El presidente español adelantó las elecciones para el 29 de noviembre después de perder nuevamente el control parlamentario, cercado por causas judiciales que alcanzan a su entorno y con las encuestas proyectando una amplia mayoría de PP y Vox. Fiel a su estrategia de convertir cada crisis en una nueva apuesta de supervivencia, intentará transformar su debilidad en un plebiscito contra la derecha.
Madrid – 05 Octubre 2026 – Total News Agency – TNA-. Pedro Sánchez volvió a recurrir a la fórmula que ha utilizado cada vez que su supervivencia política pareció acercarse al límite: escapar hacia adelante. Acorralado por la pérdida efectiva de su mayoría parlamentaria, por una sucesión de causas de corrupción que golpean al PSOE y a su entorno más cercano y por encuestas que anticipaban una contundente mayoría de PP y Vox, anunció este lunes elecciones generales anticipadas para el próximo 29 de noviembre.
No fue una convocatoria voluntaria nacida de una posición de fortaleza. Llegó después de que Junts uniera sus votos a PP y Vox y derribara en el Congreso dos decretos sobre vivienda, evidenciando que la mayoría que permitió a Sánchez mantenerse en La Moncloa prácticamente había dejado de existir.
El presidente convirtió inmediatamente la declaración institucional en el primer acto de su campaña. Planteó que los españoles deberán elegir entre una supuesta “ola ultraderechista” y la continuidad de un Gobierno que presentó como garante de la justicia social, reclamando una mayoría progresista “mucho más amplia” para continuar gobernando.
La maniobra reproduce una constante de Sánchez: convertir una situación defensiva en una apuesta de máxima exposición política. Lo hizo en 2023 cuando anticipó las elecciones después del desastre socialista en los comicios municipales y autonómicos y consiguió finalmente mantenerse en el poder mediante una compleja alianza parlamentaria que incluyó a partidos independentistas y la posterior aprobación de la ley de amnistía.
Tres años después, vuelve a apostar prácticamente todo.
El escenario, sin embargo, es considerablemente más adverso. Las encuestas previas a la convocatoria situaban conjuntamente a PP y Vox cerca de los 200 diputados, muy por encima de los 176 necesarios para la mayoría absoluta, y las simulaciones otorgaban al bloque de derecha mayoría parlamentaria en nueve de cada diez escenarios posibles.
Sánchez confía en que la convocatoria modifique esa fotografía. El PSOE calcula que existe aproximadamente un millón y medio de antiguos votantes socialistas instalados en la abstención y espera que el temor a un Gobierno de Alberto Núñez Feijóo condicionado por Santiago Abascal reactive a un electorado progresista hasta ahora desmovilizado.
Para conseguirlo intentará convertir las elecciones en un plebiscito sobre la vivienda, después del fracaso parlamentario de sus últimos decretos. La estrategia ya fue sintetizada por el ministro Óscar Puente, mientras Sánchez presentó la elección en términos todavía más amplios: avance o retroceso, democracia o ultraderecha.
Pero el presidente llegará a las urnas cargando además con una mochila judicial excepcional. Su exministro de Transportes y exsecretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, cumple una condena de 24 años y tres meses de prisión por organización criminal, cohecho, malversación y tráfico de influencias en la trama de las mascarillas. Su antiguo colaborador Koldo García fue condenado a 19 años y ocho meses.
Otro exsecretario de Organización socialista, Santos Cerdán, pasó entre junio y noviembre de 2025 por prisión preventiva dentro de una investigación vinculada a presuntos amaños de obra pública, un expediente que golpeó directamente el corazón de la estructura partidaria.
A ello se suma que Begoña Gómez, esposa del presidente, deberá sentarse ante un jurado popular después de que se abriera juicio oral por presuntos delitos de tráfico de influencias y malversación. La Audiencia Provincial de Madrid mantuvo ambas acusaciones, aunque la Fiscalía reclama su absolución.
La legislatura tampoco consiguió aprobar nuevos Presupuestos Generales del Estado y desde hace aproximadamente un año Junts viene convirtiéndose en un obstáculo prácticamente permanente para las iniciativas centrales del Ejecutivo. El fracaso de los decretos de vivienda terminó funcionando como certificado parlamentario de una ruptura que ya era visible.
La disolución de las Cortes tendrá además consecuencias inmediatas: numerosas leyes en trámite decaerán y deberán comenzar nuevamente su recorrido parlamentario si el próximo Congreso decide recuperarlas, mientras el Gobierno quedará en funciones y las diputaciones permanentes asumirán las competencias limitadas previstas constitucionalmente.
Feijóo aceptó inmediatamente el carácter plebiscitario que Sánchez pretende imponerle a la elección, pero cambió la pregunta. Para el líder del PP, los españoles deberán escoger entre “un proyecto de ambición personalista o un proyecto de país”, y entre corrupción o decencia.
Sánchez, sin embargo, jamás ha demostrado predisposición a aceptar anticipadamente una derrota. Su decisión muestra justamente lo contrario: frente a una legislatura virtualmente agotada, causas judiciales que deterioran al socialismo y una derecha que parte como favorita, decidió quemar las últimas naves antes que permitir nueve meses adicionales de desgaste.
El 29 de noviembre resolverá si la nueva fuga hacia adelante consigue otra improbable supervivencia o si esta vez el presidente que convirtió la resistencia política en su principal especialidad terminó adelantando también el momento de su salida de La Moncloa.
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