El gobierno británico buscó este martes enfriar la escalada diplomática y habló de mantener una relación “moderna y constructiva” con Buenos Aires, pero volvió a rechazar cualquier discusión sobre la soberanía y defendió la explotación de recursos en las islas. La posición llega mientras el reclamo argentino gana una inesperada adhesión dentro del oficialismo israelí: Itamar Ben Gvir pidió a Benjamin Netanyahu reconocer las Malvinas como “territorio argentino ocupado” y sancionar al Reino Unido.
Londres – 8 Septiembre 2026 – Total News Agency – TNA
El Reino Unido intentó este martes bajar los decibeles de la confrontación con la Argentina por las Islas Malvinas, pero lo hizo sin modificar un centímetro su posición de fondo. Ante la Cámara de los Comunes, la secretaria de Estado Kirsty McNeill afirmó que Londres pretende mantener con Buenos Aires una relación “moderna y constructiva” alrededor de los intereses compartidos, aunque inmediatamente ratificó que para el gobierno británico “no debe haber duda” sobre su soberanía en el archipiélago.
La combinación de un tono conciliador con una posición inflexible refleja la estrategia británica frente al endurecimiento impulsado por Javier Milei. McNeill insistió en que el futuro de las islas corresponde exclusivamente a sus habitantes y volvió a citar el referéndum de 2013, cuando el 99,8% de quienes participaron votó por mantener el estatus de territorio británico de ultramar. Para la Argentina, ese argumento no resulta válido para resolver una disputa de soberanía reconocida internacionalmente y pendiente de negociación bilateral.
La funcionaria fue todavía más explícita al defender el derecho de los isleños a explotar los recursos naturales del área. Ante preguntas parlamentarias, aseguró que Londres respalda la decisión de avanzar con la producción de hidrocarburos y sostuvo que se trata de una cuestión comercial vinculada con la autodeterminación. La declaración toca directamente uno de los puntos que Buenos Aires acaba de colocar en el centro de su ofensiva: el proyecto petrolero Sea Lion, operado por la israelí Navitas Petroleum, con el 65%, y la británica Rockhopper Exploration, con el 35%.
El gobierno argentino presentó este martes una denuncia penal contra Navitas, subsidiarias, socios y ejecutivos por desarrollar actividades hidrocarburíferas en la Cuenca Malvinas Norte con licencias otorgadas por la administración británica y sin autorización de la Argentina. Sea Lion prevé iniciar su producción en 2028 y se convirtió en el principal punto económico de fricción entre Buenos Aires y Londres.
Mientras el Reino Unido intenta contener la tensión sin revisar su postura, la Argentina recibió una inesperada señal desde el interior del gobierno israelí. El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, pidió públicamente al primer ministro Benjamin Netanyahu que Israel reconozca a las Malvinas como “territorio argentino ocupado” y afirmó que los británicos “le roban violentamente al pueblo argentino”. También reclamó sanciones contra Londres mientras continúe la presencia británica en las islas.

La intervención de Ben Gvir no constituye todavía un cambio formal de la política exterior israelí, pero sí introduce en la discusión una voz de fuerte peso dentro de la coalición gobernante de Netanyahu. Además, aparece en un momento especialmente singular: mientras una empresa israelí lidera Sea Lion y enfrenta acciones judiciales de Buenos Aires, uno de los ministros más influyentes del gabinete israelí adopta públicamente la interpretación argentina de la disputa territorial.
El pronunciamiento también se produce en medio de un deterioro de las relaciones entre Israel y el Reino Unido por la decisión británica de prohibir productos provenientes de asentamientos israelíes en Cisjordania. Esa disputa derivó en fuertes críticas desde Jerusalén y proporcionó a Ben Gvir un contexto político para trasladar la confrontación hacia Malvinas.
La presión sobre Londres no proviene únicamente de Israel. Donald Trump afirmó días atrás que estaba revisando la posición estadounidense respecto de Malvinas, una declaración que generó inquietud en el Reino Unido y que Milei utilizó para sostener que existen “vientos de cambio” alrededor del reclamo argentino. McNeill aseguró este martes ante los Comunes que Estados Unidos conoce claramente la posición británica y que Washington “no tiene dudas” sobre el respaldo de Londres a los isleños, aunque esa afirmación corresponde al gobierno británico y no modifica las declaraciones previas del presidente estadounidense.
La preocupación británica también quedó expuesta cuando diputados preguntaron por la capacidad militar desplegada en el Atlántico Sur. McNeill respondió que las fuerzas británicas permanecen en “niveles apropiados” para garantizar la defensa de las islas frente a cualquier amenaza potencial, mientras dirigentes de Reform UK y del Partido Conservador reclamaron una posición todavía más dura frente al giro argentino.
Londres intenta así separar dos planos difíciles de conciliar: preservar una relación funcional con la Argentina y, simultáneamente, mantener intacta su negativa a discutir soberanía, defender la explotación petrolera y garantizar militarmente el control del archipiélago. Buenos Aires, mientras tanto, comienza a sumar señales internacionales que hace apenas semanas parecían improbables. La aparición de una voz ministerial israelí reclamando abiertamente el reconocimiento de la soberanía argentina agrega un elemento nuevo a una disputa que el Reino Unido procura contener en el tono, pero no en el fondo.
Fuentes consultadas: Cámara de los Comunes del Reino Unido; Reuters; EFE; Deutsche Welle; Gobierno argentino; The Guardian; antecedentes oficiales sobre la Cuestión Malvinas.
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