorizarse después de la participación de Milei en la convención del Partido Liberal, realizada el 25 de julio, en la que Flávio Bolsonaro fue presentado como candidato de una coalición de derecha. La presencia del presidente argentino fue interpretada por el Gobierno de Lula como una intervención directa en el proceso electoral brasileño.
Tras ese acto, Itamaraty llamó a consultas a Bitelli y convocó por primera vez a Raimondi para entregarle una protesta. Lula recibió posteriormente al embajador brasileño en el Palacio del Planalto y decidió mantenerlo en Brasilia mientras evaluaba la evolución del conflicto.
Durante algunos días, ambos gobiernos intentaron evitar una escalada mayor. La nueva serie de declaraciones de Milei terminó con esa instancia de moderación y llevó a Brasil a mantener vacante, sin plazo definido, la jefatura de su embajada en Buenos Aires.
La Cancillería argentina, encabezada por Pablo Quirno, lamentó la decisión “unilateral” de Brasil y sostuvo que el Gobierno de Lula eligió “seguir aislándose del resto de la región por cuestiones puramente ideológicas”. El Palacio San Martín afirmó además que la Argentina nunca respondió a una diferencia política mediante una degradación institucional de las relaciones diplomáticas.
El Gobierno argentino indicó inicialmente que no adoptará una medida equivalente ni retirará por decisión propia a Raimondi. Fuentes oficiales citadas por agencias internacionales afirmaron que Buenos Aires no responderá con una sanción diplomática, aunque la continuidad del embajador dependerá también del alcance exacto de la comunicación realizada por Itamaraty.
La Cancillería señaló que Brasil solicitó el regreso de Raimondi a Buenos Aires, aunque no utilizó el término expulsión ni declaró al diplomático persona no grata. Una convocatoria o pedido de regreso puede reducir todavía más el contacto político, pero no equivale jurídicamente a una ruptura de relaciones.
La disminución de la categoría diplomática no paralizará inicialmente el comercio, los consulados ni la cooperación técnica. La embajada brasileña podrá seguir atendiendo asuntos económicos, comerciales y administrativos, pero las gestiones políticas de alto nivel quedarán restringidas y requerirán contactos entre las respectivas cancillerías o enviados especiales.
El conflicto ocurre cuando ambos países mantienen cadenas productivas estrechamente conectadas, especialmente en las industrias automotriz, autopartista, energética, alimentaria, química y siderúrgica. Brasil es el principal destino de numerosas manufacturas argentinas y cualquier prolongación de la crisis podría dificultar negociaciones comerciales, acuerdos industriales y posiciones comunes dentro del Mercosur.
Itamaraty destacó que la Argentina tiene en Brasil a su principal socio comercial y recordó que ambos países acumulan 203 años de relaciones diplomáticas. El contraste entre esa interdependencia y la ausencia de diálogo presidencial directo aumentó la preocupación en sectores empresariales y diplomáticos por el riesgo de que la disputa personal interfiera en decisiones estratégicas.
Bitelli es uno de los diplomáticos brasileños con mayor conocimiento de la Argentina. A lo largo de más de dos décadas ocupó diferentes cargos vinculados con Buenos Aires y mantuvo relaciones con gobiernos de distintas orientaciones políticas. Su permanencia en Brasilia priva a la relación bilateral de un interlocutor experimentado en momentos en que ambos países deben coordinar posiciones sobre el Mercosur, las negociaciones comerciales externas y la integración energética.
Desde la Casa Rosada descartaron que Milei ofrezca disculpas a Lula. “Pedido de disculpas no va a haber”, afirmó una fuente oficial, en línea con la decisión presidencial de sostener sus cuestionamientos políticos y judiciales contra el mandatario brasileño.
La confrontación también quedó atravesada por la campaña electoral de Brasil. Lula buscará continuar al frente del país, mientras Flávio Bolsonaro intenta reunir el voto opositor con el respaldo de dirigentes de derecha de la región. La participación de Milei en esa disputa convirtió un histórico desacuerdo ideológico en una crisis diplomática formal, con embajadores fuera de sus destinos y una relación bilateral reducida a su nivel más bajo en décadas.
Fuentes consultadas: Itamaraty; Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de la Argentina; Presidencia de Brasil; declaraciones públicas del presidente Javier Milei.





