La ofensiva nocturna combinó 258 drones de ataque, misiles balísticos Iskander-M/KN-23 y proyectiles Oniks contra puertos, depósitos de granos, centros logísticos, infraestructura energética e instalaciones industriales en Kiev, Odesa, Kremenchuk, Zaporiyia y Kryvyi Rih. Ucrania aseguró haber neutralizado 233 objetivos, mientras Moscú afirmó que atacó talleres de drones, refinerías y plantas metalúrgicas vinculadas con el esfuerzo militar. La magnitud del bombardeo confirma que Rusia intenta golpear cada vez más profundamente la capacidad de abastecimiento y producción de guerra ucraniana.
Kiev – 27 de agosto de 2026 – Total News Agency – TNA – Rusia lanzó durante la madrugada de este jueves uno de los ataques combinados más intensos de las últimas semanas contra la retaguardia industrial, logística y energética de Ucrania, utilizando centenares de drones y misiles balísticos contra objetivos distribuidos desde Kiev hasta Odesa, Kremenchuk, Zaporiyia y Kryvyi Rih.
La Fuerza Aérea ucraniana informó que Moscú empleó 258 drones de distintos tipos, entre ellos Shahed, Gerbera, S8000 Banderol y aparatos señuelo Parodiya. Aproximadamente un tercio de los Shahed utilizados habría correspondido a variantes propulsadas por reacción, una evolución que incrementa su velocidad y reduce el tiempo disponible para la detección e interceptación.
El ataque incluyó además dos misiles antibuque Oniks lanzados desde la península de Crimea, ocupada por Rusia, y un número no precisado de misiles balísticos Iskander-M y KN-23, estos últimos de fabricación norcoreana, disparados desde las regiones rusas de Bryansk y Kursk.
Según el primer balance difundido por Kiev, las defensas ucranianas destruyeron o neutralizaron 233 objetivos aéreos, entre ellos siete misiles balísticos, un Oniks, tres Banderol y 222 drones.
Los sistemas ucranianos detectaron impactos en al menos 15 puntos diferentes, mientras fragmentos de artefactos interceptados cayeron sobre otros 11 lugares.
Los principales corredores de ataque estuvieron orientados hacia las regiones de Odesa, Kiev, Dnipropetrovsk, Poltava y Zaporiyia.
El ministro de Relaciones Exteriores ucraniano, Andrii Sybiha, sostuvo que Rusia dirigió deliberadamente sus armas contra “puertos, depósitos de granos, energía, industria y otras infraestructuras” y acusó a Moscú de intentar destruir no sólo activos militares sino también nodos económicos indispensables para mantener funcionando el país.
El ataque contra las instalaciones portuarias y agrícolas tiene además una dimensión internacional.
Ucrania continúa siendo uno de los grandes proveedores globales de cereales y aceites vegetales, especialmente hacia países de África, Medio Oriente y Asia. Sybiha recordó que las interrupciones sobre puertos, silos y rutas marítimas ucranianas pueden trasladarse hacia los precios internacionales y la seguridad alimentaria de países que dependen de esas exportaciones.
En Odesa, la ofensiva se prolongó durante más de siete horas.
Las autoridades regionales informaron daños sobre un edificio residencial de 16 pisos, establecimientos educativos, viviendas particulares, infraestructura industrial, garajes y un elevador de granos.
Odesa posee además uno de los complejos portuarios más importantes de Ucrania sobre el mar Negro, por donde transita una porción considerable del comercio exterior del país.
En la región de Poltava, los ataques alcanzaron instalaciones industriales del distrito de Kremenchuk y una infraestructura energética en el distrito de Myrhorod.
El impacto provocó cortes de electricidad y dejó temporalmente sin suministro a siete localidades.
Kremenchuk alberga además una de las principales refinerías del país, instalación que Rusia ha atacado reiteradamente desde el comienzo de la invasión.
El Ministerio de Defensa ruso aseguró que esa refinería era utilizada para abastecer combustible y lubricantes a las Fuerzas Armadas ucranianas y almacenar hidrocarburos importados.
Moscú afirmó asimismo haber atacado centros industriales en Zaporiyia y Kryvyi Rih, donde identificó plantas metalúrgicas como proveedoras relevantes de productos utilizados por la industria militar ucraniana.
La producción metalúrgica constituye un componente esencial para fabricar estructuras de vehículos, piezas de artillería, componentes mecánicos, fortificaciones y elementos utilizados en la producción y reparación de armamento.
En Kiev y su periferia, Rusia aseguró haber alcanzado instalaciones vinculadas con la producción y almacenamiento de drones.
El Ministerio de Defensa ruso mencionó específicamente un taller donde se fabricarían aparatos no tripulados Hornet y un centro logístico que describió como uno de los mayores depósitos de drones de ataque y estaciones terrestres de control.
En las cercanías de Boryspil, al este de Kiev, Moscú sostuvo que atacó otro complejo logístico utilizado para almacenar componentes de doble uso destinados a drones de medio y largo alcance.
Las autoridades ucranianas confirmaron incendios y daños en depósitos de los distritos de Boryspil y Fastiv, aunque no respaldaron la descripción rusa sobre la utilización militar específica de cada instalación.
La batalla por la industria de drones se ha convertido en uno de los ejes centrales de la guerra.
Ucrania produce actualmente millones de vehículos no tripulados de distintos tamaños y funciones, desde pequeños drones FPV utilizados sobre el frente hasta aparatos de largo alcance capaces de golpear refinerías, depósitos, fábricas y bases militares a centenares o incluso más de mil kilómetros dentro de territorio ruso.
