Washington-Jerusalén – 17 Agosto 2026 – Total News Agency – TNA | El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, elevó nuevamente la tensión en el Golfo Pérsico al amenazar con atacar Omán si el sultanato obstaculiza los planes de Washington para resolver la crisis del estrecho de Ormuz, mientras Teherán negocia precisamente con las autoridades omaníes un mecanismo que le permitiría conservar una influencia decisiva sobre el tránsito marítimo. La advertencia llega al vencer el plazo de 60 días acordado en junio entre Estados Unidos e Irán para alcanzar una solución definitiva, sin que las partes hayan conseguido destrabar las diferencias sobre el control del estrecho, el programa nuclear iraní, las sanciones y las compensaciones exigidas por Teherán.
Trump formuló la amenaza durante una entrevista con Fox News emitida este lunes, cuando fue consultado sobre el papel de Omán en las conversaciones que mantiene con Irán. El mandatario advirtió que si el país árabe se interpone en los objetivos estadounidenses sufriría ataques militares, una declaración especialmente significativa porque Mascate ha desempeñado durante años un papel de intermediario entre Washington y Teherán y porque comparte con Irán las costas del estratégico estrecho.
El punto central de la disputa es mucho más que una cuestión diplomática. Irán y Omán avanzan en un esquema para administrar la navegación por Ormuz mediante corredores diferenciados, con los buques ingresando al Golfo Pérsico por una ruta bajo control iraní y abandonándolo por una vía administrada por Omán. Fuentes regionales citadas por Reuters señalaron que ese diseño implicaría reconocer a Teherán una capacidad de control sobre los barcos que ingresan al Golfo, una concesión que explica buena parte de la resistencia estadounidense.
El ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araghchi, había anticipado que las conversaciones con Omán estaban en sus “etapas finales”, aunque aclaró que un acuerdo bilateral no significaría automáticamente la reapertura completa del estrecho. Teherán mantiene como condiciones adicionales el levantamiento de sanciones, garantías frente a nuevos ataques y compensaciones por los daños sufridos durante la guerra.
El portavoz de la Cancillería iraní, Esmaeil Baghaei, confirmó este lunes que ambos países continúan trabajando sobre un mapa de rutas marítimas y un mecanismo que, según la posición iraní, debería respetar los derechos soberanos de las dos naciones ribereñas. Associated Press informó que Teherán busca ahora cerrar una declaración conjunta con Omán sobre la administración del tránsito naval.
El choque adquiere una magnitud global porque el estrecho de Ormuz constituye uno de los puntos energéticos más sensibles del planeta. Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), en 2024 y durante el primer trimestre de 2025 circuló por allí más de una cuarta parte del petróleo comercializado mundialmente por vía marítima, equivalente a aproximadamente una quinta parte del consumo global de petróleo y derivados. Cerca del 20% del comercio mundial de gas natural licuado (GNL) también atravesó esa vía, fundamentalmente desde Qatar.
La guerra modificó drásticamente ese flujo. Antes del conflicto transitaban regularmente por el estrecho entre 130 y 140 embarcaciones, mientras que la semana pasada el movimiento llegó a caer a apenas seis buques en una jornada. El domingo no atravesó el corredor ningún barco de mercancías, según datos recogidos por Reuters, un indicador de hasta qué punto la disputa ya está afectando físicamente al comercio marítimo.
Las consecuencias económicas también comienzan a consolidarse. La EIA calcula que los inventarios mundiales de petróleo disminuyeron a un ritmo promedio de 4,2 millones de barriles diarios durante el segundo trimestre de 2026 y proyecta otra reducción de 3,8 millones diarios en el tercero debido, en buena medida, a las interrupciones en Ormuz. El organismo estima un precio promedio del Brent cercano a los 85 dólares durante este trimestre y considera que una normalización del tráfico marítimo sería necesaria para comenzar a reducir nuevamente las cotizaciones.
La posición de Trump endureció también una disputa sobre quién posee realmente capacidad de decisión en el estrecho. El presidente estadounidense afirmó la semana pasada que Estados Unidos tiene “control total” sobre Ormuz e incluso provocó una reacción inmediata de Teherán después de bromear con la posibilidad de declararlo territorio estadounidense. El viceministro iraní de Relaciones Exteriores Kazem Gharibabadi respondió que el estrecho “ha sido iraní, es iraní y seguirá siéndolo”, mientras las autoridades iraníes insisten en que ninguna reapertura podrá concretarse sin su autorización.
La contradicción entre las afirmaciones de ambas partes se refleja en el terreno: Washington posee una enorme superioridad militar en la región y mantiene fuerzas navales desplegadas para garantizar la navegación, pero Irán conserva capacidad geográfica y militar para amenazar el paso, atacar buques o condicionar el ingreso al Golfo. La Guardia Revolucionaria iraní sostuvo recientemente que la reapertura de Ormuz no depende exclusivamente de las negociaciones con Omán y que las condiciones políticas y militares impuestas por Teherán deberán ser atendidas.
El memorando alcanzado en junio había intentado crear una salida provisional: Irán debía avanzar hacia la reapertura del estrecho y reafirmar que no desarrollaría armas nucleares, mientras Estados Unidos contemplaba el levantamiento del bloqueo naval y determinadas sanciones. El plazo de 60 días previsto para negociar un acuerdo definitivo llegó este lunes a su vencimiento sin una solución integral y con las posiciones prácticamente congeladas.
Hasta hace pocos días, la propia administración estadounidense manifestaba optimismo respecto de la mediación omaní. El 7 de agosto, un funcionario estadounidense había señalado a Reuters que se registraban progresos entre Irán y Omán y que Washington esperaba un acuerdo próximo que permitiera restablecer el tránsito comercial y posteriormente levantar el bloqueo sobre los puertos iraníes. Diez días después, Trump pasó de respaldar indirectamente ese proceso a amenazar con una acción militar contra el propio mediador si considera que el resultado contradice los intereses estadounidenses.
El cambio deja a Omán situado entre dos potencias enfrentadas y ante una negociación particularmente delicada: un acuerdo con Teherán que reconozca capacidad iraní para administrar el ingreso al Golfo Pérsico podría ser interpretado en Washington como una consolidación política de aquello que Estados Unidos intenta impedir militarmente, mientras abandonar el entendimiento significaría renunciar a una de las pocas vías diplomáticas actualmente abiertas para restablecer la navegación por el corredor energético más importante del mundo.
Fuentes consultadas: Reuters, Associated Press, The Wall Street Journal, Fox News, U.S. Energy Information Administration, Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán, Fars News Agency y antecedentes de Total News Agency (TNA) sobre la guerra entre Estados Unidos e Irán y la crisis del estrecho de Ormuz.