Moscú intenta neutralizar esa capacidad atacando talleres, almacenes, cadenas logísticas y centros de ensamblaje.
Al mismo tiempo, Rusia aumentó considerablemente su propia fabricación de drones Shahed y derivados, incorporando variantes más rápidas y utilizando señuelos destinados a saturar los radares y obligar a Ucrania a gastar interceptores.
Ese mecanismo quedó nuevamente visible en el ataque de este jueves: centenares de blancos de características diferentes fueron lanzados desde múltiples direcciones para exigir simultáneamente a la aviación, sistemas antiaéreos, unidades de guerra electrónica y grupos móviles de defensa.
La presión se vuelve particularmente sensible por la disponibilidad limitada de interceptores para los sistemas Patriot, esenciales para derribar misiles balísticos.
Las Fuerzas Armadas ucranianas lograron destruir siete Iskander-M o KN-23 durante la ofensiva, pero los ataques continuos obligan a Kiev a reclamar permanentemente nuevos misiles antiaéreos a Estados Unidos y Europa.
El presidente Volodymyr Zelensky volvió a solicitar después de los bombardeos un incremento de las entregas occidentales de sistemas capaces de neutralizar misiles balísticos.
El mandatario sostuvo que los ataques alcanzaron tanto infraestructura crítica como sectores residenciales y afirmó que reforzar la defensa aérea constituye actualmente una de las prioridades centrales para garantizar la supervivencia de las ciudades ucranianas.
La ofensiva dejó además víctimas civiles.
En Kryvyi Rih, misiles balísticos dañaron una instalación industrial y otras infraestructuras y dejaron al menos tres heridos.
En Kharkiv, un dron impactó contra el balcón de un edificio residencial y provocó heridas a un hombre.
También se registraron muertos y heridos en las regiones de Sumy y Kherson, mientras las autoridades continuaban evaluando daños durante la mañana.
El ataque se produjo en medio de una intensificación generalizada de la guerra aérea.
Ucrania incrementó durante las últimas semanas sus incursiones contra refinerías, instalaciones militares y centros logísticos dentro de Rusia, buscando reducir los ingresos energéticos que financian la guerra y afectar la capacidad de abastecimiento de combustible de las tropas rusas.
Moscú respondió ampliando sus ataques contra la infraestructura productiva ucraniana.
El resultado es una guerra cada vez más orientada hacia la profundidad territorial y menos limitada exclusivamente a los aproximadamente 1.200 kilómetros de frente terrestre.
La ofensiva rusa del jueves muestra también una selección de blancos coherente con ese objetivo.
Puertos, silos, refinerías, fábricas metalúrgicas, depósitos, instalaciones energéticas y centros de drones tienen una característica común: forman parte de la capacidad de Ucrania para sostener una guerra prolongada.
Golpear una unidad militar puede reducir momentáneamente su capacidad operativa.
Destruir una fábrica, un centro de distribución o una refinería apunta en cambio a interrumpir la cadena que permite que esas unidades continúen combatiendo dentro de varias semanas o meses.
Esa estrategia adquiere mayor importancia cuando el conflicto entra en su quinto año y ninguno de los dos bandos consigue una ruptura decisiva del frente.
La producción industrial, la disponibilidad de combustible, la capacidad logística y el ritmo de fabricación de drones comienzan entonces a tener un peso comparable con los movimientos territoriales.
La ofensiva rusa fue acompañada por otra circunstancia que elevó la tensión regional: varios drones penetraron el espacio aéreo de Moldavia, según informaron las autoridades de ese país.
Los incidentes vuelven a mostrar el riesgo de que ataques lanzados sobre el sur de Ucrania terminen desplazándose hacia Estados vecinos, especialmente cuando Rusia emplea grandes cantidades de drones sobre corredores próximos a fronteras internacionales.
El bombardeo se produjo, además, mientras continúan estancados los esfuerzos diplomáticos para alcanzar algún tipo de negociación sobre la guerra y apenas horas después de la inusual visita a Moscú del director de la CIA, John Ratcliffe, quien mantuvo contactos con responsables de los servicios de inteligencia rusos.
La combinación de conversaciones reservadas y una intensificación simultánea de los ataques evidencia hasta qué punto los canales diplomáticos y de inteligencia siguen funcionando paralelamente a una guerra que, lejos de reducir su intensidad, continúa ampliando su dimensión industrial.
La batalla que se desarrolla actualmente sobre Ucrania ya no consiste únicamente en controlar ciudades o kilómetros de territorio.
Rusia intenta degradar la infraestructura que permite a Kiev fabricar armas, mover mercancías, producir acero, importar combustible y exportar alimentos, mientras Ucrania utiliza sus propios drones de largo alcance para trasladar esa misma presión sobre refinerías, fábricas y centros logísticos rusos.
El ataque de este jueves dejó una evidencia concreta de esa evolución: 233 objetivos rusos fueron neutralizados por las defensas ucranianas, pero al menos 15 puntos fueron alcanzados, suficiente para mantener bajo presión una estructura industrial y logística que se ha convertido en uno de los campos de batalla decisivos de la guerra.
Fuentes consultadas: Fuerza Aérea de Ucrania; Ministerio de Relaciones Exteriores de Ucrania; Ministerio de Defensa de Rusia; Reuters; Associated Press; EFE; Deutsche Welle; Ukrainska Pravda; Interfax-Ukraine; autoridades regionales de Kiev, Odesa, Poltava, Dnipropetrovsk, Zaporiyia y Kharkiv.




